Nueva cultura política

Henri Falcón

REPIQUE
Mélida Qüenza Ponte

Cuando se hace a un lado la discusión, cuando se elude el debate sobre problemas de fondo y todo se reduce a repetir frases trilladas, pierde seriedad toda posición que se tome ante un problema determinado.

Esto ya se ha hecho costumbre en el ambiente político venezolano, el más reciente ejemplo lo tenemos en las reacciones de algunos dirigentes del PSUV ante la determinación del gobernador del estado Lara, Henri Falcón, de abandonar las filas de esa organización y solicitar militancia en otro partido del proceso bolivariano. Ese tipo de reacción era frecuente entre adecos, copeyanos y gente de los grupos que surgieron en ese entonces. Lo que llama la atención es que se siga apelando a este tipo de ataque, mucho más entre personas en las que debe prevalecer el debate, la discusión de ideas, como camino para facilitar los cambios y profundizar el proceso. Lo otro es darle herramientas a los adversarios para que sigan intentando socavar la fuerza de ese movimiento que prendió en el corazón de millones de venezolanos, de todos los sectores, y que lidera el presidente Hugo Chávez.

Pareciera que cuesta mucho a los que se creen “dueños o guardianes” del proceso, entender que el movimiento bolivariano es plural, que allí converge una diversidad de corrientes, con criterios diferentes sobre cómo debe construirse una sociedad socialista, pero unidos por la firme convicción de que con la participación de todos se puede avanzar hacia un mundo igualitario, donde reine la justicia, la democracia y la paz. Ese camino hay que transitarlo con el debate diario, con la confrontación de ideas, con el diálogo entre todas las fuerzas, como es característico de toda revolución verdadera.

Lo que nadie pone en duda dentro del proceso venezolano es el liderazgo de Hugo Chávez, por ello está de más la acusación de ser impulsores del “chavismo sin Chávez” que se hace a quienes señalan errores, desviaciones, fallas, etc., de este proceso, o aquello del “salto de talanquera”, “se pasó a la oposición”, “se alió con la oligarquía”… El verdadero revolucionario analiza las fallas, corrige los errores, previene las desviaciones. Esa es la mejor ayuda que puede recibir de sus seguidores el líder de la revolución.

Difícil es cambiar una forma de hacer política, pero hay que comenzar ya a fomentar una nueva cultura en el país. El respeto a la participación consagrado en la Constitución Bolivariana, debe ser el punto de partida de este esfuerzo para incluir a todos los que sueñan con un mundo mejor.

 
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