La Revolución Pisoteada

JESÚS HERAS –

León Trotsky, organizador del Ejército Rojo, y uno de los dirigentes fundamentales de la Revolución de Octubre, se dio cuenta, a finales de los años 30 (perspicacia que le costaría la vida cuando un sicario estalinista lo siguió a su exilio mejicano y le hundió un pico en la cabeza), que la Revolución Rusa había sido traicionada por la camarilla estalinista que se había apoderado del estado soviético.

Siguiendo una suerte de lógica de hierro, la Revolución Rusa, como antes la francesa y como Saturno (deidad que según la mitología romana debía dar muerte a su descendencia para conservar el poder), había ido devorando uno a uno sus hijos, al punto que 8 años después, perseguidos por Stalin, no quedaba un solo dirigente fundador en los órganos del partido.

Para explicar esta degeneración  – hacia un estado burocrático y policial- Trotsky utilizo una parábola comprensible a todos. En la naciente Unión Soviética, la escasez había comenzado a hacer estragos. Por un lado la guerra civil y por la otra, la desastrosa gestión económica bolchevique habían arruinado los campos, dejando a las ciudades sin comida. Era normal entonces que se formaran largas colas frente a las panaderías al correrse la voz de que harina había llegado. Como suele ocurrir, al generarse la sospecha de que el trigo no alcanzaría para todos, se formaban tumultos y motines, y era necesario recurrir a la policía. En medio de aquella hambruna, el policía pasó a ser el personaje más importante de aquella sociedad. Hasta allí el símil de Trotsky.

El policía hecho Estado bajo el férreo mando de Stalin, acumuló un enorme poder e hizo reinar el terror hasta su muerte en 1.953. Síntomas de esta misma descomposición comienzan a observarse en la realidad del país.

COMBINAR TODAS LAS FORMAS DE LUCHA

La combinación de todas las formas de lucha, legales e ilegales, es de profunda raigambre leninista y ello también se percibe en la realidad venezolana. Un viejo debate dominó a los partidos socialistas de Europa con ocasión de su participación en los parlamentos democráticos de sus respectivos países. Cuando el debate llegó a  la Rusia Zarista, los bolcheviques, siguiendo la orientación de Lenin, resolvieron el dilema participando “con un pañuelo en la nariz” en la Duma Zarista (parlamento imperial convocado por el Zar)

Desde entonces, los comunistas de todo el mundo han sabido aprovechar sin carga de conciencia alguna todas las rendijas que da la democracia, para infiltrarla a fin de conquistar el poder, camino que conduce, supone el dogma marxista, a la “feliz” dictadura del proletariado.

En el caso de Venezuela, esta consigna se viene cumpliendo a cabalidad. El ejército fue infiltrado por un grupo marxista, y con el pasar del tiempo, aprovechando el relajamiento de la moral interna de las FAN (ver las páginas centrales de esta edición y la crónica de HSR sobre el 4-F) y valiéndose paralelamente, de la ingenuidad, avaricia y oportunismo de segmentos empresariales y de algunos medios de comunicación, logran – tras fracasar sus dos intentonas militares-  coronar su esfuerzo con un triunfo electoral que le daría a la insurgencia su deseada fachada “legal”.

Hoy, cuando se aproxima una contienda electoral que puede ser decisiva, esa legitimidad está en riesgo de debilitarse peligrosamente, dado el acelerado desgaste de la popularidad presidencial, producido por una catastrófica gestión que en once años, y pese a la más portentosa de las bonanzas petroleras, ha sometido a la población a elevados niveles de inflación y desempleo, al racionamiento eléctrico, a profundas carencias en el abastecimiento de agua, y a un clima de extrema inseguridad.

Es ante la precariedad de este nuevo escenario que el régimen se prepara para librar, si fuera el caso, formas alternas de lucha para conservar el poder. El gobierno de Chávez, surgido de la voluntad popular, necesita preservar las formas democráticas de gobierno, fuente de su legitimidad de origen (razón por la cual, se ha empleado a fondo siempre en el copamiento de todas las instituciones, incluyendo el poder electoral), pero al mismo tiempo ha venido preparando un ejército paralelo (las milicias armadas), nutrido bandas fascistoides y armado una cadena de solidaridad con movimientos insurgentes de toda la América Latina. Es en esta última dimensión que se inserta el acuerdo FARC-ELN que, patrocinado por Fidel Castro, fue suscrito recientemente en suelo venezolano. (Ver artículo de Elizabeth Burgos, también en este número).

DE LA HABANA VIENE UN BARCO CARGADO DE…

La entrega de la soberanía nacional al gobierno de Cuba alcanza hoy niveles vergonzosos. La policía política, los cuarteles, la entrada y salida de puertos y aeropuertos, está todo controlado por funcionarios de seguridad cubanos.

