La última entrevista de Arturo Uslar Pietri

Arturo Uslar Pietri, personalidad cimera de nuestra literatura y hombre que por décadas sentó cátedra a través de los medios de comunicación, pudo haber sido también una figura política de significación. No tuvo suerte. El derrocamiento de Isaías Medina Angarita, truncó tempranamente su meteórico ascenso y aunque, años más tarde, tendría  ocasión de competir por la Presidencia de la República – aún se recuerda su slogan de campaña “Arturo es el Hombre”- la suerte no lo acompañó y el partido político que naciera de aquella experiencia no tardó en desaparecer.

Rafael Arráiz Lucca entrevistó al destacado humanista venezolano días antes de su muerte. “Ajuste de cuentas” es el título de una extensa conversación de la cual se extrae el siguiente capítulo con motivo a conmemorarse los primeros diez años de su desaparición. La versión íntegra del texto está colocada en la publicación digital Prodavinci.com

Arturo Uslar Pietri

RAFAEL ARRAIZ LUCCA

La cuadrícula urbana caraqueña comenzó a ser desbordada hacia finales del siglo XIX. Aquel trazado típico de la obra colonizadora española en América se desdibujó por el efecto de la urbanización de las haciendas de la periferia. Uno de los primeros trazados urbanísticos hacia el este de la ciudad fue el de la urbanización La Florida, hacia la tercera década de la presente centuria. Allí queda la casa de Arturo Uslar Pietri: una edificación característica del tiempo en que fue levantada, bajo las pautas de diseño arquitectónico de Carlos Raúl Villanueva.

La mayor parte de su existencia ha transcurrido en esta residencia. El largo período de su vida matrimonial con Isabel Braun Kerdel y el nacimiento de sus dos hijos, Arturo y Federico, encuentran marco entre las paredes de este espacio austero. El centro del inmueble, quién lo duda, está en la biblioteca. Dos rectángulos tapizados por estantes de madera, que construyó el padre ebanista de su amigo el escultor Francisco Narváez, constituyen el epicentro de la vida de un hogar que se distingue por su sobriedad. Apenas tres imágenes saludan entre la vivacidad de los libros: una miniatura de Bolívar, pintada por Espinoza, que le regaló su primo hermano y amigo entrañable, Alfredo Boulton, y dos fotografías de enorme poder simbólico en su vida: una con el presidente Isaías Medina Angarita, en el momento en que firma el acta como Secretario de la Presidencia, y otra con Jorge Luis Borges, cuando el maestro argentino estuvo de visita en Caracas, en 1982. Uslar y dos personajes centrales de sus dos devociones: la política y la literatura.

Para llegar a la biblioteca se atraviesa el comedor. Allí, sobre una mesa, reposa el premio Príncipe de Asturias que el escritor recibiera de manos de Don Felipe de Borbón en 1990. Una talla de madera oscura de Narváez dialoga, desde la pared, con la madera clara de los muebles escandinavos del comedor. Antes una suerte de recibo,  columna vertebral que distribuye, nos espera una vez que hemos franqueado la puerta. Los mosaicos del piso, rojos y con pequeñas ilustraciones como medievales, me remiten al tiempo en que en Caracas se hacían este tipo de piezas. En el jardín un pastor alemán expresa su poder amenazante ladrando, una vez que un portón negro, encuadrado en una pared cubierta de hiedra, se ha abierto para nosotros. Desde hace casi veinte años vengo a conversar con el doctor Uslar con alguna frecuencia, pero sólo ahora hemos decidido de mutuo acuerdo grabar unas cuantas horas de diálogo. El preludio de estos diálogos está en una entrevista que sostuvimos con motivo de su 80 años, momento en el que el país entero se dispuso a celebrar su vida y su obra, incluso sus adversarios históricos participaron entonces del homenaje. El escritor ha cumplido 94 años y se anima a hacer un recuento de sus avatares, y a volver sobre sus obsesiones temáticas. Corren los meses finales del 2000: vamos del calor bochornoso de agosto al reconfortante fresco decembrino. El cielo se va despejando.

LOS HOMBRES DE SU TIEMPO

A lo largo de nuestros diálogos el doctor Uslar ha emitido juicios sustanciales sobre sus compañeros de viaje, bien sea que se trate de sus amigos o de los hombres de su tiempo vital, que no necesariamente ocupan un lugar en la casa de los afectos. He preferido separar las aguas y ofrecer el juicio en capítulos distintos. El lector comprenderá por qué. Algunas veces lapidario, otras más dado al matiz, lo cierto es que estas opiniones no ofrecen desperdicio, y se fundamentan en valoraciones más racionales que emocionales, aunque no puede pedírsele a nadie que la emoción se mantenga alejada totalmente del juicio.

