Chile, Ucrania y Massachusetts

Moisés Naím

MOISÉS NAÍM

La política es siempre local y las preferencias de los votantes reflejan circunstancias muy específicas pero en estos tiempos todo se conecta de manera sorprendente y por todos lados. Obama, Bernanke y Yeltsin lo saben. Wall Street, Hugo Chávez, Evo Morales y la familia Kirchner también.

Sebastián Piñera,nuevo presidente de Chile.

Es difícil imaginar tres lugares más diferentes. O tres personas más distintas que Sebastián Piñera, Víctor Yanukóvich y Scott Brown. Los tres acaban de tener victorias electorales que no sólo tendrán importantes consecuencias para su país sino que repercutirán en el resto del mundo.

Piñera ganó la presidencia de Chile el mismo día que Yanukóvich sacó una enorme ventaja en las presidenciales de Ucrania, pasando así a competir, el 7 de febrero, en una reñida segunda vuelta contra Yulia Timoshenko, la actual primera ministra. En Massachusetts, un Estado donde los miembros del partido demócrata son tres veces más numerosos que los republicanos, Scott Brown, un desconocido político republicano, fue elegido senador para ocupar el escaño que desde 1962 fuera del recién fallecido Ted Kennedy.

La política es siempre local y las preferencias de los votantes reflejan circunstancias muy específicas. En Chile, la popularidad de la presidenta Michelle Bachelet no bastó para compensar la fatiga de los votantes después de 20 años de gobierno de una misma coalición. Con Sebastián Piñera la derecha chilena gana las elecciones presidenciales por primera vez en medio siglo. En Ucrania, la sorpresa es que el actual presidente, Víctor Yúshenko, famoso por su protagónico rol en la revolución naranja, por su frontal confrontación contra Vladímir Putin y por su cara desfigurada por un misterioso envenenamiento con dioxina, sólo sacó 5,45% de los votos. El colapso económico del país, y el hecho de que el 81% de los ucranianos opinan que su país va mal encaminado, explican el repudio a Yúshenko, hasta hace pocos años el político más popular del país. “¡Hoy marcamos el fin del poder naranja!” declaró Yanukóvich al conocer su victoria.

Víctor Yanukóvich, pasó a la segunda vuelta en las presidenciales de Ucrania.

Dos días después, en el otro lado del mundo, Scott Brown también celebraba una victoria histórica: por primera vez desde 1972 un republicano era electo senador por Massachusetts. De acuerdo con una encuesta de The Washington Post, los votantes de Massachusetts también están insatisfechos con la dirección en la que marcha su país, rechazan el activismo del Gobierno central y no apoyan las reformas al sistema de Salud que propone el partido demócrata. Un 65% de quienes votaron por Brown dicen haberlo hecho para expresar su oposición a la agenda de los demócratas que ahora mandan en Washington. Tanto Barack Obama como los líderes de su partido oyeron esta protesta y están reaccionando. Y aquí comienzan las repercusiones internacionales de estas elecciones locales.

La crisis económica hizo indispensable la adopción de nuevas reglamentaciones para el sistema financiero. Pero la torpe conducta de Wall Street, en particular la avidez por enormes e injustificables remuneraciones para los ejecutivos, ha creado un ambiente muy favorable a reformas financieras que tienen más que ver con la necesidad de aplacar la justificada furia de una población castigada por la crisis que con la racionalidad económica. Antes de la derrota, la reelección de Ben Bernanke para un segundo periodo como jefe de la Reserva Federal de los Estados Unidos era segura. Ahora, los senadores demócratas ya no están tan convencidos; sacar a Bernanke es una oportunidad para decirle a los votantes que sus protestas han sido oídas. Nada de esto ha sido tomado con beneplácito por los mercados financieros. La bolsa de valores de Nueva York tuvo su peor semana desde octubre, en Europa las acciones de los bancos cayeron precipitadamente al anticipar los inversores políticas más hostiles hacia ese sector, mientras que en Asia la incertidumbre sobre el impacto de las reformas también ha desestabilizado los mercados.

Scott Brown, su triunfo como senador de Massachusetts, le dio una dura lección a Obama.

Scott Brown nunca imaginó que su improbable elección tendría tantas consecuencias en la política de su país y sobre los mercados financieros mundiales.

Los resultados de la elección en Ucrania también repercuten mas allá de sus fronteras, en particular sobre su relación con Rusia. Cuando en 2008 se planteó la posibilidad de que Ucrania se uniese a la OTAN, Vladímir Putin reaccionó amenazando con anexarla de nuevo a Rusia. En dos oportunidades Rusia bloqueó el suministro de gas a Ucrania, y por lo tanto a Europa. Ucrania apoyó con tropas y armas a Georgia durante la guerra de 2008. Y las fricciones por Crimea son enormes. Es evidente, por tanto, que para el Kremlin la desaparición política de Yúshenko es una buena noticia. Su candidato es Yanukóvich, pero, en vista de que Yulia Timoshenko también puede ganar, Putin ya ha explicado que “con ella se puede trabajar”.

Finalmente las implicaciones internacionales de la elección de Sebastián Piñera en Chile son tan importantes como obvias. Hugo Chávez, Evo Morales y la familia Kirchner las entienden bien. Ellos saben mejor que nadie que en estos tiempos todo se conecta de maneras sorprendentes. Por todos lados.

mnaim@elpais.es

 
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