“Del buen salvaje al buen revolucionario”

Elizabeth Burgos

Alta Política
Elizabeth Burgos
eburgos@orange.fr

La reciente cumbre de Cancún evidenció que nada cambió en América Latina desde que Carlos Rangel escribiera su famosísimo libro Del Buen Salvaje al buen Revolucionario. Los presidentes reunidos repitieron las incongruencias y desafueros condenados otrora por Carlos Rangel, como si el tiempo en vez de subsanar la ceguera del continente, la hubiese incrementado.

Nunca como en estos últimos días, la actuación de los mandatarios latinoamericanos ha parecido tanto como una demostración in vivo de los certeros análisis contenidos en el ensayo de Rangel. Fieles  a la caracterización de los mitos que alimentan el imaginario político latinoamericano, que en su tiempo hizo el ensayista venezolano, de los cuales el más rebelde es el resentimiento hacia Estados Unidos – por su grado de desarrollo en contraste tajante con el de América Latina- la reciente “Cumbre de la Unidad” del Grupo de Río, celebrada en Cancún, fue una demostración patente de sus conclusiones.  A tal punto que parecería que hubiesen actuado acorde a un guión inspirado por ese clásico de la literatura política en el que el autor demuestra que en lugar de darse los medios para desarrollarse como fue el caso de Estados Unidos, el continente pasó del mito del “Buen Salvaje” al del “Buen Revolucionario, animado por la misión de dar a luz al “Hombre Nuevo”. De allí que sea una región a la deriva, bamboleándose entre falsas revoluciones y dictaduras, entre corrupción y miseria, entre ineficacia e irritable nacionalismo, como lo expresa en el prólogo que escribiera el conocido ensayista francés, Jean François Revel para la primera edición de la obra de Rangel.

El Pensamiento Mágico

La ola de gobiernos de “izquierda” ha puesto en boga la creación de organismos de integración, tantos, que la memoria no alcanza para recordar sus innumerables siglas. Con la “Cumbre de la Unidad”,  una vez más, los países latinoamericanos y caribeños pretendieron demostrarle al mundo que esta vez sí daban un paso trascendental hacia la “integración” regional. Una vez más prevaleció el pensamiento mágico, la idea de que la expresión verbal del deseo lo vuelve realidad. La iniciativa de la Cumbre se expresó bajo el signo de lo “anti” y de la exclusión: en contra de la OEA y por la exclusión de Estados Unidos y del Canadá: nada en pro, todo en contra, fieles a la dinámica de confrontación permanente dictada desde La Habana y difundida por los principales voceros de Fidel Castro: Hugo Chávez y Evo Morales, y,  Lula Da Silva, su verdadero ejecutor.

Como es sabido, para los políticos latinoamericanos, el “imperialismo norteamericano” es la fuente de los males del continente, que como apunta Rangel, quien sin negar la influencia negativa de éste, la considera como consecuencia y no causa de la debilidad del continente y reflejo de su incapacidad de construir economías viables y Estados democráticos modernos.

Excluir a Estados Unidos y a Canadá de la nueva estructura, significa, desconocer una realidad geográfica a la cual los jefes de Estado reunidos en Cancún no dieron una explicación válida. Pero en realidad los motivos parecen responder a un escenario diseñado de antemano.

Para desahogar resentimientos

Todo parece indicar que una vez más la línea castrista se impuso. De allí que los gobiernos identificados con la dictadura cubana hayan promovido la creación de un organismo sustentado en la endogamia, que les permita – al margen de la OEA – desahogar su resentimiento y quedar libre de todo control que exija el cumplimiento con lo establecido en las Carta Democrática Interamericana: el respeto de las constituciones nacionales, a los derechos humanos y a las libertades públicas.  “La OEA no sirve para nada y debe dejar de existir”, declaró, el teniente-coronel Hugo Chávez, manifestando de manera cristalina el propósito de la cumbre: acabar con una institución destinada a la defensa de la democracia.

Por su lado, Evo Morales, en tanto que Presidente del sindicato de cocaleros, directamente concernido por el mercado de la droga, manifestó claramente su deseo de liberarse de todo control, al expresar en plena celebración  de la cumbre, refiriéndose al presidente Uribe de Colombia que “Como en este evento… venimos a debatir una nueva organización sin Estados Unidos, pues los agentes de Estados Unidos vienen a tratar de empantanar y hacer fracasar este evento.” Mientras que su colega venezolano, en un altercado con el presidente colombiano, protagonizaba el episodio que le iba a dar repercusión a la reunión que de otra manera no hubiese tenido mayor transcendencia.

El discurso de despedida del Dr. Oscar Arias, presidente saliente de Costa Rica, significó un verdadero curso magistral de ética y de comportamiento político.

La cumbre anti-OEA dejó traslucir la improvisación, la falta de seriedad institucional de los dirigentes latinoamericanos, y como lo expresara recientemente el ex-presidente uruguayo, Julio María Sanguinetti: no se necesita  sumar más organismos de los ya existentes; el problema de fondo es la inmadurez política; para integrarse no se necesita una nueva OEA, sino la posibilidad de mantener un diálogo serio y maduro entre los latinoamericanos.

Una luz en las tinieblas

Por suerte en la Cumbre se hizo escuchar una voz, que pese al balance negativo que expresaba, constituye una nota de esperanza por su clarividencia y su rigor. Se trata del discurso de despedida del Dr. Oscar Arias, presidente saliente de Costa Rica, que significó un verdadero curso magistral de ética y de comportamiento político. Se extendió sobre las anomalías que sufre el continente,  se refirió a quienes “quieren abordar un oxidado vagón del pasado”, a encerrarse en “trincheras ideológicas que dividieron al mundo durante la Guerra Fría”. Aludió al riesgo que corre el continente de aumentar su “insólita colección de generaciones perdidas:” Mencionó la deuda que tenemos contraída con la democracia, con el desarrollo, con la paz.” Hizo hincapié en no confundir el “origen democrático de un régimen con el funcionamiento político del Estado”. Denunció quienes se “valen de los mecanismos democráticos, para subvertir las bases de la democracia”. Aludió al hecho de que la región está “cansada de promesas huecas  y de palabras vacías.” Y como si estuviera parafraseando a Carlos Rangel “ni la hegemonía de EE UU, ni ninguna otra teoría producto de la victimización eterna de América Latina”, explican las fallas del desarrollo de la región.

Nota: Imágenes, diagramación y sub-títulos de ABC de la Semana


 
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