EL TRAJE DEL EMPERADOR

JESÚS HERAS –

Todos conocemos el cuento infantil que narra la historia de un engreído Emperador a quien sus súbditos, y la corte en pleno, no osaban criticar. El miedo que el Emperador infundía era tal que sus caprichos se habían convertido en ley: ¡Cámbiese! ¡Nómbrese! ¡Condénesele! ¡Exprópiese! ¡Regálese! Y todos, como las focas de hoy, aplaudían la genialidad del Emperador.

Para celebrar su llegada al poder, fecha elevada por su sagrada decisión a la categoría de Fiesta Nacional, el Emperador se mandó a confeccionar un valiosísimo traje. Aparecieron los más prestigiosos sastres, entre ellos dos pícaros, enviados por el rey de una ínsula cercana  que vieron una estupenda oportunidad para entrarle a saco a la caja imperial… y prestos se pusieron a confeccionar el traje del Emperador. Comenzaron por decir que el traje diseñado por ellos era tan especial que solo los más inteligentes y los más fieles servidores del Emperador lo podrían ver. A los tontos, obviamente les estaba vedado ver el traje. El mismo Emperador, deslumbrado por su propia grandeza, creyó ver en verdad el tejido y lo ensalzó, decretando que el traje era bellísimo y que lo luciría el día del desfile cívico militar que en su honor se realizaría.

Hans Christian Anderson, autor del Patito Feo y el Traje del Emperador

Comenzó el desfile y los áulicos cortesanos y las masas arremolinadas a su paso no cesaban de admirar el traje del Emperador y cantarle sus alabanzas.

Todo marchó bien en medio del esplendor y la alegría hasta que un niño, un inocente niño, ajeno a todo aquello, gritó: “EL EMPERADOR VA DESNUDO…. El EMPERADOR ESTÁ DESNUDO…….” Todos voltearon a verse entre sí y rieron al darse cuenta de que ya no sentían miedo para decir lo que en verdad estaban viendo.

Hasta ese día duró la dictadura de este gobernante que solo admitía su propia verdad y administró, dilapidó y regaló el tesoro de su país, condenando a sus coterráneos a las mayores privaciones.

Hans Christian Andersen, autor de la historia que estamos narrando nació en Copenhague hace poco más de doscientos años y de seguro jamás vino a Venezuela, pero como sabemos, la historia es un ritornelo. En Venezuela, los niños, como en la fábula de Andersen, han comenzado a decir que acá el “Emperador” está desnudo, tanto que algunos de sus súbditos han desafiado su ira, y hasta las gallinas comienzan a entonar el canto del gallo.

En entregas anteriores habíamos comentado que los procesos autoritarios sufren inevitablemente periodos de depuraciones. Las purgas, en el siglo XXI – y aun menos en este lado del mundo-  no se valen de fusilamientos o envían a sus opositores a Guasina o a Siberia. Cierto, los que se separan son calificados de traidores… pero no pueden ser eliminados.

La nota siguiente, ilustrada con varios casos concretos, pone en evidencia la nueva faceta en que ha entrado la crisis del régimen venezolano.

LA TALANQUERA ESTA BAJITA

Siguiendo el símil de la fábula de Andersen, el “Emperador” sabía bien lo que hacía cuando pidió en uno de esos ucases que suele enviar a la Asamblea Nacional, que le aprobaran una ley contra las deserciones, vale decir, contra los saltos de talanquera. Propuso nada más y nada menos que se instaurara el delito de opinión y que se impusieran sanciones severas a quienes se separaran de las organizaciones por las cuales habían sido electos.

Presentía el “Emperador” que la procesión iba por dentro y que lo de Henri Falcón estaba a punto de estallar. Para infundir temor y respeto por su figura se fue a Barquisimeto a humillarlo delante de los larenses. Esa debió ser la gota que desbordó el vaso. La dosis fue demasiado fuerte para un dirigente político que tiene detrás de sí el respaldo mayoritario de sus paisanos. De hecho él, como algunos otros gobernadores, goza de mayor apoyo que la del propio “Emperador”, tras una gestión que fue reconocida por Tirios y Troyanos, desde que fue alcalde de la ciudad de los crepúsculos.

La renuncia de Henri Falcón pone en evidencia lo que antes, debido al traje, “sólo los inteligentes” no podían ver: Que se puede sobrevivir políticamente, aún desafiando la ira del “Emperador”. La renuncia de Falcón por tanto no es una renuncia cualquiera. Y además demuestra que sin traicionar principios o traicionarse a sí mismo, existe vida en Marte y otra vida después del PSUV.

Antes de la partida de Falcón, se había producido una renuncia igualmente emblemática. La del Vice Presidente de la República, quien fungía además de Ministro de la Defensa… y en un gobierno del que su jefe había dicho meses antes: “A mí nadie me renuncia…”

La renuncia de Carrizalez no sólo fue importante por desafiar la ira presidencial sino por las razones por las que se produce: El anuncio de la llegada de Ramiro Valdés, emisario armado del terror cubano, sumada a la disposición contenida en artículo 62 de la nueva Ley de la Fuerza Armada, aprobada por la Asamblea Nacional, que permite que cualquier extranjero, tras un curso de formación (cuyo alcance no define) pueda ser oficial de la misma. Esa debió ser la espoleta… porque es un secreto a voces que Carrizalez se opuso a la cubanización de la Fuerza Armada Venezolana y para sostener con firmeza esta posición tuvo que haber sido vocero de ese importante segmento de la institución armada que se  opone a la invasión cubana que ha propiciado el “Emperador”.

El miedo que es la principal arma de los gobiernos autoritarios se sigue resquebrajando. Esto es gravísimo para el “Emperador”. Siga a la siguiente nota y comprenderá porque el régimen no se puede dar el lujo de que se le pierda el miedo.

MILICIAS CAMPESINAS Y GUARDIA PRETORIANA

La celebración de la gesta federal fue ocasión para mostrar a los ojos del país y el mundo entero que hay un cuerpo armado al servicio personal del “Emperador”, dispuesto a defenderlo de “las agresiones externas e internas…”·

El despliegue publicitario que se produjo no tuvo otra intención que la de reforzar una capacidad de inspirar miedo que, pese a la llegada del Coco enviado por Fidel, sigue debilitándose. Pero hay algo más, una pregunta cuya respuesta origina los temores del  “Emperador”: ¿Si la Fuerza Armada es el “pueblo en armas”, como él mismo lo afirma, para que hay necesidad de crear y armar a una Milicia Campesina?

Es evidente que el “Emperador” no confía ni siquiera en esa FAN desmoralizada por falta de apresto y corroída por la atención a actividades no militares. Si el propio Ministro de la Defensa y Vicepresidente de la República le renuncia al “Emperador”, la Fuerza Armada está, como diría Eliécer Otaiza “bajo estado general de sospecha…”.  Percepción que refuerza desde siempre la presencia de su escolta cubana y ahora de una guardia pretoriana que es ajena a la FAN.

No cabe duda de que hay temor en Palacio, temor a seguir perdiendo el poder de intimidar. Sobre todo ahora, cuando vemos tanto niño gritando que “el Emperador está desnudo…”, comienzan las deserciones de figuras poderosas de la “Revolución”, y aparece el peligro – aún remoto- de que, siguiendo la imaginación de Anderson, el miedo se convierta en lástima y los niños terminen confundiendo al Patito Feo con el “Emperador”.

 
Jesús HerasNo photo
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