Quien le pega a su familia se arruina

Carlos Lozano

Caminando con Carlos
Carlos Lozano
carlos@carloslozano.com

He tenido la fortuna de crecer en medio de una familia unida, aprendiendo y ejerciendo esas cosas que se comparten a diario, que establecen solidaridades sin discusión ni resabios, y que, cuando generan desacuerdos, se discuten en el seno familiar, siempre con la premisa del afecto y la propensión a buscar acuerdos. A  esa unión no la quiebra nada.

Es el tipo de unión que debe existir en grupos que, como los partidos políticos, tienen mucho de familia porque presuponen esfuerzos comunes, luchas, dificultades, triunfos que se ganan o sinsabores que se enfrentan y se manejan conjunta y solidariamente.

Es el tipo de unión que clara y tristemente esta faltando, justo ahora, en la familia de nuevos dirigentes del Copei que ha venido conformándose en la última década. Un Copei lleno de jóvenes, de rostros y personalidades nuevas, que habían hecho renacer la esperanza de una auténtica renovación.
El Copei de hoy, hay que reconocerlo, ha logrado recuperar espacios en el interés y la opinión pública, y ha crecido al punto de lograr espacios de gobierno como lo es en el caso en Táchira, estado en el que con el apoyo y la unión de la dirigencia nacional y regional, y el liderazgo ganado a pulso por César Pérez Vivas, el partido logró una fortaleza amplia, mientras el nuevo gobernador se convertía en vigoroso líder de la oposición.

Y no sólo allí, también en otras regiones se ha avanzado, como es el propio Carabobo, donde la activa presencia del líder sindical Ely Montañéz en el cuadro de gobierno regional es muestra de que existe amplitud y el reconocimiento a un Copei carabobeño vigoroso y latente.

Pero tal pareciera que ahora ese mismo Copei renovado, pierde el pulso. Que de repente pierde la moderación y su amplitud interna como familia y salta a la calle, a través de los medios expresamente convocados, a dilucidar una pelea que, independientemente de cuál de las dos facciones enfrentadas -triste es tener que llamarlas facciones- tenga la razón, debería ser manejada privada e internamente.

Mal momento han escogido líderes cuyos méritos no podemos ni queremos negar, para lanzar a la calle un pleito por procedimientos y cargos. Mal momento, justo cuando el interés prioritario de la oposición y el país es alcanzar una unidad a toda prueba.

Mal momento para abrirle puertas a las peleas y a lo que pudiera ser un camino hacia la decadencia.

 
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