Rómulo Betancourt en aquella ciudad pequeña era un tipo conocido, era periodista. Muy enamoradizo, con poco éxito y, por supuesto, muy ambicioso, lleno de ambición, muy autoritario.

Luego la vida lo cambio un poco, ¿no?

Debió cambiarlo un poco, me imagino yo. Recuerdo que en su segundo período, ya presidente electo constitucionalmente, tuve que hablar con él, él siempre me trató muy bien. En aquella oportunidad me dijo: “Estos izquierdistas venezolanos son unos pendejos, nunca han entendido qué es lo que hay que hacer. Lo primero que hacen es levantar una bandera antiamericana, esa es una estupidez, la revolución hay que hacerla, pero hay que hacerla con los Estados Unidos.” Era un hombre con un popurrí atravesado, no tenía ningún estudio serio, un hombre de mucha ambición y de mucha audacia.

Pero algunas veces le sonó la flauta.

Sí, claro. Tenía mucho instinto, por ejemplo después del golpe del 45 salió a buscar a un mascarón y Gallegos se prestó. Betancourt utilizó muchísimo a Gallegos. Y Gallegos era un hombre muy débil, muy perezoso mentalmente, la obra de pensamiento de Rómulo Gallegos no existe. Nada, ni un artículo. Era muy timorato, le costaba muchísimo tomar decisiones.

En ese panorama Gonzalo Barrios era distinto. Primero, Gonzalo era un hombre de mucha simpatía personal, era buena persona. En ese grupo había muchos resentidos, él no, él era abierto y franco, con muchas limitaciones, claro, pero no era un sectario, no lo fue nunca, ni fue un malvado tampoco, y yo me atrevería a decir que no fue deshonesto.

¿Y Leoni?

Yo a Leoni lo conocí muchísimo, porque fuimos condiscípulos en la universidad. Era muy buena persona, con una formación incompleta, pero era un hombre sereno, y en general yo creo que su actuación no fue mala en aquel desbarajuste que se produjo con el golpe de estado del 45.

El liberalismo está fundado sobre la tolerancia, el respeto al individuo, el respeto al otro.Creo que era Voltaire el que decía: “Yo odio lo que usted dice, pero odiaría más que usted no lo pudiera decir.”

¿Y Picón Salas?

Mariano vino tardíamente. El pasó casi toda su juventud en Chile, y cuando vino a Venezuela era prácticamente un extranjero, sin vinculación con nadie, era muy timorato, Mariano. Además, Venezuela era un país muy bárbaro, muy incivilizado, y Mariano se había formado en Chile.

¿Cómo ha sido su relación con Caldera?

Caldera es un hombre muy raro. Yo creo que, básicamente, es un hombre muy limitado de horizontes y tiene, en el fondo, una tendencia autoritaria y monástica. El tuvo mucha influencia falangista en la época de estudiante, en la época de la UNE. Nosotros tuvimos un famoso debate por televisión, organizado por Carlos Rangel. La noche del debate en que salí de mi casa para la estación de televisión, la ciudad estaba vacía, todo el mundo estaba pegado al televisor, esperando.

Desde que llegamos al canal, Caldera estaba interesadísimo por decidir quién comenzaba a hablar primero y a mí me daba lo mismo, hasta que lo decidimos con una moneda. A lo largo del debate él me preguntó con mucha insistencia si yo era anticomunista, y me reclamaba que yo nunca hubiese dicho que era anticomunista. Le dije que no, que yo nunca sería anti-nada, porque no soy un fanático. El fue falangista

Recuerdo que en una época aquí hubo gente que trató de ponernos de acuerdo a Caldera y a mí, pero no se logró nada. Una señora muy amable y gentil organizó unos almuerzos en su casa, en los que nos encerraban a Caldera y a mí para que habláramos y nos pusiéramos de acuerdo alrededor de un proyecto político, pero no se alcanzó nada.

¿Y Carlos Andrés Pérez?

Ese es otro tipo de hombre. Carlos Andrés es un aventurero, muy astuto, muy ambicioso.

¿Recientemente no lo ha visto personalmente?

No. La primera impresión que yo tuve de él fue cuando él era viceministro del Interior, y el Ministro era Dubuc, ya entonces se revelaba como un hombre muy ignorante y muy ambicioso.

¿Durante la dictadura de Pérez Jiménez, Pedro Estrada no lo hostigó?

