La Visita de Orel

Henrique Salas Romer

Henrique Salas Romer

Henrique Salas Römer

Iba yo avanzando por la autopista cuando recibí noticias de que Orel quería un reencuentro. Seguí adelante y en el camino me detuve un par de veces. Cometí el error de confiar a otros la solicitud recibida… y la voz corrió. Tanto, que antes de que Orel hiciera su entrada, se había congregado un buen número de personas en el salón del hotel. Cuando alguien recordó que se estaba cumpliendo el primer año de su desaparición, cada quien alzó sus brazos y puso sus manos sobre los hombros de quien estuviera más cerca. Luego, de frente y al unisonó, como si se hubiera ensayado, bajaron mecánicamente la cabeza en forma reverencial.

orel2La imagen era extraña. Sobre el piso alfombrado en verde con arabescos oscuros y bajo un enorme candelabro redondo, hombres y mujeres estaban esperando. Cuando Orel llegó, se produjo un extraño murmullo. Algunos lo veían y otros no, algunos podían acercársele y otros sólo alcanzaban verlo. Había una jerarquización cuyo patrón sólo podía adivinar. ¿Acaso, amigos, luego conocidos, finalmente, los curiosos?

Por un tiempo reinó gran confusión, pero poco a poco fuimos asumiendo aquello como normal. Pequeños grupos se congregaron, pero sólo unos pocos pudieron conversar con Orel. Yo estuve a su lado casi siempre y me sorprendió que Luis León Guerra, cuya relación con el visitante desconocía, estuviera tan cerca, callado, con su cabeza inclinada desde su estatura de garza, como tomando un bocado.

De la conversación sólo recuerdo fragmentos. Sobre Caldera dijo sonriente que lo habían asignado a un comité de base. “Ha querido inscribirme en Copei”, agregó. Y en otro momento apuntó “Luis Herrera como llegó antes lo tiene pisado” rió. A un amigo que está enfermo le mandó a decir que no se preocupara. “Díganle que lo que viene es candela”, y soltó una carcajada, riéndose de su propia ocurrencia. Sobre la situación del país no quiso pronunciarse. “No podemos decir a nadie lo que va a acontecer, es lo único que tenemos prohibido.” Luego me llevó del brazo a un rincón y al oído me confió varias cosas. “Chávez está metido en un berenjenal”, concluyó. Sonriente agregó, “cuidado con vainas”, como advirtiéndome que no debía decir nada más de lo conversado. Realmente no hacía falta porque no recuerdo nada más.

De su familia solo me dijo cuanto extrañaba los ojitos azules de la nieta parisina. Entendí que ya los había visto a todos o los vería después.

Luego sobrevino en mi sueño una etapa en que no estaba seguro si estaba ya despierto o si seguía dormido. En la penumbra del despertar, creo haber escuchado estos comentarios: “Francisco me habla de caballos”. “Rómulo conversa con Gonzalo y Luis Beltrán”. “Por allí anda Pedro Paris Montesinos”. “Jóvito y Alirio se han reconciliado y están contentos con la llegada de Ismenia”. “Caldera se reúne con los copeyanos, Godofredo y Dagoberto. Con el Negro Pérez Díaz también”.

Desperté y al mirar por la ventana me vi rodeado de nieve. Había sido un sueño extraño, reconfortante y placentero. De pronto me di cuenta que tenía mucho tiempo sin pensar en Orel… Fue entonces cuando percibí la importancia de la sorpresiva visita: Se está cumpliendo un año de su trágica muerte… y Orel sigue vivo.

 
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