El Poder de la Compasión

CARLOS OCHOA –

(En solidaridad con el pueblo de Haití y en reconocimiento a quienes generosamente le han brindado ayuda y solidaridad, ABC de la semana cede su página editorial a nuestro distinguido columnista, Carlos Ochoa)

En una carta de 2009, las personalidades laureadas con el Nobel de la Paz, sostienen que la especie humana evoluciona hacia el amor y la compasión. El terremoto que devastó a Haití hace unos días sirvió para demostrarlo. La inmensa tragedia que generó el sismo, soportada con estoicismo por un pueblo acostumbrado a sobrellevar las calamidades de la naturaleza y las que causan la injusticia y la pobreza, ha conectado a dirigentes y pueblos en una acción de ayuda sin precedentes.

“Llamamos compasión a la capacidad de sentirnos próximos al dolor de los demás y la voluntad de aliviar sus penas, pero a menudo somos incapaces de llevar a la práctica lo que nos proponemos, y esa hermosa palabra muere sin haber dado sus frutos.” Dalai Lama

La presencia de un contingente importante de tropas norteamericanas que oficialmente tienen por objetivo ayudar a mantener el orden y socorrer a las víctimas, ha sido denunciada como una ocupación (con pretexto) por Evo Morales y Daniel Ortega. El Presidente Chávez también lo ha asomado. Ciertamente no es la primera vez que los Estados Unidos mandan tropas a Haití. En 1914 y 1915 el Presidente Woodrow Wilson ocupó la isla y decretó la ley marcial en Puerto Príncipe. Esa ocupación se extendió  hasta que Roosevelt ordenara la retirada en 1934. En esta oportunidad la motivación es completamente diferente, los presidentes denunciantes están congelados en el tiempo y por ello el desfase geopolítico de sus reclamos.

Obviamente que toda acción de estado expresa una política. El Presidente Obama y sus asesores han dado dos pasos que no se pueden evaluar ampliamente en este momento, pero podemos deducir que: A lo externo, la presencia de tropas con misión humanitaria en Haití ayuda a lavar el rostro de una política exterior cuestionada por el envío de más contingentes armados a Afganistán, y a lo interno, la acción rápida y decidida de socorrer a las víctimas, refuerza la imagen de Obama como un líder comprometido con los más desprotegidos, lo que se traduce a lo interno en un impulso a su paralizado programa de salud. Todo lo cual nos recuerda que en  política nada es gratis.

Los presidentes del ALBA, cada vez más solos en su obsoleta visión de retrovisor, intentaron meter en un solo saco la presencia norteamericana en bases militares colombianas y el incremento de tropas en Afganistán con el envío a Haití de personal militar en tareas humanitarias y de seguridad. Los primeros en darse cuenta del error fueron los hermanos Castro, que continúan  defendiendo esta posición, pero sólo desde la retórica, porque en la práctica  han  autorizado el sobrevuelo del espacio aéreo cubano de aeronaves militares de USA con ayuda humanitaria. Otro tanto hace Chávez con su peculiar estilo de  incendiar la pradera primero, para luego retroceder como lo hizo en el asunto de las bases en Colombia, donde reconoce que hay que dialogar con los Estados Unidos sobre el tema.

La compasión sin palabras...

Lo que es una realidad política del siglo XXI, es que  no se puede analizar el protagonismo norteamericano en Haití con la óptica de la llamada Guerra Fría, y mucho menos con los argumentos de

las revoluciones americanas del siglo XIX o las fantasías de armas secretas que causan terremotos.

La reconstrucción de Haití es compleja y costosa. Su devastación en todos los órdenes, implica un mayor compromiso de la raza humana con su proceso evolutivo. Es desde allí de donde debemos partir.

 
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