El cuatro de febrero

Francisco A. Bello Conde

Francisco Bello

El 4 de febrero de 1992 un grupo de militares de mediano rango, encabezado por tenientes coroneles Hugo Chávez Frías, Francisco Arias Cárdenas, Joel Acosta Chirinos, Jesús Urdaneta Hernández y Jesús Ortiz Contreras llevaron a cabo una asonada militar con la intención de derrocar al entonces Presidente Constitucional de Venezuela Carlos Andrés Pérez.

Las razones que los protagonistas argumentaban para justificar la “operación Zamora” (como denominaron el alzamiento) eran el descontento de los sectores medios y bajos de las Fuerzas Armadas por los hechos de corrupción de altos funcionarios del Gobierno y de las propias FAN; la utilización del Ejército y la Guardia Nacional, para reprimir manifestaciones y protestas, entre ellas la del 27 de febrero de 1989; el empleo de personal militar en labores que según ellos no le correspondían y representaban un irrespeto a su envestidura, como repartición de becas escolares, campañas de vacunación, repartición y venta de comida en mercados, etc. ; pero sobretodo, el deterioro de la calidad de vida de los venezolanos, en especial, del segmento más deprimido de la población. Según los alzados su acción era un deber, un mandato basado y amparado en la interpretación del artículo 132 de la Constitución Nacional de 1961, según el cual se consagraba a las Fuerzas Armadas “la defensa nacional, la estabilidad de las instituciones democráticas y el respeto a la Constitución y a las leyes”, lo que consideraban estaba siendo vulnerado por Gobierno de Pérez.

Hoy, al cumplirse 18 años de aquel lamentable incidente que cobró la vida de soldados inocentes, de muchachos que ni siquiera sabían porque luchaban y también de muchos civiles, las razones que inspiraron aquella asonada, lejos de disminuirse han conseguido incrementarse en los 11 años de Gobierno del propio Hugo Chávez, quedando en entre dicho el compromiso del Presidente o su incapacidad para generar políticas que contribuyan a su solución.

Para quienes sólo concebimos la vía democrática tanto para cambiar gobiernos como para ejercerlos, vemos con inmensa preocupación que existan aun irresponsables, como aquellos de 1992, que pudieran utilizar los inmensos problemas por los que atraviesa el país como excusa para llevar adelante una aventura que, al margen de la Constitución, pudiera detener la caída que experimenta la popularidad del Presidente Chávez y prolongar su mandato.

Nuestras razones son resolver los problemas de la gente; nuestra arma: el voto y nuestro día: el próximo 26 de Septiembre.

 
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