No. Yo tenía una gran ventaja, entonces, y era que Laureano me conocía a mí desde niño, teníamos una buena amistad. El era muy culto, hablaba muy bien francés e italiano, era muy inteligente, y me imagino que Estrada no se metía conmigo por que sabía de mi amistad con Laureano. Por cierto, él me contó una de esas cosas típicas de la picaresca venezolana. Cuando entró a Miraflores después del golpe de estado a Gallegos se encontró con uno de esos tipos que parecía que había nacido en Miraflores. Pues cuando vio a Laureano se le precipitó encima a felicitarlo, diciéndole: “Don Laureano, al fin salimos de esa gente.” Y entonces Laureano le dijo: “¿Y tu no eras adeco, chico? Y el hombre le respondió: “Jumm, eso creían ellos.”

¿Chávez?

Un delirante, ignorantísimo, dice disparates, qué desgracia, el país no logra encaminarse. Pero era muy difícil que Venezuela pudiera encontrar su camino, trató de encontrarlo con López y con Medina, después vino el 18 de octubre y los gobiernos militares y esto se fue, se perdió. Este hombre habla con una arrogancia y una suficiencia increíble, a él se le han pegado algunas frases que ha oído, como esa del liberalismo salvaje, eso lo llena de felicidad. No puede haber liberalismo salvaje, el liberalismo es la flor de la civilización, el tolerar la divergencia.

El liberalismo está fundado sobre la tolerancia, el respeto al individuo, el respeto al otro.

Creo que era Voltaire el que decía: “Yo odio lo que usted dice, pero odiaría más que usted no lo pudiera decir.”

EL COLOR DEL FUTURO

A lo largo de estos diálogos finiseculares, el fuego de la actualidad política venezolana estuvo siempre presente, siempre con la perspectiva del que la ausculta para otear el futuro. Preguntas que desde joven acicatean a Uslar: ¿hacia dónde vamos? ¿Cómo construimos un futuro mejor?

Yo no soy optimista, soy muy pesimista, es que uno no ve qué puede pasar con Venezuela. Desde el punto de vista del azar, pues puede pasar cualquier cosa, pero desde el punto de vista de un desarrollo más o menos lógico, no se ve, no hay propuesta para Venezuela. No hay partidos políticos, los aparentes dirigentes que hay son una gente de muy segundo orden, estamos muy corrompidos. No nos podemos comparar con otros países cercanos, con Colombia no nos podemos comparar, ni con el Perú mismo y no digamos con Argentina, Uruguay o el Brasil, que es esa inmensidad.

Estoy muy angustiado con esto que está pasando con este país. Este es un momento muy malo, muy peligroso, hay mucho dinero, muchísimo dinero y no hay orientación. La educación es un desastre, la política espantosa, no hay debate, el país está sin rumbo, sin destino, sin clase dirigente, hay aventureros, pícaros, gente que tira la parada.

Ahora hablamos de revolución, es muy curioso, la idea de revolución desapareció del mapa. En este momento no queda ningún poder revolucionario en el mundo, menos en Venezuela, claro, y Cuba. Lo trágico es el nivel de la gente que nos gobierna. Yo oía a Chávez el domingo, qué cantidad de disparates dijo y con qué autosuficiencia, con qué arrogancia. Este es un país muy infortunado. Era muy difícil que aquí las cosas hubieran pasado de otra manera, porque este fue siempre un país muy pobre y muy atrasado, aislado, lleno de inestabilidad, de golpes de estado, de eso que llaman revoluciones y, además, apareció esa riqueza inmensa del petróleo en manos del Estado, que provocó una distorsión total.

Si alguien se atreviera a hacer un estudio sobre la idea de revolución en Venezuela, se vería lo que ha costado, lo que ha significado, lo que contiene, lo que expresa, es lamentable.

Ya le digo, yo estoy en un estado de ánimo muy malo, no tengo esperanzas, estoy como en el infierno de Dante. Aquí no hay de dónde agarrarse, es lastimoso un país sin clase dirigente, aluvional, improvisado, improvisante, improvisador. Hay que ver lo que hubiera sido este país con esa montaña de recursos, si el gobierno hubiera tenido un poquito de sentido común.

Fuente: www.prodavinci.com

 

Un Comentario;

  1. Jose Luis Pichardo Viacaba said:

    Bravo, grande¡¡¡ la verdad por hombres tan verticales y justos en su dialogo vale la pena aprender del intelecto Venezolano. Arturo Uslar Pietri es una de esas personas que deja una inmortalidad del intelecto e historia para y por los tiempos por venir es decir se adelantaba al futuro cercano y mas¡¡¡ Siempre estaras en el recuerdo inteligente del venezolano capaz y promotor del desarrollo politico, social y cultural de este inocente y gran pais llamado Venezuela¡¡¡

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