Dalo por hecho

Francisco A. Bello Conde

Francisco Bello

Se ha podido estar de acuerdo o no con Paco Cabrera sobre algún tema puntual. Se ha podido ser su compañero o su adversario en la arena política, pero nunca se podrá poner en tela de juicio su visión de futuro, su sentido de grandeza y su capacidad gerencial.

Recordar sus logros como Alcalde, como dirigente deportivo y “Superministro” del gobierno de Salas Römer, sería llover sobre mojado. Mucho se ha escrito sobre el tema en los últimos días, además de estar sembrado en la memoria reciente de los valencianos.

Quienes tuvimos el privilegio de conocerlo de cerca, sabemos que su mayor legado no fueron sus obras sino su forma de ver las cosas. Aprendimos que no puede cuantificarse lo cualitativo; no puede medirse en toneladas de asfalto una obra de arte, no puede encasillarse en recaudos la expresión: “Calidad de vida”, ni tiene unidad de medida el “buen gusto”.

Trató de llevar a cada rincón su pasión por las cosas bonitas, soñó con despertar la curiosidad cultural de un niño pobre y de mostrar a quienes menos tienen, una dimensión de la belleza que trasciende a la necesidad.

Si de verdad quisiéramos “ver” a Paco reflejado en sus obras, tendríamos que mirar con los ojos de la sensibilidad, sentir más que observar y entonces, comprenderemos que para él, revestía tanta importancia lo que trasmiten la arquitectura y los jardines de alguna estación del Metro de Valencia, como la posibilidad de movilizarse; que más importante que “La Plaza” es la feria y tan importante como el concreto que la compone es “El Toro” de Zabaleta;  que más importante que un parque es lo que éste inspire y que tan importante es la avenida Bolívar, para quien va en carro como para quien camina.

Ojalá vuelva a Valencia un Alcalde capaz de retomar el camino, otro culto caballero con la humildad de copiar la grandeza de Paco, con la sabiduría como para desempolvar el plan maestro “Valencia 2020” y el firme propósito de trascender como nuestro amigo lo hiciese.

Mientras me solidarizo con la tristeza de su familia y me uno al sentimiento de duelo que embarga a mi ciudad, me imagino a nuestro Alcalde, llenando de arte los jardines celestiales, pensando en lo digno más que en lo práctico; obviando la luz para ver su reflejo.

 
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