Brasil ¿una república bananera?

Simon Alberto Consalvi

SIMÓN ALBERTO CONSALVI
sconsalvi @el-nacional.com

Poca fortuna tuvieron en Brasil las declaraciones del Presidente de Venezuela sobre el probable desenlace de las elecciones de octubre, y sobre las posibilidades de que el gigante del sur caiga bajo la influencia del imperio estadounidense en el caso de que resultara vencedor el candidato de oposición. No hubo nadie que no se molestara, comenzando por Lula da Silva. Como quien mata dos pájaros de un tiro, con una misma piedra Hugo Chávez Frías irritó a todo el mundo, incluidos los precandidatos presidenciales y a quienes los respaldan. Los periódicos se divirtieron a sus anchas. ¿Brasil, república bananera? ¡Una originalidad! Para los brasileños, su país está primero que las discordias políticas, y por consiguiente, afirmar que estaría condenado a convertirse en una especie de colonia gringa resultó una invención muy poco feliz.

“La derecha se reagrupa”, exclamó el Presidente con su lenguaje apocalíptico. “La derecha imperialista y lacaya en el continente contraataca, la derecha sigue buscando la restauración, seguirá buscando debilitar a nuestros gobiernos progresistas, alejarlos unos de otros para debilitarnos, atacar la Unasur, atacar el Alba…”. Es obvio que se refería a las tendencias políticas de América Latina que opta por presidentes democráticos, contra aquellos que a la manera de Manuel Zelaya cayeron en la tentación reeleccionista. Si con esta vara pretende medir a los candidatos brasileños, quien quiera que triunfe en octubre lo defraudará porque será respetuoso de la Constitución y no pretenderá mistificar la democracia alternativa. Así lo ha hecho Lula, así lo hará quien lo suceda, sea mujer o sea hombre.

Los periódicos brasileños analizaron el discurso presidencial con cierta sorna. No era para menos, les llamó la atención que quien prometía textualmente: “Nosotros desde aquí no nos inmiscuimos en las cosas internas de ningún país, pero por supuesto nos incumbe a nosotros lo que pase en los países hermanos de América Latina y el Caribe…” , fuera el mismo que se desmentía mientras hablaba, y decía, por ejemplo: “Tenemos la necesidad de acelerar los movimientos populares en el continente, acelerar, bueno, en algunos casos ni siquiera todavía acelerar sino más bien terminar de diseñar o continuar diseñando los mecanismos unitarios que, a veces, no existen, son saboteados”. De modo que bajo el paraguas de la No Intervención, urge “acelerar los movimientos populares en el continente”. A confesión de parte, relevo de pruebas.

Los candidatos presidenciales favoritos: Dilma Rousseff y José Serra.

El retrato de Brasil como república bananera fue perfilado de esta manera: “Ahora, en Brasil hay elecciones este año y estamos seguros de que el imperio norteamericano va a jugarse el todo por el todo con la derecha brasileña, tratando de tener ya para el 1° de enero del próximo año un gobierno subordinado a sus mandatos, lo cual sería verdaderamente nefasto para la unión de Suramérica, para el progreso de nuestros gobiernos, de nuestros pueblos, de ahí la importancia de que continúe el gobierno de Lula”. El Presidente que no interviene, ¡dictamina! Brasil está en vísperas de caer en las garras de Washington. O sea, si José Serra resulta elegido presidente, el gigante se convertirá en colonia. Una especie de Disneylandia. ¿No tienen razón los brasileños de sonreír con socarronería o de indignarse (si no se tiene el debido sentido del humor) con semejantes desmesuras? Brasil, en una palabra, estaría desahuciado, según estas abstracciones: “Realmente ninguno de nuestros países, ni siquiera Brasil que es un gigante territorial, un gigante demográfico, un gigante económico, que está ocupando en la escala de medición de las economías del mundo uno de los primeros lugares, pudiera liberarse solo, es imposible; ni México que es otro gigante, ni Venezuela ni Cuba por más fuerza que haya dentro de nosotros mismos, por más fuerza que adquiera el proceso interno de cada país. Necesaria es la unión y eso lo entendieron nuestros libertadores”.

Confieso que no dejan de ser extraordinarias las cavilaciones presidenciales, pues unas veces afirma que el imperio está siendo derrotado, y otras, como ahora, lo erige en potencia tan mágica que puede meterse a Brasil en el bolsillo. ¡Qué dialéctica! El Presidente, en todo caso, tiene acelerado el reloj.

José Serra, el candidato de sus pesadillas, aún no ha formalizado su postulación, y en cuanto a Dilma Rousseff, todavía no ha renunciado al cargo de jefe de la Casa Civil de la Presidencia.

Brasil está en vísperas de campaña, es cierto, pero para estos entrometimientos es prematuro. Ambos, Serra y Rousseff, fueron víctimas de los militares brasileños. Él estuvo años en el destierro, y ella tres en la cárcel, torturada sin piedad. Su prestigio se basa en hechos, no telarañas: los éxitos del Programa de Aceleración del Crecimiento.

De modo que Rousseff conoce lo que son los dictadores, aunque anden con san Carlos Marx colgado del escapulario.

 
Top