LA MALDICION DE SISIFO

editorial166

JESÚS HERAS  –

Cuando al frio invernal se une la briza, el frio es doblemente frio.  En sentido inverso, cuando al calor producido por el sol canicular, se une un elevado índice de humedad, la temperatura se siente mucho más elevada. No conozco la denominación técnica de este fenómeno, lo que no importa. Lo medular es saber que la temperatura aparente, vale decir, la sensación térmica, puede ser más baja o más elevada que la temperatura real, según intervengan, bien la briza o la humedad o, en términos fisiológicos, mientras más o menos se produzca la evaporación natural de la epidermis para que funcione el equilibrio térmico natural del organismo humano.

Veamos un ejemplo. Una temperatura real de 36 grados centígrados, algo frecuente en Venezuela, aunada a una humedad relativa del 75%, se siente como si fueran 44 grados centígrados.  La piel no respira. Con razón tanta gente muere con oleadas de frio combinadas con viento, porque la piel “respira demasiado” o, a la inversa, durante oleadas de calor y humedad, porque la piel “no respira”.

Ud. se preguntará, amigo lector, amiga lectora, a que viene todo esto. La respuesta tiene que ver con lo Absurdo. Lo absurdo de agregarle viento al frio o humedad al calor, algo que analógicamente hemos venido haciendo los venezolanos.

La propensión al Absurdo

Así por ejemplo, por medio siglo, salvo el intervalo breve de los años 90, la política oficial de Salud Pública mantuvo la idea de que la mejor manera de cuidar al enfermo era alejando el Sistema del paciente, vale decir, administrándolo a distancia. A su vez, las autoridades educativas mantenían que la mejor manera de impartir enseñanza era controlándola desde la Capital, lo que equivale a alejarla de los niños y de sus maestro y educadores. Asimismo, la mejor manera de construir viviendas o carreteras era centralizándolo todo en Caracas, y la mejor forma de gobernar era teniendo gobernadores y alcaldes, designados a dedo, y controlados desde Miraflores.

Lo peor se produjo, sin embargo, cuando por la influencia de empresarios muy ricos y también de algunos medios de significación (Alfredo Fermín y Eleonora Bruzual dixit), decidimos elegir en 1998 y de allí en adelante ad infinitum, a quien había protagonizado una intentona  militar con el fin de tener más democracia; a un gobierno de aventureros para combatir la corrupción; a un régimen de improvisados para acabar con la incapacidad de los gobiernos adecos y copeyanos.

Quizás Albert Camus, filosofo del Absurdo, cuyo pensamiento a 50 años de su muerte, ha recobrado gran fuerza en su tierra natal, (Ver la Cátedra de Elizabeth Burgos, p.4), quizás, repito, habría sentenciado que los venezolanos optamos por el absurdo, como es lógico en el ser humano, y recurrimos a una fórmula irracional para resolver nuestro problema existencial.  Pero no estoy muy seguro de que hoy lo hubiera hecho. Después de todo, de un tiempo para acá se piensa que mucha gente vota guiada por el hemisferio emocional y ello sería otra explicación… aunque poco válida –y Camus lo habría advertido – cuando los representantes del establishement económico o los jefes políticos a ellos adheridos, fueron el factor determinante.

Venezuela no siempre fue así

Venezuela fue uno de los países más racionales del mundo…  claro, hasta que nos llegó la locura petrolera. Tuvimos gobiernos militares, pero cuando nos cansamos de ellos, optamos por la vía democrática. Durante 50 años, ya lo recordábamos la semana pasada, la tasa de inflación fue inferior al 2%. Teniendo necesidad de generar empleos productivos, protegimos la industria y la agricultura locales, y para promover el desarrollo creamos una amplísima infraestructura de puertos y aeropuertos, de autopistas y carreteras, de diques para el abastecimiento de agua en abundancia, y de plantas hidroeléctricas y termoeléctricas, capaces incluso de abastecer de energía a parte de los 30 millones de habitantes que viven en el norte de Brasil.

