Actúa como director y barítono Plácido Domingo, es un huracán en Nueva York

Plácido Domingo

ANDREA AGUILAR – Nueva York

Plácido Domingo ha estrenado la década multiplicándose por dos en el Metropolitan Opera de Nueva York. Ensaya de once de la mañana a seis de la tarde. A las ocho sube al escenario o baja al foso. Depende del día. A pesar de ser el tenor en activo más famoso y reverenciado, Plácido ha optado en este nuevo año por rizar el rizo ante su querido público neoyorquino. El divo se desdobla en director de orquesta y barítono en dos producciones.

El titán operístico, que celebró su 69 cumpleaños, derrocha la energía de un muchacho y encuentra en Verdi a su mejor aliado. Al fin y al cabo, con este compositor arrancó su carrera en Monterrey en 1961, cuando interpretó el papel de Alfredo en La Traviata. Casi cinco décadas después, la primera semana de enero de 2010 debutó como director de la orquesta del Metropolitan con una producción, Stiffelio, del compositor italiano. Se trata de una de sus obras menos conocidas, un drama sobre la infidelidad de la esposa de un pastor protestante en cuya primera puesta en escena en Nueva York en 1993 Plácido actuó como tenor.

El divo nunca se ha amilanado ante los retos y este mes mide su trabajo en la batuta con el de dos reconocidos maestros: James Levine y Riccardo Mutti. El primero de ellos dirige Simon Boccanegra, la ópera con la que Domingo se presenta por vez primera como barítono ante el público neoyorquino. La cerrada ovación que recibió en el estreno el pasado lunes demostró que el idilio de esta ciudad con él no pertenece al pasado. “El huracán Plácido sopla por la ciudad”, anuncia The New York Times. Su crítica subraya la frescura que aporta a las notas a pesar de que la coloratura de su voz sigue siendo la de un tenor. “Ha sido mi sueño durante años. Siempre pensé que al final de mi carrera me gustaría hacer de Boccanegra. Simplemente ha llegado antes de lo que pensaba, porque evidentemente éste no es mi último papel”, explica en las notas del programa.

Por si todo fuera poco, el tenor compagina su trabajo en el escenario y el foso con la dirección de la National Opera de Washington y la Ópera de Los Ángeles. Las dificultades económicas que atraviesan estas dos instituciones han arrojado algunas dudas sobre su capacidad para abarcar tanto. Sus detractores son críticos, pero lo hacen desde el anonimato. Alegan que no quieren ofender a un artista tan querido y poderoso.

 
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