Democracia y Anti-Democracia

Elizabeth Burgos

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Alta Política
Elizabeth Burgos

En 72 horas, el 17 de enero de 2010, Chile celebra la segunda vuelta o ballotage para definir quién será en definitiva su próximo Presidente. Sebastián Piñera apuesta al anhelo de cambio del pueblo chileno, luego de 20 años de gobierno de la Concertación. Eduardo Frei, a su vez, aspira remontar la ventaja con base a la fusión de las izquierdas, la fuerza del gobierno, y el exitoso mandato de Michelle Bachelet. Las encuestas más recientes le confieren a Sebastián Piñera una ventaja de 5 puntos. Sin embargo, Frei ha venido subiendo lentamente y los números disponibles excluyen las zonas rurales donde éste tiene mayor fuerza.

La elección chilena y las actuaciones de su contraparte bolivariana, sirven de interesantísimo telón de fondo a Elizabeth Burgos para describir el dilema latinoamericano.

Hay quienes consideran el panorama político latinoamericano enfrentado al dilema de escoger entre dos izquierdas: una democrática y otra no.

341996-01-02Dilema que más parece responder a la dificultad de quienes lo han formulado para explicar la emergencia del fantasma que hoy recorre a América bajo la forma de un movimiento social-fascista que ha cobrado auge en amplios sectores de la población del continente; movimiento que se viste de rojo, aunque le correspondería mejor el pardo. (En Europa existe la denominación de movimientos “pardo-rojos”, una mezcla que, por cierto, no es inédita en la historia del siglo XX).

Dejando de lado las cavilaciones de quienes tradicionalmente se han identificado con las antiguas corrientes de izquierda que intentan hoy, a toda costa, rescatar algunos de sus valores, lo que se percibe, en lugar del enfrentamiento derecha/izquierda, es la tensión entre un sector que ve sus aspiraciones realizarse en el marco de la democracia y de los principios republicanos, y otro sector que se inclina hacia la tendencia monárquico-totalitaria de amplia tradición en el continente. Tendencia aderezada hoy con el plumaje de leninismo y del social-fascismo, lo que imprime al fenómeno un carácter colectivo, algo novedoso respecto a las dictaduras del pasado. Nada extraño en un continente de mestizajes.

Dos acontecimientos políticos demostraron recientemente la presencia de esas tendencias incompatibles.

Las elecciones en Chile

El 13 de diciembre se celebraron en Chile, sin sobresaltos y sin tutela internacional, irreprochables elecciones presidenciales. Al no haber obtenido la mayoría absoluta ninguno de los dos candidatos más votados, se acudirá a una segunda vuelta el próximo 17 de enero para escoger entre Frei, el candidato de la Concertación, coalición de centro-izquierda que desde el retorno a la democracia ha gobernado Chile, y el candidato de una coalición de derechas que, de ganar, no modificará el panorama político del país, sino que demostrará que la alternancia es el ritmo natural de la democracia, en contraste con la presidencia vitalicia que el castrismo busca imponer a nivel continental. Sucederá como en España: tras un lapso de gobiernos socialistas, en 1996 fue elegido el candidato de la derecha, José María Aznar, quien gobernó durante dos períodos sucesivos y ello no significó que España sufriera una regresión hacia el totalitarismo franquista.

La Cumbre de Alba

El 14 de diciembre, al día siguiente de las elecciones chilenas, el general de ejército Raúl Castro, “presidente de los Consejos de Estado y de Ministros”, inauguró la Octava Cumbre de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), pronunciando un discurso de agresivo talante bélico que recordaba la retórica castrista de los 60. Declaró la guerra no sólo al “imperio americano al cual nos enfrentamos por razones históricas”, sino también a los gobiernos que en América Latina y el Caribe practican la democracia. En ellos, según el general cubano, quien no se tomó la molestia de matizar sus palabras, “se agudiza el enfrentamiento entre dos fuerzas históricas. De un lado, un modelo político y económico dependiente, elitista y explotador, heredero del colonialismo y el neocolonialismo, subordinado a los intereses del imperio” (léase los regímenes democráticos). “Del lado opuesto, el avance de las fuerzas políticas revolucionarias y progresistas, que representan a las clases tradicionalmente desposeídas y discriminadas; comprometidas con la justicia social, con la verdadera independencia de los pueblos de la región, y con la aspiración de distribuir justamente las inmensas riquezas del continente”.

bandera_chileRaúl Castro hace suya la obsesión de su hermano, quien lo vigila en la distancia, de reconstruir la historia para afianzar la idea de que Cuba es el centro del mundo de donde emana la verdad y cuya conducta debe adoptar el resto del planeta.

Democracia y Totalitarismo

El clímax del ceremonial de clausura de la cumbre fue el mensaje que le envió Fidel Castro al presidente venezolano. En él alude al “levantamiento contra el gobierno pro yanqui de Venezuela”, término que exime a Hugo Chávez del golpe de Estado contra el Presidente Carlos Andrés Pérez, con el que, por cierto, Fidel Castro mantuvo excelentes relaciones, e incluso asistió como invitado especial a su toma de posesión en 1989. Al referirse a Honduras, en cambio, habla de “golpe de Estado”. Fidel Castro compara las trayectorias de ambos países y recuerda que su adopción de Hugo Chávez no se debe a vulgares razones de interés económico, porque “cuando lo conoció aún no era presidente y el petróleo sólo valía $10 el barril”.

Luego se extiende en una diatriba contra Barack Obama y el peligro que representa pues “si de nuevo se apodera de los cuantiosos recursos petroleros y gasíferos de la patria de Bolívar, los países del Caribe anglófono y otros de Centroamérica perderán las generosas condiciones de suministro que hoy le ofrece la Venezuela revolucionaria”. Es un mensaje directo a las islas del Caribe que hoy se benefician de los acuerdos petroleros suscritos con Venezuela. La búsqueda de alianzas basadas en intereses petroleros con los países del Caribe no es una mera alusión.

Los argumentos de estos guerreros son infantiles, pero los objetivos y el entorno en el que se mueven son extremadamente peligrosos. El dilema es entre democracia y totalitarismo. La idea de resumir el panorama político del continente a dos protagonistas significa ignorar la existencia de otras corrientes democráticas y negarse a admitir que no existe dilema sino un enfrentamiento entre democracia y antidemocracia.


[i] Título original “Dos Izquierdas?”. El texto ha sido recortado sin alterar el planteamiento o las conclusiones de la autora.

 
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