La alianza ELN – FARC

Elizabeth Burgos

Alta Política
Elizabeth Burgos

Los recientes acuerdos entre las FARC y el ELN de cesar  hostilidades y de actuar en una estrategia común, me recuerdan otras experiencias de frente unidos de organizaciones guerrilleras latinoamericanas.

“Existe una constante en la política cubana hacia América Latina. Toda acción emprendida por La Habana, siempre ha terminado en tragedia.”

Es tradicional la presión que en este sentido La Habana ha ejercido sobre las corrientes políticas que se han sumado  a la dinámica insurgente del castrismo. Así sucedió durante el período de la lucha armada en Venezuela, cuando el  Partido comunista y el MIR optaron por la línea armada, y surge el FLN/FALN. Esa política de frente, además de concentrar las fuerzas en el “enemigo común”, le facilita la tarea al aparato cubano, que como toda burocracia necesita racionalizar su acción, además de facilitarle las maniobras de manipulación, de división, de propiciar enfrentamientos entre corrientes: técnicas destinadas a preservar su influencia y de manejo del poder, en la que los expertos cubanos son duchos. Así sucedió en Guatemala cuando el EGP, la ORPA, y las FAR se unieron en la URNG. En donde esa política se hizo más patente durante la guerra en El Salvador, en donde las organizaciones que participaban en la guerra, se unieron en el FMLN.

Lo más curioso, es que esas dinámicas de frente unido, casi siempre resultaron en un fiasco: en lugar de obrar por el cumplimiento de las metas que las organizaciones se habían propuesto, más bien sirvieron para llevarlas a su debilitamiento y muchas veces a la debacle.

Fue precisamente en El Salvador, en donde el resultado fue el más trágico y esa experiencia es ejemplo de la manera de actuar del castrismo, pues al final, el destino de El Salvador, terminó siendo una pieza en el dispositivo de los intereses cubanos. Debemos recordar el horrible asesinato de Mélida Amaya Monte, la comandante Ana María, en la Nicaragua del poder sandinista, en donde pernoctaba la alta jerarquía de las guerrillas  que operaban en Guatemala y El Salvador.

Pese a la casa de seguridad en donde vivía, Ana María fue asesinada de 83 puñaladas de picahielos en el cuerpo. Parece que esa manera de asesinato fue escogido para disimular el móvil político y adjudicárselo a la CIA o la delincuencia común.

Días después, aparecía muerto, también en Nicaragua, con una bala en el corazón o en la sien según la proveniencia de las versiones, el líder máximo del FPL, Cayetano Carpio, comandante Marcial, que compartía la dirección con la comandante Ana María; Carpio se habría suicidado. Entre ambos dirigentes existía divergencias: Marcial abogaba por la continuación de la guerra y se disponía a lanzar una ofensiva general; Ana María, al contrario, comulgaba con la idea de entablar un proceso de conversaciones de paz.

Pero las cosas no sucedieron de manera tan simple. En realidad, la crisis se había gestado, pero se exacerbó cuando Fidel Castro, en diciembre 1983, convocó a una reunión a la dirigencia del FMLN (Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional) del cual formaba parte el FPL. Corrían los tiempos de Ronald Reagan, el presidente norteamericano, que actuó con mayor decisión contra la influencia castrista. Cuba y  Nicaragua temían una invasión a Nicaragua, por lo tanto era necesario calmar a Reagan, deteniendo la guerra, y en particular, la ofensiva general planeada por Carpio, y entablando un proceso de conversaciones de paz, opción por la que presionaba Washington. Era evidente que esa iniciativa iba a conducir a la  paz y no a la toma del poder, como era el proyecto original de la guerra de El Salvador.

