Traición en Valencia [i]

José Tomás Boves

La Cátedra de ABC
Crónica de un periodista

Alfredo Fermín
La historia de Venezuela registra una serie de acontecimientos ocurridos en Valencia y sus cercanías que marcaron el carácter de la República desde los tiempos en que se declaró la Independencia, por lo cual siempre se ha dicho que esta ciudad ha sido el epicentro de terremotos políticos cuyas consecuencias se prolongan en nuestros días, con luchas por el poder, traiciones y zancadillas.

En el Castillo de San Felipe, en Puerto Cabello, fue donde encarcelaron al Generalísimo Francisco de Miranda, después que el joven Simón Bolívar, en compañía de Miguel Peña, lo entregó a los españoles en 1812, lo que fue definitivo para la caída de la Primera República. De allí, el Precursor fue enviado a las mazmorras, en Cádiz, España, donde murió de apoplejía el 14 de julio de 1816.

El Pabellón Rojo

En 1814, José Tomás Boves sitió a Valencia y, a pesar de que hubo una capitulación por la cual juró, ante el Santísimo Sacramento, que respetaría la vida de los rendidos, organizó un baile en la casona situada entre la avenida Constitución y la calle Páez, donde estuvo la tienda El Pabellón Rojo. Allí fueron invitados los hombres principales de la ciudad a los que ordenó fusilar, mientras sus esposas e hijas fueron violadas

En 1821, el Libertador Simón Bolívar comandó, en el Campo de Carabobo, la batalla más corta y sangrienta con la cual logró para Venezuela la Independencia que había sido declarada el 5 de Julio de 1811. Bolívar se fue a Caracas, aclamado como un rey, pero nueve años más tarde, en esta misma ciudad de Valencia, donde creó el primer concejo municipal de la República, fue extrañado con la separación de Venezuela de la Gran Colombia, por iniciativa de sus antiguos aliados el general José Antonio Páez y Miguel Peña, el que le acompañó para traicionar a Miranda.

Edgardo Parra, Alcalde de Valencia. “Culpan a Salas y a Paco Cabrera de su triunfo pero…

Siempre en Valencia

En 1858 Valencia fue declarada -por tercera vez- capital de la República, con el objetivo de elaborar una Constitución después del derrocamiento del presidente José Tadeo Monagas, asilado en la legación francesa y para el cual se pidió llevarlo al patíbulo. En ese Congreso, conocido como la Convención Nacional de Valencia, Julián Castro fue electo presidente de la República y fue aprobada una controversial Constitución que restableció la pena de muerte y acentuó la ruptura entre conservadores y liberales. La convención fue clausurada el 31 de diciembre de 1858. Cincuenta días después, el 20 de febrero de 1859, estalló la Guerra Federal, que destruyó lo poco que había avanzado Venezuela.

El 14 de septiembre de 1899, Cipriano Castro, quien venía triunfante desde los Andes con su Revolución Restauradora, fue herido de gravedad en la Batalla de Tocuyito. Una representación de la godarria de Valencia se lo trajo a esta ciudad y lo abrumó de atenciones hasta que mejoró. De tal manera que, cuando El Cabito, como lo apodaban, entró a Caracas para posesionarse como Presidente de la República, una vez que el presidente Ignacio Andrade huyó, integró su gabinete con buena parte de aquellos hábiles valencianos. Por esta razón, desde 1908, cuando Juan Vicente Gómez le da un golpe de Estado a su compadre, Valencia fue una ciudad despreciada por el sanguinario dictador.

En los gobiernos que siguieron, durante el siglo XX, Valencia creció, se modernizó y se convirtió en un centro industrial admirado por su tradición cultural. Pero llegó Chávez y lo que se había logrado comenzó a retroceder, con una política de Estado destinada a tratar de desconocer la importancia que tiene nuestra ciudad, la única que le ha disputado a Caracas, tres veces, la condición de capital de la República.

La godarria se transformó en clanes

En diversas oportunidades Chávez ha calificado a Valencia de “nido de traidores”, por la disolución de la Gran Colombia. Pero hay algo más, aquí reside Henrique Salas Römer, quien le ha disputado la presidencia de la República y cuyo hijo Henrique Fernando Salas es el gobernador de este estado al que han despojado de su puerto, aeropuertos y autopistas para que, cada vez más, dependa de una administración central que sólo favorece a quien se confiesa socialista. Pero la oposición no defendió con bravura lo que le pertenecía.

Hemos nombrado algunos momentos de la historia política de este estado con la finalidad de recordar que los enfrentamientos políticos que hemos mantenido durante siglos han sido devastadores para este estado, que pudo surgir a partir de 1958 cuando hombres prominentes entendieron que lo importante no eran sus intereses y ambiciones personales sino el desarrollo y el progreso que se merece cada uno de los ciudadanos. Así nacieron la zona industrial y la Universidad de Carabobo, que transformaron a la urbe pueblerina en una ciudad, venciendo absurdos criterios de linaje y aristocracia.

Pero aquella godarria valenciana, que detenía el progreso, se transformó en clanes que buscan, desaforadamente, el poder político para fortalecer más su poder económico, por lo cual impiden, con alianzas ocultas, que el electorado escoja libremente a sus gobernantes. Se creen que con sólo ellos decir voten por el nuestro, el electorado va a salir corriendo a elegirlo. Por eso tuvimos un gobernador como Luis Felipe Acosta Carles, quien hizo verdaderos desastres, pero esos grupos no le hicieron oposición. Permanecieron en silencio o se hicieron sus colaboradores, “amigos de la casa” como decían en el Capitolio. Y si no hubiese sido por el presidente Chávez, quien en el Campo de Carabobo arrastró al altivo general hasta decirle que saldría por la puerta trasera, aún lo tuviéramos.

Hubo acuerdo por debajo de la mesa
En 2008 tuvimos la gran oportunidad de darle continuidad a una gestión que había embellecido a Valencia, pero los factores políticos no se pusieron de acuerdo y ganó el proyecto para continuar arrasando a Valencia. Se buscó la excusa de que los culpables fueron los Salas y Paco Cabrera, que lanzaron candidatos propios. Pero no hay dudas de que hubo acuerdo por debajo de la mesa. Y eso es evidente porque en la administración del alcalde Edgardo Parra a Valencia le han arrebatado sus símbolos, su calidad de vida, su belleza, y sin embargo, el poder económico y político, que pretende ser la representación de esta ciudad, guarda silencio, se hace de la vista gorda. ¿Acaso esto es gratuito?

Estas reflexiones tampoco son gratuitas. Las manifestamos por la profunda preocupación de que, si aquí no se apartan los odios, las ambiciones, en la integración de las planchas de la oposición para la Asamblea Nacional, es casi seguro que las vamos a perder y hasta es posible que estemos poniéndole en bandeja de plata al presidente Chávez la posibilidad de que, con cualquier pretexto, suspenda esas elecciones porque, como lo ha dicho tantas veces, a él nada le importa.


[i] La columna dominical del periodista Alfredo Fermín nunca lleva título. El título de esta crónica y algunos subtítulos fueron tomados por ABC del contenido de la crónica.
Fuente: El Carabobeño

 
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