Los estudiantes no son ni-ni

Caminando con Carlos
Carlos Lozano


Lo que más llama la atención en quienes afirman estar en total desacuerdo con el gobierno y políticas de Chávez, es el mucho hablar y escaso accionar. Aquellas masas de ciudadanos que se incorporaban a las manifestaciones de calle y enfrentaban con coraje a un chavismo más poderoso y entusiasta que al de ahora, se han esfumado.

Hoy parece inimaginable una manifestación que alcance siquiera a la mitad de aquella que marchó hasta el propio centro de Caracas aquel 11 de abril. Y eso, a pesar de que las acciones, las propuestas y las realidades del gobierno en 2009 y 2010, han sido, son -y Chávez anuncia que serán- mucho más drásticas que aquellas por las cuales se protestaba en 2002.

Han aumentado, eso sí, los mensajes de protesta, ironías, burlas y alarmas a través de internet y de las crecientes redes sociales Twitter, Facebook y otras. Oposición confortable y sin sudores ni riesgos, que además se llena la boca criticando, con más emoción que razón, a quienes sí siguen dando la cara en los medios y en la calle. Es posible estar en desacuerdo con los dirigentes y partidos políticos, es un derecho criticar sus errores, pero de que siguen dando la cara, y que sin ellos un proceso electoral es imposible, hay que reconocerlo.

La sensación que se tiene es de abulia, de resignación, de “pasar agachado”. Es fácil para algunos extremistas exigir un golpe de Estado, pidiéndole a los militares que se pongan en movimiento. Es fácil hacerlo por internet, o en algún artículo de opinión. Es esa la conducta pequeñoburguesa que privilegia la frivolidad, o eso que, en un plano distinto, los franceses llaman laissez faire, laissez passer.

¿Y en el chavismo qué ocurre? Lo mismo. El chavismo activo se compone de gente que espera que el gobierno les resuelva, y de gente que aprueba todo lo que Chávez diga sin siquiera pensar si está bien o no lo está. Un chavismo tan pequeñoburgués y resignado como esa oposición que se disgusta pero se aguanta.

Emocionante excepción es el movimiento estudiantil que permanece, que actúa, que a veces parece callar pero siempre resurge como lo hizo con la ingeniosa pancarta que apareció en las gradas del estadio de Valencia. Un movimiento fresco, inteligente, en constante renovación, del cual permanentemente surgen nuevos líderes, y los dirigentes que desde ya mismo refrescan y mañana van a renovar toda la política nacional, empezando por los mismos partidos.

Un movimiento que nace de una sociedad apabullada… y la supera.

Los estudiantes no son “ni-ni”.

 
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