Sahar no quiere ir a la guerra

Sergio Dahbar

La Cátedra de ABC
Sergio Dahbar

Sahar Vardi es una adolescente que apenas tiene 19 años, pero ha crecido muy rápido. Quienes conversan con ella, reconocen una serenidad poco común en gente de su edad. Es una “vegetariana radical”, como la llamó José Miguel Muñoz, de El País de España, cuando almorzó con ella en el restaurante Ticho de Jerusalén.

Sahar Vardi

Todos se preguntan cómo habrá adquirido esa madurez y tranquilidad una joven de 19 años que ha estado presa tres veces en su vida por negarse a hacer el servicio militar obligatorio de su país. Quizás la explicación se encuentre en su padre, que ha sido toda la vida un activista político.

A lo mejor todo se debe a que Sahar vive en un país que no conoce la paz, propia o ajena, desde que fue fundado. Quién sabe si la razón es más antigua: desde que tiene 14 años ha manifestado contra la construcción del muro de separación israelí en Bil’in, cerca de Ramallah.

Iba todos los viernes y a fuerza de tesón comenzó a integrarse a los anarquistas (grupo civil israelí de apoyo a la resistencia palestina) que se organizaron contra la construcción del muro.

Cuando le preguntan cuándo fue que decidió oponerse a hacer el servicio militar obligatorio, no lo recuerda claramente. Ha sido una niña activa y pensante desde muy temprana edad, con convicciones tan fuertes que a veces hasta atemorizan a sus compañeros de generación.

No es para menos. Se ha parado en demostraciones callejeras frente al Ejército israelí y, aunque ha sentido pánico cuando comenzaban a disparar, no se ha movido. Se ha mantenido estática también en las alcabalas, siempre con la misma convicción: “Hay que boicotear el militarismo de la sociedad israelí”.

No se trata de una tarea fácil. Toda la cultura de Israel se mueve alrededor del militarismo. Se ha naturalizado un horror singular: todas las personas andan armadas. La mitad de los niños de kinder se visten de soldados para el purim (festividad judía de ayuno).

A los 18 años todo judío debe alistarse en el Ejército. Los hombres por tres años. Las mujeres durante dos. Cuando llega la fecha, todo el mundo se presenta en la línea de alistamiento. Los objetores de conciencia dicen no. Sahar se presentó con una franela que decía: “Me niego a ocupar”.

El proceso pareciera ratificar las peores pesadillas de Kafka: “Te niegas, te sentencian a prisión militar (donde a las mujeres le preguntan: ¿Te acostarías con un árabe?), te liberan al poco tiempo, debes alistarte de nuevo, vuelves a juicio, regresas a la cárcel, y así hasta que logran quebrar la resistencia de los objetores”.

Sahar Vardi ha oído la historia oficial muchas veces.

“Es la única narrativa que aprendemos. Antisemitismo, Holocausto, guerra de 1948 y, finalmente, la creación del Estado de Israel. El problema surge cuando explican que los palestinos refugiados huyeron sin razón aparente.

Ahí yo participo y explico las masacres, y que tuvieron que abandonar sus casas. Esa es la verdad, pero nadie desea oírla”, alega Vardi.

En Israel existe una palabra para denominar a los adolescentes que se niegan a participar en el Ejército y que rechazan la ocupación de los territorios palestinos: shministim. Son alumnos del último año de bachillerato. Cuando aparecen, sus compañeros los llaman “parásitos” y “traidores”.

Eso es lo que Sahar Vardi representa para buena parte de la sociedad israelita. Por ser diferente. Por no estar de acuerdo con una política de Estado. Esta decisión tiene un costo alto: Vardi no podrá solicitar becas, ni trabajar en cuerpos de seguridad, ni en oficinas públicas (remember la lista de Tascón).

No recibirá por lo tanto la tarjeta de oro (los que prestaron servicio en una unidad de combate), ni la de plata (auxiliares) ni la de bronce (trabajadores de oficina). Los empresarios no pueden utilizar esta información a la hora de contratar a un empleado, pero lo hacen.

De todas maneras Sahar Vardi sigue de pie. Su pelea puede resultar inútil para mucha gente, pero ella cree en una idea y está dispuesta a soportar lo que sea por cambiar el destino de la relación entre judíos y palestinos. ¿Será que ha perdido la razón? ¿O será que la cordura se ha refugiado en ella y los locos andan sueltos? Podría ser.

Fuente: www.el-nacional.com

 
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