EL BOLIVAR NO ERA FUERTE

editorial165JESÚS HERAS –

No, no era cierto. Mas allá de la pauta que lo anunciaba, el Bolívar Fuerte nunca existió. Luego de la devaluación, el bolívar hoy vale seis veces menos que el que recibió Chávez al llegar al poder. Ello, a pesar de contar con un gigantesco flujo de divisa extranjera, fruto del más pronunciado y prolongado boom petrolero de nuestra historia, flujo – repito- que por su dimensión debió conducir a la revalorización de nuestro signo monetario y no a todo lo contrario.

Su democracia con energía desató las amarras y encendió la inflación.

Su democracia con energía desató las amarras y encendió la inflación.

La gravedad de la situación financiera del país se refleja en declaraciones lapidarias de Ian Bremmer, Presidente de Eurasia Group, prestigiosa firma mundial dedicada a la medición de riesgos políticos.  Esto es lo que afirma: “El súbito anuncio (de devaluación) surgió como una sorpresiva decisión política, por ser una medida nada popular y producirse en fecha tan próxima a las elecciones de septiembre… Dados los precios del petróleo razonablemente altos, Chávez, normalmente adverso al riesgo, debe haber estado bajo una presión financiera considerablemente más alta de la que los analistas del mercado sospechaban”, puntualizó.

lhc

El Viernes Negro formalizó el descalabro de la estabilidad monetaria en 1983.

Dos antecedentes históricos sirven de telón de fondo para cobrar perspectiva sobre el origen y eventuales consecuencias de las medidas cambiarias adoptadas por el Régimen de Hugo Chávez. El Viernes Negro que en 1983 echó por tierra la popularidad del gobierno de Luis Herrera Campins, al producirse la primera devaluación de nuestro signo monetario luego de décadas de estabilidad.  Y las medidas de shock adoptadas seis años más tarde por el gobierno de Carlos Andrés Pérez, provocando con el estallido del 27 de febrero, el comienzo del fin de su propio mandato.

Con la ventaja que nos otorga el tiempo transcurrido, podemos trazar el origen del Viernes Negro en la aceleración desmedida de la economía durante el primer boom petrolero en los años ’70 y los disparates cometidos en medio de la euforia colectiva. Es allí cuando comienza a anidarse la inflación en el proceso socio-económico venezolano. En los 50 años anteriores, incluyendo los quinquenios fundacionales de nuestra democracia, presididos por Betancourt, Leoni y  Caldera, la inflación venezolana se mantuvo por debajo del 2% anual. La cifra exacta fue 1,7%, nos recuerda el economista Orlando Ochoa.  Pero aquel boom, sumado al mini-boom que se produce en medio del mandato del Presidente Herrera, genera las condiciones de inestabilidad que desembocarían en aquel viernes que hubiéramos querido dejar definitivamente atrás

Entregó la “botija vacia”

Entregó la “botija vacia”

Las consecuencias definitivas las vivió el propio Pérez seis años más tarde al retornar al poder y encontrar la “botija vacía”. Presionado por el Fondo Monetario Internacional, adoptó las medidas de shock que desembocarían en el Caracazo y eventualmente en su propia defenestración.

Es por cierto durante esa larga etapa que se inicia en 1975, cuando se desatan casi simultáneamente dos profundas corrientes de cambio. La una, fundada las demandas de descentralización, impulsadas por una población y un proceso económico que demandaban mayor eficiencia y calidad en la prestación de los servicios básicos. La otra, incubada en los cuarteles y, por ser militar, de naturaleza inevitablemente centralista, promovidas por las ansias restauradoras del establishement castrense, ausente del poder desde el derrocamiento del General Marcos Pérez Jiménez en enero de 1958. Pero esto es materia para otro editorial.

Su deseo de rectificar provocó la reacción

Su deseo de rectificar provocó la reacción

La nueva devaluación, anunciada por el Presidente Chávez el día viernes, 8 de enero, se produce – como vimos- en medio de la mayor bonanza petrolera de nuestra historia, y tiene su origen en sus propios excesos y traspiés, y haciendo evidente que el desangramiento es aun peor y… continúa.

Desató nuevamente los demonios y a nadie puede culpar.

Desató nuevamente los demonios y a nadie puede culpar.

Presionado por la comunidad internacional, atenazado por la inflación, por una crisis por ahora irresoluble de suministro eléctrico y abastecimiento de agua, y atado a su vez a una administración pública invadida por la ineficiencia y la corrupción, no es difícil– visto los antecedentes- adivinar las consecuencias.

“… si no revisamos, rectificamos y reimpulsamos radicalmente”, dice el Embajador de Venezuela ante la OEA. “Entonces perderíamos la patria y el socialismo: solo nos quedaría la muerte.”

Heinz Dieterich, citando palabras del Embajador Roy Chaderton. Ver Página 8

 
Jesús HerasNo photo
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