“NADIE ENTENDIA POR QUÉ NOS UNÍAMOS CON LOS ÁRABES”

Eduardo Acosta Hermoso: una vida consagrada al estudio y la gerencia de la actividad petrolera.

Macky Arenas

El próximo 14 de septiembre, ese gran buque-tanquero que es la OPEP cumple 50 años navegando. El viento ha soplado a su favor, pero también ha surcado mares procelosos, y tocado puertos hostiles. Ahora parece haber encallado. Cuando era sólo una maqueta, medio mundo apostaba a su fracaso. Cuando zarpó, las burlas de los países industrializados resonaban en los cinco continentes. El escepticismo y la curiosidad, sentires que rozaban el desprecio, era lo menos duro que tocó enfrentar, aún en su tierra, a quienes habían emprendido uno de los proyectos más trascendentes de la historia reciente. Pero probaron lo que puede lograr el espíritu unitario aún cuando las condiciones sean inferiores, las posibilidades exiguas y los respaldos casi nulos. Triunfaron porque entendieron los signos de su tiempo, eran inteligentes, se prepararon para asumir su parte de esa responsabilidad, estaban comprometidos, y tuvieron la generosidad de persistir.

Al margen de los inacabables debates sobre  las fortalezas y debilidades de la OPEP, de la incesante puja por los mercados y los precios, de los éxitos y fracasos de su manejo político y aún de la confusa sensación de su probable inutilidad, la Organización marcó el trayecto del comercio internacional. Pudo parecer un milagro, pero en realidad se trató de un pacto de caballeros, uno de los cuales vive para contarlo, desde el sereno rincón de su lugar valenciano.

¿Quién “inventó”  la OPEP?

_ Eso se le ocurrió a Pérez Alfonzo. El era muy acucioso y seguía con atención todas las publicaciones extranjeras relativas al petróleo. Comenzó a ver que los precios del petróleo se estaban cayendo. Un día tomó el teléfono, llamó al Jeque Tariki y conversaron al respecto. Tariki era de Arabia Saudita, un hombre extraordinario con el que casi llegué a ser “hermano de sangre”. Acordaron reunirse. Después de un proceso de preparativos que pasó por un gran Congreso Petrolero en El Cairo, llegamos a Bagdad y esos fueron los inicios de la OPEP. Asistió muchísima gente.

Junto a Juan Pablo Pérez Alfonzo vivió los episodios que rodearon la fundaciónde la OPEP el 14 de septiembre de 1960 en Bagdad.

¿Quiénes fueron los pioneros?

_  Los iraníes –uno de los cuales, Farman Farmayan, fue el primer Secretario General de la organización- , los sauditas, los egipcios y Pérez Alfonso como el fundador y gran animador. Figuras muy relevantes en aquellos tiempos fueron el ingeniero Mohammed Salman, quien era Secretario General de la Liga Arabe, Ahmed El Sayed Omar de Kuwait, Paul Khallat del Líbano, Mohamed El Sifat de Libia, Ahmed El Tayeh El Mali de Marruecos, Ahmed Molla de Qatar, Ahmed Salha El Din Nessim de la Rapública Arabe Unida, el sheik Abdallah El Hamoud El Tariki de Arabia Saudita y Ahmed El-Khazzan, de Yemen.

Entre ellos destacaba la presencia del único americano, Juan Pablo Pérez Alfonzo, el ministro venezolano. Todos fueron Delegados-Presidentes del Primer Congreso Petrolero en El Cairo, un año antes de la cita definitiva en Bagdad.  Nuestra delegación en esa reunión observó la mayor capacidad técnica de todas las asistentes. El grupo nuestro estaba integrado por los doctores Pérez Alfonzo, Manuel Pérez Guerrero, Ezequiel Monsalve Casado, Manuel Egaña, Domingo Alberto Rangel, José Herrera Oropeza, Gonzalo García Bustillos, Pedro Miguel Pareles, Eddie Morales Crespo, Carlos Piñerúa, José Ganimez Obregón, Oscar Yanes y Gonzalo García Méndez.  El gobierno venezolano quiso una representación amplia, de todos los sectores de la vida nacional vinculados al tema. Egipto tenía producción petrolera y mucha influencia en el mundo árabe, pero luego no se quedó en la OPEP. Algunos países productores nunca adhirieron a la OPEP.

Un año antes de la fundación de la OPEP se realizó una reunión preparatoria en El Cairo. En la gráfica Acosta Hermoso comparte con los especialistas venezolanos Pedro Miguel Pareles y Aníbal Martínez y el representante egipcio H. Nazzer.

¿Cuándo nace formalmente la OPEP?

_  El 14 de septiembre de 1960 en Bagdad, Irak. Hace 50 años. El 15 de enero de 1961 se reunió la OPEP por primera vez en Caracas.

No debe haber sido tarea fácil, a pesar del indudable atractivo del proyecto…

_  Fue difícil. Las compañías petroleras se oponían con fuerza a semejante iniciativa. En esa época los precios del crudo estaban bajísimos, en $1,90  y a ellas, obviamente, convenía esa situación. Hoy en día, la cosa es distinta.

¿La relación con los árabes, cómo se logró?

