Las alquimistas

Yván Serra Díaz

Periscopio

Yván Serra Díaz*

En algún momento de la historia la gente pensó que podía transmutar metales, convirtiendo el plomo en oro con el uso de la piedra filosofal. La alquimia, pensaba yo, estaba en desuso y sólo había quedado para la literatura, para leyendas, para entretener al público como lo hizo Paulo Coelho con la novela del mismo nombre, J.K. Rawlings con Harry Potter o Katherine Neville con El Ocho. Pero no dejo de ser ingenuo.

Existen alquimistas modernos, mujeres para ser más precisos. La alquimia por lo general era un oficio masculino, los textos sobre alquimistas llevan a Paracelso, Nicolás Flamel, Roger Bacon o Cornelio Agrippa. Una pequeña investigación, sin embargo, delata que también algunas mujeres se dedicaron a ese oficio; así surgen los nombre de María la profetisa (inventora del baño de María), Marie le Jars de Gournay o Marie Meurdrac. Pues bien, las nuevas alquimistas también son mujeres.

¿Quiénes son estas nuevas alquimistas­? Revisemos sus parecidos. Al igual que las nombradas parecen venidas de la Edad Media, cuando la sumisión al hombre era por mandato Divino, y más aún al señor feudal, quien según cuenta la leyenda, gozaba del derecho a la primera noche, el derecho de pernada. Pero estas alquimistas son del siglo XXI, así que no se les pide que transmuten el plomo en oro, ni que cedan la primera noche. Lo que sí está claro, es que la química les va bien.

Su piedra filosofal se encuentra en los ordenadores del PSUV y su Señor gusta vestir traje de camuflaje y boina roja. Recibieron el mandato de transmutar una mayoría simple en una calificada. Que 50% de los votos se transformen en 70% de escaños parlamentarios.  Para ello redujeron al mínimo la representación proporcional. Luego en una operación llamada en la jerga politológica como gerrymandering, rediseñaron las circunscripciones para que la mayor parte de los diputados fueran de su tendencia política.

Esta operación altera el valor del voto de cada votante, dependiendo de la circunscripción. Así que mientras la tasa para el circuito electoral conformado por Naguanagua – San Diego y Valencia Norte tiene un peso de 2,25; para el elector de Valencia Sur y Libertador, equivale a 3,62. En otras palabras dependiendo de la zona con menos votos se eligen más diputados. Alquimia pura y las alquimistas se encuentran en el CNE y las llaman rectoras. Pero ojo, estas alquimistas deben saber que la gente también transmuta y zonas rojas rojitas pueden cambiar de color.


* Licenciado en Estudios Políticos UCV

www.periscopio2.blogspot.com

 
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