El análisis político, las salas situacionales a las que escucha el presidente, todas están monitoreadas desde el partido comunista de Cuba. Para la isla y los Castro es vital el apoyo económico que significa Venezuela y han tenido la suerte de conseguir, en el presidente venezolano, al más obediente de sus servidores. También es vital el apoyo venezolano para que el movimiento insurgente latinoamericano se mantenga y tenga posibilidades de prosperar.

Desde ese punto de vista y, en el marco de ese interés vital, La Habana no solo aprovisiona a Venezuela de agentes, como ha quedado dicho, sino que también, como se ha sabido, se presta para triangular el envío de armas a movimientos subversivos y ha trascendido, por ejemplo, que un cargamento de minas antipersonales (cuya comercialización está internacionalmente prohibida) habría llegado al país procedente de Cuba, dando a entender que se estaría preparando un santuario seguro para los líderes guerrilleros colombianos que estarían utilizando al país como zona de reabastecimiento y alivio. El patrocinio del acuerdo FARC-ELN coincidiría con este interés.

“CREAR DOS, TRES, MUCHOS VIET NAM…….”

Esta consigna, una de las favoritas del Che Guevara, salió de la Conferencia Tri-continental de La Habana en los años 60. Fue esa política la que llevó a Guevara a combatir en Angola y a morir en las selvas bolivianas. Posteriormente, la derrota de la maquinaria de guerra norteamericana por el Vietcong, hizo pensar que aplicando esta estrategia se podría derrotar los esfuerzos militares de EE.UU., tomar el poder en países de la periferia  y cercar progresivamente  al naciente “Imperio”.

En Venezuela no tuvieron que hacer ese esfuerzo. Cuando Chávez llegó al poder, Fidel Castro ya lo había reclutado para sus propósitos. Vale la pena recordar su famoso discurso en la Universidad de La Habana, al ser liberado en 1994. Solo tuvo que aprovechar Fidel el descuido del hemisferio que suponía el hecho de que el interés norteamericano estuviera totalmente enfocado en el Medio Oriente.

Con el triunfo electoral de Hugo Chávez, el punto de partida para crear esos “dos, tres, muchos Vietnam” había sido alcanzado sin disparar un solo tiro.

VIENTOS DE CAMBIO

La llegada de Obama a la Casa Blanca y el reciente giro político de varios países del hemisferio hacia la centro-derecha, le han movido el piso a la estrategia insurgente. Internacionalizar su lucha, pasa ahora por darse un espacio estratégica y geopolíticamente importante para montar una base subversiva de largo aliento.

Las cosas apuntan a consolidar el núcleo que, a partir del Foro de Sao Paolo, vincula  movimientos de resistencia indígena con movimientos subversivos democráticos o armados. La posibilidad de atizar una guerra civil “binacional” que comprometa a Colombia y Venezuela no es ya una posibilidad descabellada. De allí seguramente los movimientos tácticos norteamericanos al establecer sus bases en el hermano país.

LOS MUCHACHOS TAMBIEN DESCUADRAN EL PLAN

Una de las pesadillas que ha tenido que afrontar el gobierno del presidente Chávez desde la expropiación inicial de RCTV hace un par de años, es la irrupción del movimiento estudiantil. Muchachos en la calle, movilizados contra un gobierno que se dice de izquierda, no cuadra en el libreto revolucionario. Es preciso descalificarlo, pisotearlo, hacerlo desaparecer. Pero no es tarea fácil

Para la comunidad internacional sería incomprensible un plan de represión sostenido contra los estudiantes cuando, además, más del 70% de los venezolanos simpatiza con el movimiento juvenil.

Esta “revolución” sin jóvenes, sin estudiantes, se ha convertido en una caricatura de cambio. Cada día luce más cansado y  viejo. Un gobierno de “difuntos y flores”, como dice Silvio Rodríguez.

La pisoteada vanguardia juvenil (tradición venezolana desde 1928) anuncia que están ya aquí los tiempos de cambio y que, ausentes los factores fundamentales de aliento de toda revolución, las estrategias trazadas terminen por estrellarse y morir.

No somos profetas, pero los signos del tiempo las sabemos leer.

PARA DIAGRAMACION: ESTO SOLO SI CABE EN LA PAGINA DOS.

Ojalá

Silvio Rodríguez (cantautor cubano)

Ojalá que las hojas no te toque el cuerpo cuando caigan
para que no las puedas convertir en cristal.
Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo.
Ojalá que la luna pueda salir sin ti.
Ojalá que la tierra no te bese los pasos.

Ojalá se te acabé la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones:
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones

Ojalá que la aurora no dé gritos que caigan en mi espalda.
Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz.
Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado.
Ojalá que el deseo se vaya tras de ti,
a tu viejo gobierno de difuntos y flore
s.

 
Jesús HerasNo photo
Top