La unidad

Francisco Bello

Francisco A. Bello Conde

En el preciso momento en que Hugo Chávez comenzó a perfilarse como ganador de las elecciones de 1998 nació un nuevo “fetiche” dentro de la política venezolana: LA UNIDAD OPOSITORA.

Para los sectores más radicales, la unidad es más importante que cualquier otra cosa y no importa si se da o se pretende construir en torno a un individuo incapaz, un farsante o un afásico. Por otra parte se ha creado la falsa percepción que ésta puede imponerse por la fuerza; basta que algún partido, un grupo poderoso o un medio de comunicación se empeñe en una fórmula electoral para que pretenda convertir en pecadores a todos cuantos no se sientan identificados en ella.

La verdad es que la unidad ni se impone ni se decreta, se construye con diálogo, con entendimiento y con una actitud sincera en torno a las verdaderas capacidades propias y de quienes son o al menos deberían ser nuestros aliados. Para lograrla es absolutamente necesario procurarla en torno a los verdaderos liderazgos y si esto se logra, no importa que existan otros candidatos adicionales porque no la quebrantarán; prueba de esto fue lo sucedido en Carabobo, Táchira, Zulia y municipios como Naguanagua, en los que varios aspirantes mantuvieron sus candidaturas pero no lograron disgregar los votos de quienes eran identificados como los genuinos y legítimos abanderados del sector no oficialista.

Por otra parte, no podemos concebir cómo se puede hablar de unidad blasfemando, hiriendo e intentando desprestigiar a aquellos con quien pretendemos unirnos. Es osado pensar que se puede recibir el apoyo de quienes se ha sacado del juego utilizando medios indignos, de quienes son víctimas de nuestras agresiones más allá del tema político. No es precisamente golpeando como se conquistan los afectos, no es precisamente jugando sucio como se exige respeto, no es, ni nunca será, la puñalada trapera la que genere confianza y forje un equipo.

A pesar de que no soy candidato a nada, de que no he asomado mi nombre dentro de los aspirantes a la Asamblea Nacional y nadie puede decir que hemos andado “cabeceando” para buscar postulaciones de ningún tipo en más de dos décadas de vida política, he visto con tristeza como en las panaderías que visita mi hijo, mi esposa y mis sobrinos, hay volantes con mi foto (entre otras) cargados de odio y de improperios. En respuesta, ni una agresión, únicamente el ruego para que las ambiciones y resentimientos no contribuyan a empañar el futuro de todos cuantos creemos en una Venezuela mejor.

 
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