LA AUDACIA DE LA ADULANCIA

“Acusa con su silencio el golpe de la adulancia. Mira, alelado, por un largo rato la frágil casita y adelantándose al grupo, arranca a caminar de regreso al helicóptero que los ha transportado.”

Alta Política
TULIO HERNÁNDEZ

LA ESCENA

Son Fidel Castro, Hugo Chávez, José Vicente Rangel y Luis Miquilena.

Para el momento, Fidel es Fidel; Chávez, presidente de Venezuela; Rangel y Miquilena, ministros.

Están de pie. En Sabaneta.

Contemplan la casa natal del Presidente. Han ido allí porque Castro quería conocer el lugar donde nació el hombre que por entonces ya despuntaba como su heredero ideológico y nuevo líder mundial anti-norteamericano.

De improviso, Fidel se voltea y le dice al anfitrión: “¿Oye, Hugo, no has pensado en construir aquí, al frente, una autopista de por lo menos 18 canales?”. Perplejo, el interpelado responde: “No, Fidel, nunca he pensado en eso. No entiendo la pregunta”. Y el hombre de La Habana, sin titubeos, replica con su cantar cubano: “Porque esa casita que ves ahí, Hugo, ¡esa pobre casita que ves ahí!, en asunto de cincuenta o sesenta años, será un lugar de peregrinación más importante que el Vaticano y La Meca juntos”.

Miquilena y Rangel, socios en política desde la década de los cincuenta, se quedan a la espera de una respuesta burlona de parte de Hugo Chávez. Algo del tipo: “¡Qué cosa más desmesurada, Fidel!”. Pero nada ocurre. El hombre de Sabaneta se ha quedado sin palabras.

Acusa con su silencio el golpe de la adulancia. Mira, alelado, por un largo rato la frágil casita y adelantándose al grupo, arranca a caminar de regreso al helicóptero que los ha transportado. Una vez a bordo continúa ensimismado y, por primera vez en el tiempo que llevan conociéndose, los 3 acompañantes asisten a la extraordinaria experiencia de presenciar a Hugo Chávez en silencio por cerca de 20 minutos. Un récord. Hasta que tocan tierra y el inquieto militar retorna a su logorrea habitual.

Esta historia se la escuché a Luis Miquilena en medio de un almuerzo unos meses después de haberse bajado del barco de “la revolución”. Trataba de responder a las inquietudes de algunos asistentes que reclamaban su opinión sobre la naturaleza de Fidel Castro en el camino político tomado por Hugo Chávez. “Decisiva”, fue su diagnóstico. Para el momento, Chávez ya había sido seducido por Fidel, quien actuaba como una mezcla de padre adoptivo, confesor, psiquiatra y asesor que sabía cobrar muy bien sus servicios. Pero, explicó Miquilena, a partir del incidente de Sabaneta se supone que Chávez no volvió a ser el mismo, se tornó aún más megalómano, predestinado, voluntarista y caprichoso y, por supuesto, comenzó a transferir cada vez más responsabilidades internas y privilegios a los funcionarios cubanos, a trasvasarlos por millares al suelo venezolano, y a incrementar exponencialmente la ayuda económica que enviaba a la isla. Hasta el presente.

Ahora el asunto forma parte de la tradición oral. Podría hablarse de un género literario: los cuentos de cubanos. Un diplomático europeo cuenta en detalle la molestia de embajadores venezolanos en África que deben pagar nóminas de los cubanos encargados de las casas de cooperación cultural montadas por el ALBA. Un chofer de un ministerio, encargado de traer y llevar asesores cubanos a Maiquetía, cuenta cómo llegan con una austera maletica y regresan con cajas desbordadas de muebles, computadoras, etc. Un mesonero de la avenida Casanova cuenta cómo el hotel está plenamente ocupado por los cubanos y el Gobierno paga mensualmente cuentas extraordinarias sin revisar. Una ceramista amiga del Gobierno explica, con cierto disgusto, que la Misión Cultura es llevada por instructores cubanos que llegan, aprenden apresurados a tocar cuatro y luego se dedican a enseñarlo a venezolanos de los sectores populares. La prensa internacional ha reseñado cómo los médicos huyen a Miami pagando sobornos de 5.000 bolívares a los funcionarios de migración. Y la más reciente historia atribuye la renuncia del Ministerio de la Defensa al proyecto de Chávez de elevar a la condición de generales del Ejército venezolano a dos oficiales cubanos. Si es verdad o mentira, ya no importa. Porque en el fondo todos sabemos que ahora Venezuela es de todos. Especialmente de Fidel.

(*) Título original, EL FACTOR CUBA.

 
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