2010, sin espacio para autocracias

Simon Alberto Consalvi

Simon Alberto Consalvi

Alta Política
SIMÓN ALBERTO CONSALVI

sconsalvi @el-nacional.com

América Latina amanece en 2010 con signos que presagian la consolidación de la democracia en la gran mayoría de sus países. Basta darle una ojeada al mapa, desde México hasta Brasil. El Presidente de México ha propuesto una reforma constitucional que tiene como propósito democratizar el poder, y, sobre todo, la Presidencia de la República, consagrando la “segunda vuelta”, que le daría más transparencia y equidad en el juego político. En el otro extremo, Brasil tendrá elecciones presidenciales. Quien resulte ganador, garantizará la estabilidad y la continuidad de los grandes proyectos puestos a andar por el presidente Lula, con rectificaciones en aquellas áreas de la política exterior que no han sido afortunadas, y que han sorprendido a quienes siempre vieron en Itamaraty una cancillería ejemplar, incapaz de incurrir en errores tan inverosímiles como el de poner una embajada al servicio de una causa política, e interfiriendo con tanta audacia como pudo hacerlo Estados Unidos en tiempos de John Foster Dulles.

liberty-estatuaTriunfe quien triunfe en Chile, la democracia será fortalecida, de lo que no cabe duda. La Concertación entre socialistas y democristianos que gobernó con éxito mundialmente reconocido durante 20 años, mostró las fatigas del poder al no celebrar elecciones primarias y al apelar a la reelección del ex presidente Eduardo Frei. El conservador Sebastián Piñera obtuvo una gran victoria en la primera vuelta. Chile tiene un camino andado y no habrá saltos atrás. El pluralismo político y el sólido progreso económico convierten al país de Andrés Bello en referencia en toda la región. Con gobernantes socialistas como Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, Chile contrapone el buen juicio político y los precedentes del buen gobierno frente a aquellos que falsifican el socialismo y lo convierten en laberinto, al prostituir el concepto y encubrir con la palabra sus designios autocráticos.

En otros países latinoamericanos habrá elecciones presidenciales en 2010. En Colombia se despejará la incógnita de si el presidente Álvaro Uribe Vélez opta por la reelección contra los consejos de casi todo el mundo. Pero en Colombia, como en Perú y en Uruguay, la democracia está consolidada, es pluralista y diversa como en todos los países de la región, con la excepción de Bolivia, donde Evo Morales, con sus asesores cubano-venezolanos, trata de desahuciar a quienes discrepan de su proyecto de largo plazo. En un país de tan antiguas desigualdades y discriminaciones, la equidad y la tolerancia deberán esperar su tiempo. En Argentina, el imperio de los Kirchner tiene los días contados.

Desde Panamá y Costa Ricahasta Guatemala y El Salvador, pasando por Honduras, la democracia no sólo parece consolidada, sino prevenida contra el virus de los países de la llamada Alianza Bolivariana.

En América Central subsiste el espectro de Daniel Ortega, cuyo único mensaje es la reelección, la obsesión compartida con sus camaradas de la Alba.

Un fracasado que aspira a la continuidad en el poder.

La última encuesta de Latinobarómetro mostró un respaldo creciente a la democracia en el hemisferio. Al analizar sus resultados no dejan de anotar lo que podría suponerse como una paradoja, o sea, que en momento de crisis global y de sus efectos en la región, la adhesión a la democracia hubiera aumentado. Vale la pena consultar la encuesta y la diversidad de asuntos y conclusiones. Uno que concierne a los venezolanos de manera profunda tiene que ver con lo que allí se denomina “amenaza autoritaria”. Consultemos el texto: “La amenaza autoritaria tiene dos versiones, por una parte están los golpes de Estado, como el caso de Honduras, pero por otra están lo que podríamos llamar `las neodemocracias’ que avanzan lentamente hacia crecientes grados de autoritarismo. Éstas se siguen llamando democracias, pero han derivado en un tipo híbrido de régimen político. Tal es el caso de Venezuela, donde importantes elementos de las democracias no están del todo presentes. Esa `neodemocracia’ ha sido ampliamente cuestionada por sus prácticas poco democráticas”.

La verdad es que los golpes de Estado tradicionales en esta época son improbables. Es una cortesía decir que el régimen venezolano es “poco democrático”. No lo es en absoluto. Es antidemocrático.

El derrocamiento de Manuel Zelaya en Honduras no fue un golpe de Estado, sino la reacción al “golpe de papel” que Zelaya tramó con su conexión bolivariana. O sea, la extensión de la “amenaza autoritaria”, en cuyas tentaciones había caído, sin que nadie lo imaginara, el terrateniente hondureño.

En suma, al despuntar 2010, tengo la impresión de que no habrá espacios realengos para quien pretende establecer en América Latina autocracias y “socialismos” militarizados a su imagen y semejanza. En cambio, el panorama político promete la vigencia y la consolidación de la democracia pluralista en la gran mayoría de los países.

 
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