Albert Camus rehabilitado

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos

La Cátedra de ABC

ELIZABETH BURGOS

“En este momento, se lanzan bombas en los tranvías de Argel. Mi madre puede encontrarse en uno de esos tranvías. Si eso significa la justicia, yo prefiero a mi madre.”

El cincuenta aniversario de la desaparición de Albert Camus, Premio Nobel  1957, conocido como el filósofo del absurdo y de la rebeldía,  – moría  de manera absurda al estrellarse el auto en el que viajaba contra un árbol el 4 de enero de 1960, a los 46 años de edad- ha brindado la ocasión para que en Francia se rehabilite plenamente su figura en donde había quedado un tanto marginada tras su muerte, pese a los millones de seguidores de su obra en el mundo.

El rechazo a la mentira

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Albert Camus Premio Nobel de Literatura, 1957.

Marginación que en Francia se originaba en el talante de Camus que en vida alimentaba la polémica debido a su postura anticonformista y a su rechazo a la subordinación a lo que entonces se consideraba lo “políticamente correcto”. Actitud que lo enfrentó, en particular, a Jean Paul Sartre, a quien lo unió una amistad de años que concluyó en ruptura debido a la postura de éste,  que pese a no ser miembro del Partido comunista francés, había optado por el papel de “compañero de ruta” del PCF y a compartir su filosofía, viéndose obligado a observar fidelidad a sus posturas y preceptos.

En cambio para Camus, que sí adhirió al PCF, pero que abandonó rápidamente, expresó en el célebre discurso que pronunció en Estocolmo al recibir el Premio Nobel de Literatura, todo un tratado de moral intelectual, que el escritor “Cualquiera sean nuestras enfermedades personales, la nobleza de nuestro oficio se sustentará siempre en dos compromisos difíciles de cumplir: el rechazo  a mentir acerca de lo que sabe y la resistencia ante la opresión”. Pronunciando palabras premonitorias de una contemporaneidad pasmosa, prosiguió diciendo que : “Cada generación, sin duda, se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe que no lo logrará. Pero su tarea es tal vez mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida en donde se mezclan revoluciones fracasadas, técnicas enloquecidas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas, en donde poderes mediocres  que ya no saben convencer, pueden destruirnos…”

La moral y la política

Por mantenerse fiel a sus principios de “no callar lo que se sabe”, denunció los campos de concentración soviéticos, fue tildado por los comunistas de “perro guardián de los capitalistas”. En cambio un buen número de intelectuales franceses optó por erigir la política por encima de la moral: en nombre de la lucha de clases, de la guerra fría, se silenció el despotismo soviético. En cambio para Camus, lo más “lo más alto y lo más seguro de los bienes” era la libertad. Su única riqueza “sus dudas y una obra todavía por hacer”.

Tras la publicación de El hombre rebelde, en el que expresa su rechazo rotundo a la violencia, es también un ensayo crítico del comunismo, en donde hace el balance de las revueltas sobrevenidas a través de la historia, desmarcándose de la revolución, del estalinismo, del culto al terror aceptado en nombre de los principios y los intereses del partido, se consuma la ruptura con Sartre quien despreciativamente declaró a su propósito  que un anti-comunista era “un perro”. Sin embargo, tras la muerte de Camus, Sartre le rinde un homenaje póstumo, y pese a la crítica que subyace, es de una gran clarividencia y le rinde justicia al hombre que “representaba en este siglo, y contra la historia, el heredero actual del linaje de los moralistas cuyas obras constituyen, tal vez, lo más original de las letras francesas. Su humanismo testarudo, estrecho y puro, austero y sensual, libraba un combate dudoso contra los acontecimientos masivos y deformes de estos tiempos. Pero a la inversa, mediante la tozudez de sus rechazos él reafirmaba, – en el corazón de nuestra época, contra los maquiavélicos, contra el cordero de oro del realismo,- la existencia del hecho moral.”

Prefiero a mi madre

Precisamente, ese rechazo a la violencia, a la cual Sartre le rendía culto, fue el origen de un malentendido que surgió, poco tiempo después que se  otorgara el Premio Nobel en el transcurso de un encuentro con estudiantes suecos, un estudiante argelino le reprocha  a Camus su silencio acerca de lo que estaba sucediendo en Argelia, refiriéndose a la lucha contra el colonialismo francés que se libraba entonces en aquel país. En realidad Camus se había expresado ampliamente al respecto, y su postura abogaba, no por una ruptura radical,  sino por el establecimiento de una cohabitación entre  franceses y argelinos. Camus decidió guardar silencio cuando se percató del cariz cada vez más violento de la lucha y su rechazo del los métodos terroristas empleados por el FLN. Seguramente en los que percibió el futuro Estado represivo y torturador en el que devino la Argelia independiente. Fue en el transcurso de esa reunión que el pronuncio la célebre frase a manera de respuesta al estudiante argelino que ha sido simplificada por los tenores de la violencia: “En este momento, se lanzan bombas en los tranvías de Argel. Mi madre puede encontrarse en uno de esos tranvías. Si eso significa la justicia, yo prefiero a mi madre.” La frase fue simplificada por los tenores de la violencia y convertida en :”Entre la justicia y mi madre, escojo a mi madre”. Lo que bastó para convertirlo en un “aliado objetivo de la burguesía”.

En realidad Camus mantuvo siempre una actitud política intachable. Siempre se mostró crítico del egoísmo social, siempre fue un defensor de la clase obrera, siempre abogó por sus conquistas sociales, e incluso se declaró crítico de la propiedad.  Mantuvo una actitud solidaria con la República española, y denunció sin descanso el franquismo. Fue consecuente hasta lo último con sus ideas; opuesto a la pena de muerte, fue uno de los raros resistentes durante la Segunda Guerra Mundial,  que estampó su firma en una carta colectiva contra la ejecución del escritor pro-nazi y colaborador, Robert Brasillach.

Cincuenta años después de su muerte, la figura del escritor francés Albert Camus, que nadó a contracorriente en su defensa de los más desfavorecidos y en su crítica de una URSS, entonces intocable para la izquierda intelectual francesa, vuelve a emerger y a imponerse con fuerza en Francia.

Biografías, la reedición de sus libros, programas de televisión, un film sobre su vida e incluso la polémica pretensión del presidente francés, Nicolas Sarkozy, de trasladar sus restos mortales al Panteón de París, demuestran que el tiempo ha abogado por la vigencia de su obra y por actualizar su presencia en el panorama francés.

 
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