MUJERES QUE HACEN MILAGROS

Anne escribiendo en su refugio secreto

La Cátedra ABC
Sergio Dahbar

Había cumplido 100 años y sabía que el fin era un asunto de horas. Se llamaba Miep Gies y el destino quiso que a muy temprana edad se convirtiera en leyenda. La mujer que salvó el diario de Ana Frank murió el lunes 11 de enero en una clínica de Ámsterdam.

Su nombre verdadero era Hermine Santrouschitz y vino al mundo en Viena (1909), pero adquirió la ciudadanía holandesa al huir de la Primera Guerra Mundial. Primero vivió en Leiden, la ciudad universitaria más antigua de Holanda, y después se mudó a Ámsterdam.

Allí la recibió Otto Frank, el padre de Ana, quien poseía una distribuidora de pectina, producto vegetal para preparar jaleas y mermeladas. Miep Gies se convirtió en secretaria de la empresa y más tarde en encargada general.

Otto Frank había nacido en Frankfurt y en 1933 se cansó de las restricciones impuestas por los nazis a todo judío. Escogió Ámsterdam como tabla de salvación. Pero en mayo de 1940 los alemanes invadieron Holanda. La tenaza se cerraba y los Frank pensaron en que era hora de huir hacia Suiza.

Refugio y delación

Anne Frank con sus padres y hermana. A la derecha quien salvaría su diario.

En 1942 tomaron otra decisión: meterse en un anexo secreto de una casa ubicada en el número 263 de Prinsengrancht, frente a uno de los canales de Ámsterdam. Allí había un depósito, que Otto Frank adquirió para su empresa. Se ingresaba a través de una puerta falsa, oculta por un armario, que acondicionó el carpintero Voskuyl.

Los amigos proveían comida y ropa. No faltaron acompañantes, como la familia Pels y el dentista Pfeffer, que ingresaron más tarde. Esas ocho personas convivieron desde 1942 hasta 1944, en un espacio mínimo, con no pocas dificultades. De ese clima de encierro y privación se nutrió buena parte del diario de Ana.

El 4 de agosto de 1944 un comando alemán, orientado por una supuesta delación, descubrió el escondite y envió a los ocho refugiados a diferentes campos de concentración. Se presume que Ana Frank murió de inanición y tifus en BergenBelsen, hacia marzo de 1945.

Miep Gies entró al anexo secreto el mismo día de la detención y recuperó los diarios de Ana Frank, para resguardarlos primero del saqueo que vendría y entregárselos más tarde al único sobreviviente, Otto Frank, cuando terminó la guerra. La historia de la escritura de esos diarios, de la transcripción posterior, de la edición finalmente en forma de libro, de las secuelas en teatro y en cine, de la gente que se obsesionó con el tema, refleja muchas caras de la condición humana, de sus milagros y perversiones.

Miep Gies falleció en enero a los 100 años de edad.

El Diario de Anne Frank

Desde 1947 se han vendido 20 millones de ejemplares en 50 idiomas. En su trayectoria como objeto de culto muchos intentaron impugnar su credibilidad. El Estado de Holanda tomó la decisión de establecer la verdad del diario. En 1980, cuando murió Otto Frank, el Instituto Neerlandés de Documentación de Guerra (NIOD) emprendió una tarea titánica.

Estudiar la caligrafía de Ana, la composición química del papel, la manufactura de los cuadernos, los tipos de lápices utilizados en las correcciones, la historia de las copias, las ediciones, las traducciones, y las adaptaciones. Esa investigación de 700 páginas concluyó que son auténticos.

También se documentaron los cambios que aportó su padre al transcribirlos: en ese proceso censuró las observaciones sobre el despertar sexual y comentarios incómodos sobre ciertos compañeros del encierro.

Miep Gies vivió 100 años con la certeza de que había tomado la decisión correcta, al salvar, como ha escrito el crítico uruguayo Homero Alsina Thevenet, “una obra de excepción como documento humano, como testimonio de una vitalidad, de un humor, de una reflexión sentida y a veces cómica sobre sí misma”.

Hoy El diario de Ana Frank se consigue en dos ediciones en castellano, publicadas por DeBolsillo y traducidas del holandés por Diego Puls. La más reciente, de septiembre pasado, reproduce en tapa el dibujo de la portada de uno de los cuadernos. La versión crítica que publicó el NIOD es un prodigio editorial que se encuentra disponible en inglés a través de Amazon. Es un fresco irremplazable para comprender los alcances de una tragedia humana, de la convivencia forzada entre ocho seres humanos y del despertar de una adolescente, frente al amor y la escritura como oficio. Si no lo ha leído, comience ya.

 
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