La célula Vs. el celular

Julio Castillo

Julio Castillo Sagarzazu

Ya hemos comentado que los partidos centralizados y de masas necesitaron organigramas específicos para poder ser eficaces en su accionar. Los principios básicos de las organizaciones eran: 1. La minoría se somete a la mayoría. 2. Los organismos inferiores a los organismos superiores y 3. Debate en la planificación pero unidad de comando en la ejecución.

En estricto sentido, estos principios son comunes a casi todas las organizaciones conocidas. Pero como los partidos políticos tienen como objetivo la toma del poder, en su estrategia organizativa se daba extraordinaria importancia a la disciplina y a la conformación de organismos que sirvieran de correas de transmisión de la información y política que de los organismos superiores procedía.

Los partidos socialistas de Europa y posteriormente los comunistas, que no pocas veces tuvieron que vivir en la clandestinidad, adoptaron la célula como organismo de base para agrupar a sus militantes. Un conjunto de células conformaba un radio y así se construía un entramado en el que raramente se conocían entre sí los militantes.  Sólo les unificaba la dirección política y normalmente un liderazgo unipersonal.

La célula, como organismo de base, fue copiada por casi todos los partidos en el mundo. En América Latina y particularmente en Venezuela, AD y COPEI, los dos partidos iniciáticos de la democracia moderna, al adoptar el “comité de base” como organización estatutaria.

El Comité de Base (y la célula) era un órgano que se reunía semanalmente y que concentraba tareas de propaganda, activismo, finanzas, captación etc.

Constituían, efectivamente, la estructura institucional del partido, la parte viva de la organización. También el comité de base elevaba sus opiniones a los órganos superiores sobre un asunto en particular con lo cual se establecía como un organismo bidireccional… como DIRECTV, según Pedro Carreño.

Así las cosas, no se concebía la vida de un militante sin hacer parte de esta estructura. De hecho, los estatutos de casi todos los partidos, exigían como condición, militar en alguno de estos organismos para ser considerado miembro de la organización.

En entregas anteriores hemos reseñado como ha ido cambiando, a veces como verdaderas revoluciones, la manera como todos nos estamos comunicando. En menos de 20 años, los seres humanos pasamos de la comunicación de sitio a sitio, a la comunicación, persona a persona.

Esta comunicación persona a persona se ha  profundizado con la aparición de numerosas redes sociales que, mutatis mutandi, son una suerte de sucedáneos de los partidos, pues agrupan a la gente de acuerdo con intereses y aficiones comunes. Toda la tecnología asociada a las comunicaciones, tiende también a acercar a las personas, creando espacios de comunicación independientes y no controlados.

El alcance y la importancia política de estas nuevas formas de organización implican una nueva manera de relacionarnos y comunicarnos y deben ser analizados porque en la vida común, funcionan como una eficacísima correa de transmisión que puede llegar a impactar a millones de ser humanos.

Como ejemplo, basta recordar un solo hecho. El 11 de marzo del 2004, España se encontraba en los días de reflexión, previos a una elección, en los que la propaganda electoral está prohibida. Fue en ese intervalo cuando produjo el terrible atentado de la estación de Atocha en Madrid y el presidente Aznar se precipitó culpando a ETA. En pocas horas se descartó la participación de la banda ‘terrorista” vasca y las sospechas se volvieron hacia Al Quaeda.

La sociedad española interpretó la declaración de Aznar como una manipulación que buscaba de lograr ventaja para su candidato Mariano Rajoy quien a la sazón aparecía con gran chance de ganar la elección. Miles de españoles, seguramente estimulados políticamente, comenzaron a enviar mensajes de texto por sus celulares, convocando a la gente a la Calle Génova, sede del PP, con el reclamo de que se dijera la verdad.

La gente concurrió masivamente. Horas más tarde sería electo sorpresivamente como presidente el candidato del PSOE, José Luís Rodríguez Zapatero.

Éste es un ejemplo palmario de cómo el celular se ha impuesto a la célula, abriendo una nueva etapa en la comunicación política el mundo entero.

 
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