En la reunión de La Habana, Fidel Castro le planteó a la dirigencia salvadoreña que era necesario sacrificar la revolución para garantizar la sobrevivencia de la revolución cubana y nicaragüense. Según testigos, Carpio se retiró de la reunión declarando que el destino de el Salvador se decidía en el Salvador y no en La Habana. Cuba ya había procedido a  retirar gran parte de la ayuda a las FPL, de allí que Cayetano Carpio le pidiera ayuda a Libia, en donde por cierto aterrizaba Carpio, cuando recibió la noticia del asesinato de Ana María.

El asesinato de Ana María, según unas de las versiones, fue una iniciativa del jefe de seguridad de Carpio. En realidad, esa puesta en escena macabra, digna de Shakespeare, nunca se ha aclarado. Como tampoco el suicidio de Carpio.

No sorprendería entonces suponer la mano de Cuba en el reciente acuerdo  ELN/FARC, los dos principales grupos insurgentes que operan en Colombia. El ELN, contrariamente a las FARC que surgieron fuera de la dependencia cubana, se originó en Cuba, en 1965. Allí  se entrenaron los dirigentes históricos de la organización por los que sus lazos con la isla son estrechos. De hecho, las conversaciones que ha sostenido el ELN con el gobierno colombiano, se han realizado en Cuba.

Los acercamientos de las dos guerrillas se dieron en Venezuela. Según el diario colombiano El Tiempo un informe de los organismos de inteligencia revela detalles del arreglo. ‘Iván Márquez’, alto jefe del secretariado de las FARC, y Nicolás Rodríguez, ‘Gabino’, del Comando Central del ELN, acordaron discutir agenda común dada la presencia de Estados Unidos en Colombia y en sus relaciones con la Coordinadora Continental Bolivariana. La muerte de uno de los hombres más cercanos a  ‘Gabino’ en una emboscada que el frente 10 de las FARC le tendió a ‘Domingo Laín’ en Arauca, desencadenó la petición del jefe del ELN al secretariado de las FARC de un cese de hostilidades.

Ese incidente habría sido el motivo desencadenante del acuerdo. La alianza fue anunciada a través de un escueto comunicado fechado en noviembre del 2009, firmado por el Secretariado de las FARC y el Comando Central del ELN (Coce).

Según el informe publicado en El Tiempo Rodrigo Granda fue quien tuvo la última palabra y dio la  luz verde del secretariado para dialogar con el ELN. Y es sabido que Rodrigo Granda, tras haber sido liberado, gracias a la intervención del presidente francés, Nicolás Sarkozy ante el presidente Álvaro Uribe, anunció que se iba a Cuba.

Pese a que, ante el hostigamiento del ejército colombiano, las pérdidas de miembros de la dirección,  el cese de hostilidades entre ambas organizaciones haya significado un argumento de peso, no se puede perder de vista el contexto actual el interés para Cuba en que ambas organizaciones marchen unidas. Varios elementos de suma importancia están presentes, de allí la necesidad de prepararse.

El  próximo reto electoral de Colombia es el de mayor importancia; la radicalización del gobierno de Chávez, su reciente anuncio de su filiación al credo del marxismo, una de las condiciones que le exigían las FARC, las cuales se sienten dotadas de la misión de rehabilitar el “Marxismo-leninismo, traicionado por los países socialistas”; la misión de la lucha contra el “imperialismo”. Entre los acuerdos pactados ente  ambas organizaciones “habría una unificación de criterios para respaldar militarmente a Venezuela y lograr el fortalecimiento de las dos guerrillas, además de recuperar el estatus internacional”. Venezuela se convierte en la zona de acogida de los  jefes guerrilleros, como lo fue en su tiempo Nicaragua.

Las estrechas relaciones del ELN con La Habana le darán ante las FARC, bastante golpeadas en los últimos tiempos, una mayor autoridad política.

¿Sería posible pensar que al entrar en la órbita cubana, las guerrillas colombianas terminen convirtiéndose en una herramienta de presión de Cuba para ganar más espacio político en la región?

No sería imposible.

 
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