Como requeríamos una clase profesional y obreros especializados para los propósitos del desarrollo,  multiplicamos mil veces en pocas décadas el número de escuelas, colegios, escuelas técnicas, tecnológicos y universidades. Conscientes de que la mortalidad infantil era muy elevada, combatimos las causas fundamentales de ese fenómeno. Como la tasa de morbilidad era igualmente alta, atacamos sus causas endémicas, el paludismo, la tuberculosis, el mal de chagas y creamos una gigantesca – si bien bastante ineficiente- red hospitalaria.

Convencidos de que la clase media que surgía, reclamaría vivienda propia, creamos Entidades de Ahorro y Préstamo y bancos hipotecarios. Y para todo ello nos apoyamos si, en la riqueza petrolera, pero sobre todo en la multiplicación de protagonistas que hizo posible una democracia crecientemente descentralizada.

¿Penitencia o condena?

El laberinto chavista

Pero Hugo Chávez vino para demostrar que siempre habíamos amado el absurdo… sin darnos cuenta. O sea que siempre habíamos querido agregarle briza al frio y humedad al calor.

En sus once años de gestión, se ha dedicado a enrostrarnos lo absurdo de haberlo elegido.  Veamos. En uno de los países de que tiene mayores fuentes naturales de agua, hoy no hay agua suficiente. En uno de los sitios del planeta que tiene mayor capacidad de generación hidroeléctrica (por los caudalosos ríos que nutren al Orinoco) y de generación termoeléctrica (por la riqueza petrolera) hoy la luz está racionada…  tanto, que estudios serios realizados por el propio gobierno, señalan que – en ausencia de un drástico racionamiento – Venezuela se paralizaría en el mes de abril. Pero hay más, mucho más.

En una Venezuela capaz de producir seis millones de barriles diarios de petróleo, hoy estamos produciendo mucho menos de la mitad y, por complemento, importando gasolina. En un país en que de acuerdo a la leyes económicas de la oferta y la demanda, el bolívar – por el inmenso ingreso de divisa extranjera que ha recibido – debía tener hoy una moneda sobrevaluada, el bolívar oficial, solemnemente bautizado EL BOLIVAR FUERTE, es hoy seis veces más débil que hace diez años ante un dólar que frente a otras monedas se ha debilitado. Y en un país en el que se llegó a venerar la nueva Constitución  surgida del “Poder Originario del Pueblo”, el Presidente que la promovió se regodea llamándola “La Bicha”, sin cesar de violarla a su antojo para hacerse de más y más poder. En fin, para que seguir.

La maldición de Sísifo

Según la mitología griega, Sísifo fue el fundador y primer rey de Corinto. Promovió la navegación y el comercio, pero era avaro, tramposo y embaucador. Le daba placer matar porque le permitía mantener su posición de poder. Sedujo a su sobrina, le quito el trono a su hermano, y traicionó los secretos de Zeus, el rey de los reyes y gobernante del Olimpo. Zeus ordenó ponerlo preso, pero Sísifo se valió de engaños para liberarse. Sus ínfulas de ser mas “avispado” que el Rey de los dioses, enfureció a Zeus quien finalmente le impuso la condena de empujar hacia arriba por una empinada cuesta una inmensa roca que, antes de llegar a la cima, siempre se desprendía, obligando a Sísifo recomenzar eternamente la tarea.

Hay diversos juicios e historias en torno a Sísifo pero su condena es invariable. La condena a vivir su frustración interminablemente.  Es un círculo vicioso, un círculo del que nunca se sale. Un círculo Absurdo y, sin embargo, un círculo real.

El gobierno de Hugo Chávez le ha agregado demasiado viento al frio y demasiada humedad al calor. Se ha hecho pesada, demasiado pesada su carga para los venezolanos. Tan pesada como la roca que en el mundo de los dioses, Sísifo debe empujar eternamente.

Las alteraciones térmicas cada día afectan más la epidermis y el comportamiento fisiológico del país. Es grave la situación.

¿Vendrá Zeus a rescatarnos? o ¿será la maldición de Sísifo la misma de los venezolanos?

 
Jesús HerasNo photo
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