Palabras y espadas

Alberto Barrera Tyszka

Alberto Barrera Tyszka

ALBERTO BARRERA TYSZKA
abarrera60@gmail.com

La improvisación sigue siendo el método nacional. – La famosa batalla de las ideas se deshace frente a una encuesta. – El Chávez de 1992 que asumió la responsabilidad por el intento de golpe de Estado, ya no existe.  Ahora es un hombre poderoso, tiene miedo, tiene mucho que perder.

BEATRIZ

¿Dónde está la espada de Bolívar?

¿Dónde está la espada de Bolívar?

A Beatriz le exaspera que no hayan hecho una cadena. Probablemente le molesta todo, pero lo de la bendita cadena es el ay que derrama el vaso, es una irritación especial, una roncha en la ética. Y tiene razón. Tantas veces que el Presidente ha encadenado al país para realizar anuncios francamente insípidos, tantas veces que se han divertido coreando, pidiendo cadenas; tanto que se han empeñado en obligar al prójimo a verlos, a oírlos. ¿Y ahora? ¿Y entonces? Cuando por fin se tiene una noticia trepidante en las manos, una información que nos afecta a todos; cuando por fin la cadena es un deber, entonces se arrugan las esféricas, quieren pasar agachaditos, les falta el valor para dar la cara y enfrentar la realidad.

¿Alguien recuerda ahora cuando el presidente Chávez cumplió 50 años? Nos regaló a todos los venezolanos una cadena. Se celebró a sí mismo en un atardecer llanero.

Nos impuso su fiesta. Por eso resulta insoportable que ahora juegue a ser un extra, que tire el dólar y esconda la mano, que pretenda susurrarnos de ladito la catástrofe. Como si no hubiera pasado nada.

Como si hubiera anunciado un plan de siembra de espárragos bolivianos en Carache.

Como si todo sólo fuera una plácida escena de la próxima telenovela socialista de Román Chalbaud: Lucecita.

JUAN ANTONIO

A Juan Antonio le repatea el caradurismo del Gobierno. Se le revuelve el duodeno cada vez que Vanessa Davies dice la palabra ajustes. Echa vapor de agua por los oídos cuando escucha a cualquier burócrata de alto rango hablando, tan tranquilo, de la corrección monetaria. Tan alzados y tan directos para insultar al adversario, para decir groserías en la televisión, para mandar al imperio al carajo, pero luego, a la hora de la verdad, quieren inventar un nuevo lenguaje, el cuti revolucionario.

Ya no les gusta decir las cosas por su nombre. El Presidente realizó una aparición en La Hojilla y habló de las elecciones, dijo que los dirigentes de la oposición son unas compotas de pupú, pero no mencionó la devaluación o el racionamiento de la electricidad. El Chávez de 1992, que se hizo públicamente responsable del intento de golpe de Estado, ya no existe. Ahora es un hombre poderoso. Tiene miedo. Tiene mucho que perder.

Luis Vicente León es más importante que Gramsci

Luis Vicente León es más importante que Gramsci

Incluso cuando rectifica también ocurre lo mismo. Habla de errores técnicos, despide a un ministro, anuncia el fin del racionamiento a la peor hora y nuevamente a través de un programa que tiene muy bajo rating. Es un telegobierno que gerencia muy bien la esperanza de los pobres pero que no sabe cómo administrar las malas noticias.

DAISY

Daisy, más bien, tiene una gran desazón. Todo esto la ha empapado de una rara melancolía. Siente que retrocedemos, que el futuro es un largo derrumbe hacia lo peor del pasado. Le asombra que el Gobierno haya esperado hasta el último momento para decidir tomar las medidas. Como si la falta de lluvia fuera un terremoto, como si la sequía acabara de estallar, en tres segundos, sorpresivamente. Le deprime constatar que todo es apuro, falta de planificación, ausencia de comunicación con los habitantes. La improvisación sigue siendo el método nacional. La famosa batalla de las ideas se deshace frente a una encuesta. Todo el armamento ideológico se vuelve nada ante un sondeo de opinión.

Luis Vicente León es más importante que Gramsci.

Consultan más a Seijas que a Carlitos Marx. A veces da la impresión de que el único plan del Gobierno es la popularidad de Chávez.

LA PALABRA SE ESCAPO

A mí me resulta exasperante que pateen así el lenguaje.

Que hoy se pueda decir una cosa y mañana se diga lo contrario con absoluta naturalidad. Me indigna que traicionen las palabras. Que se burlen de nosotros de esa forma. Me parece inmoral que a cuenta de la izquierda y de las legítimas aspiraciones de justicia de un pueblo, se mienta sin ningún pudor.

El 3 de enero del año 2009, el Presidente nos dijo que la revolución había salvado a Venezuela de la crisis financiera. En abril lo repitió: menos mal que aquí en Venezuela llegó a tiempo la revolución bolivariana. Nada de eso importa ahora. Ya no se gritan consignas triunfalistas. Ya no se anuncia la muerte del capitalismo. Ya nadie dice que el socialismo del siglo XXI va a salvar al mundo. Ya ni siquiera hay cadenas.

El país que regala energía en Londres, en Managua, en La Habana o en Boston, ahora está en crisis. ¿Adónde fueron todas las palabras que nos dijeron? ¿Así es como vamos a ser una gran potencia mundial? ¿Así vamos a construir un país rico y solidario? ¿Así vamos a enfrentar una invasión del imperio? ¿Así vamos a liberar de nuevo a toda la América Latina? ¿Dónde carajo está ahora la espada de Bolívar?

 
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