La Oposición contagiada con síndrome de planchitis

Leopoldo Puchi

Enfoque
Leopoldo Puchi

elepuchi@gmail.com

Flash ROJO

El descenso que registran las encuestas, en las intenciones de voto a favor de los candidatos del PSUV, es fuerte. Pero no es la primera vez que Chávez y su gente han sufrido caídas. Luego aparece un rebote y se recupera. Ahora está a punto de bajar a un 28% de popularidad, situación que se puede convertir en irreversible. Por el momento, los equipos de publicidad del gobierno trabajan su estrategia de recuperación en dos tramos. El primero, conservar a los más fieles con un discurso radical. Luego, hacia mayo, habrá un viraje, en el que coincidirán políticas de diálogo y micro-misiones sociales desde todos los ministerios. Será el momento del “Amor con amor se paga”.

"La guerra copó los premios Oscar. La fabricación de armas es la industria más próspera de Estados Unidos".

Al Jesucristo Superstar le lanzaron sendas bombas lacrimógenas en el Aula Magna de la UCV, donde se encontraba la rectora García Arocha. Los estudiantes afectos al gobierno quieren conseguir por la fuerza un respaldo que no han conseguido por las buenas. En lugar de hacer un trabajo de masas, debatir y expresar las reivindicaciones de la comunidad, quieren convertirse en mayoría desde arriba. No es con impactos mediáticos (niples y disparos) ni yendo a la televisión, que se forja un liderazgo estudiantil revolucionario.

Los apagones fuera de programación han continuado en todo el país. En casos como el de Aragua la situación se hace cada vez más difícil. Hasta hay sospechas de que la misma Corpoelec está saboteando. Quizás sea cierto que hay funcionarios que agravan los problemas por su irresponsabilidad, pero el gobierno no puede estar echándole la culpa a otros. Nadie puede alegar su propia torpeza.

Flash NEGRO

Una pregunta muy pertinente es si el acoso internacional perjudica o más bien ayuda a Chávez. Si el plan es un derrocamiento con apoyo externo, pudiera pensarse que sí. Pero, si se piensa en elecciones, el efecto puede ser contrario. Todo eso de los informes sobre drogas, lo de la CIDH, la acusación de que Venezuela representaría una amenaza militar para Estados Unidos, y lo de los españoles, luce como un ataque sesgado, repetitivo, que lesiona el sentimiento patriótico y cohesiona las filas del chavismo.

Es normal que las películas de aventura sean las que más llamen la atención. Y las guerras tienen mucho de eso. Pero éstas son algo más que hazañas. Que en el Oscar hayan competido por el primer puesto dos filmes de guerra dice mucho. Refleja una realidad: la primera potencia está en guerra. En un caso directo es la invasión a Irak. En el otro Avatar, una alegoría futurista de ataque a una población pacífica en la búsqueda de recursos minerales. No es sólo en el cine sino en la vida real. La industria militar es la más próspera, y Washington el mayor exportador y comprador de armas.

El ejército colombiano ha venido estudiando la posibilidad de un ataque en territorio venezolano, como el de Ecuador. En este contexto, resulta revelador el informe publicado por “El Espectador”, en el que  el Ministerio de la Defensa muestra sus temores por la capacidad militar venezolana, en particular en La Guajira. Pide más misiles y tanques para incrementar la capacidad militar. No les basta con los dólares del Plan Colombia.

DESDE LA SALA SITUACIONAL

Hay planchitis

Tradicionalmente en Venezuela cuando venían las elecciones se producía en la dirigencia política una serie de síntomas como ansiedad, irascibilidad y hasta pronunciada sudoración, como consecuencia de la competencia por los cargos parlamentarios. A este fenómeno se le llamaba “planchitis”.

La extensión de este síndrome había disminuido porque otras formas de actuación, como las protestas estudiantiles de calle, habían tomado la escena. Pero entre enero y marzo se ha normalizado la vida política, y todo se concentra en la elección de los integrantes de la Asamblea Nacional. Está de regreso la planchitis. Ahora hasta la dirigencia estudiantil está contagiada.

Como fenómeno político, la planchitis en el campo opositor es una moneda de dos caras. Por una parte refleja el vigor que ha adquirido y el crecimiento del caudal electoral, lo que ha avivado las rivalidades. En la otra cara se muestran varios aspectos negativos, como la primacía de los intereses individuales y la debilidad programática e ideológica de la competencia.

Hay un forcejeo muy crudo no sólo por posiciones o cuotas, sino por el control de la dirección del campo opositor, por parte de quienes se visualizan desde ya gobernando el país. Es un antagonismo que va más allá de las propuestas de primarias o consenso, como ha quedado demostrado en Carabobo, donde están planificadas primarias en todos los circuitos y sin embargo persisten los desacuerdos, esta vez con la excusa de la integración de la comisión electoral.

Hasta ahora, la Mesa de Unidad ha venido manejando con acierto, aunque con timidez, este síndrome de la planchitis. Pero persiste el retardo en los acuerdos entre los partidos. Y, sin estos acuerdos, tanto primarias como consenso pueden terminar del mismo modo que Carabobo: a golpes, la peor expresión de la planchitis.

 
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