El país que mató a Orel Sambrano.

Caminando con Carlos
Carlos Lozano

carlos@carloslozano.com

El sábado 16 se cumple el primer aniversario de la muerte de Orel Sambrano. Amigo, maestro, consejero, un carabobeño ejemplar que nos arrebató canallescamente un mal terrible que atosiga a todos los venezolanos. No sólo es la delincuencia, la inseguridad, sino la indiferencia por la vida humana, el desmoronamiento moral.

Opi-Orel SambranoMás allá de las circunstancias específicas  que llevaron  a ordenar y ejecutar su muerte, el asesinato de Orel Sambrano fue, y sigue siendo, una alarma encendida frente al crecimiento de una Venezuela que incluso los más jóvenes jamás nos imaginamos.

No basta con afirmar que no somos esa clase de pueblo. No lo somos, sin duda, pero vivimos dentro de esos que asesinan sin piedad, que no sólo delinquen, roban, matan, sino que no lo consideran algo malo; hombres y mujeres para quienes ser arrestados e ir a la cárcel es sólo parte de una rutina, de una forma de vida. No viven en otra parte, viven entre nosotros, somos el mismo pueblo, eso es lo que más alarma.

No hablamos sólo de “malandros” y “sicarios”. La tragedia es mucho más amplia, profunda y corrosiva. Cada día se nos informa sobre la participación de funcionarios policiales en delitos; de que en el poder judicial se pactan los juicios; que la corrupción crece en la estructura gubernamental. Pero, ¿dónde está la sanción? ¿Dónde está la reacción de los ciudadanos honestos, más allá de las ya habituales “trancas” organizadas por transportistas en reclamo de más seguridad?

El asesinato de Orel debió haber desatado una ola de indignación al menos en Valencia, donde todos lo conocían, lo escuchaban, lo leían. Pero también por la innumerable cantidad de quebrantamientos de la ley que se producen a diario deberían reclamar los ciudadanos honestos. ¿Cómo puede toda una sociedad aceptar como simple noticia o como un comentario, la enorme cantidad de delitos que se cometen a diario en el país? ¿Cómo puede aceptar la afirmación de los mismos policías que alrededor del 90 % de los delitos quedan sin sanción?

Es aterrador el país en que vivimos. Lo recibimos mal y lo estamos entregando peor. Un país de resignaciones, de pequeñas protestas de escaso peso, una sociedad que dobla la cabeza, que se refugia en esperar y reclamar que alguien resuelva, pero no actúa por sí misma.

Ese es el país que mató a Orel.

 
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