_  No era sencilla. Incluso acá se oponían. Muchos fueron los incrédulos en el sector político, empresarial, sindical sobre lo que sería la OPEP. No entendían una sociedad con los árabes y hasta abrigaban cierto temor por desconocimiento de esa cultura. Son países lejanos y en aquellos tiempos, sin las comunicaciones de ahora, mucho más. Yo secundaba en todo a Pérez Alfonzo. Éramos muy amigos. El me había invitado a incorporarme en el Ministerio de Minas e Hidrocarburos y me involucré a fondo en esta aventura de la OPEP.

Yo me había graduado en Texas de ingeniero petrolero y venía de servir en Washington con Héctor Santaella, Ministro Consejero para Asuntos Petroleros, así que conocía ese mundo y no me fue difícil manejarme con soltura en escenarios internacionales. Me esforcé especialmente en tratar de comprender a los árabes. ¡Hasta llegué a entenderme con los sauditas en su propio idioma! Nos hicimos muy cercanos y nuestra relación siempre fue sincera, fluida y muy afectuosa. Personalmente, había sido condiscípulo del Jeque Tariki en la universidad de Texas. Luego, varios de los iraníes vinieron a Venezuela cuando su país cayó en manos de los ayatolas. Dominaban el inglés y el francés y así nos entendíamos. Hablar iraní era más complicado, sólo alcancé a decir  ¡“déme un té”!

Pérez Alfonzo y usted eran personas muy distintas, tanto en sus creencias como en sus simpatías política, ¿cómo armonizaron y trabajaron juntos de manera tan eficiente?

_  En base al reconocimiento de las capacidades, al respeto mutuo y a la transparencia en la amistad. Una vez, ya estando yo de vuelta en Caracas,  me llamó a su oficina privada – acompañado de Alicia, su señora- y me dijo: “Ya tú no te ocupas de las cosas de Venezuela”…yo le contesté. “Si me ocupo, es más, estoy muy interesado en trabajar en Venezuela”.  Entonces me invitó a unirme a su equipo en el Ministerio de Fomento. El Presidente era Rómulo Betancourt. También dijo: “Soy el nuevo Ministro de Minas e Hidrocarburos” y de inmediato me ofreció la Dirección de Economía del ministerio. Me preguntó: “¿Conoces algún adeco que pueda ser el Director de Hidrocarburos?”  Sin pensarlo le respondí: “Ese es Humberto Peñaloza”. Acto seguido, lo llamó por teléfono y, en cuanto a mí, yo le pedí 15 días para pensarlo, al cabo de los cuales me llamó y acepté. Se presentaron dificultades para que Peñaloza asumiera la Dirección de Hidrocarburos, de manera que terminé yo en esa responsabilidad. Así comenzó todo.


Viajaron mucho juntos…

Yo viajé muchísimo con Pérez Alfonzo. Nuestras funciones así lo requerían y eso estrechó una amistad que duraría toda la vida. También nuestras esposas hicieron bonita relación y la pasábamos muy bien todos juntos. A mí me gustaba viajar con mi señora, pero jamás un gasto de ella corrió por cuenta del ministerio. En todos los ajetreos de la creación de la OPEP íbamos siempre como un equipo a todas partes. Como a Juan Pablo lo llamaban  el “padre” de la OPEP, a mí comenzaron a llamarme el “tío”. Era divertido, pero eso aludía al trabajo mancomunado que siempre mantuvimos, él como el promotor de la idea, el gran conductor del proyecto, un brillante operador político; y yo como una especie de arquitecto, concretando y aportando forma y sustancia al asunto. Juntos hicimos mucho cabildeo, contábamos con un equipo de óptima calidad, defendíamos a la OPEP, especialmente ante los norteamericanos, convencimos, superamos serios obstáculos hasta que finalmente conseguimos el objetivo. Yo respetaba mucho a Pérez Alfonzo, aprendí mucho de él.

Era un tipo admirable…

_  Absolutamente. El era abogado, su inglés no era muy bueno pero suficiente para entenderse con la gente. Su sensibilidad era increíble y tenía un gran sentido del deber. Durante la tercera reunión de la OPEP en Teherán se enfermó, se sentía pésimo pero, casi improvisada, fue una de sus mejores intervenciones. El se retiró y nosotros continuamos las negociaciones con los iraníes y logramos que se hicieran miembros de la OPEP. Era una persona muy valiente, verdaderamente admirable. Su prestigio y su presencia fueron claves en todo el proceso de creación de la OPEP.

¿Muchos recuerdos de esos periplos tan lejanos?

_  Visitar esos países es impresionante. Estuve en Arabia Saudita, Palestina, Irak, Irán, en los Estados del Golfo Pérsico, Marruecos, Libia… hay gratos recuerdos que hacen olvidar aquellas complicadas negociaciones porque dejan el buen sabor de grandes amistades que superaron las barreras culturales, políticas, de lenguaje y tradiciones.

LA OPEP YA NO ES LA MISMA

¿La OPEP hoy?

_  Ya no tiene la misma importancia que tenía antes…

¿Con el barril en $70?

_  Pero no sirve a la economía. Calculan el nuevo presupuesto en $40, compran aviones chinos, armas rusas, bicicletas quien sabe de dónde… con el barril a  $60 o $70 no será difícil imaginar el destino de la diferencia. Además, en nuestros tiempos la OPEP funcionó muy bien porque cubría el 60% de la producción mundial; hoy en día creo que sólo el 30% o 40%, o menos.

Aún así, los precios están en sus más altos niveles históricos…se justifica la existencia de la OPEP?

_  Es bueno que siga porque es un instrumento que conviene a los países productores, no como un arma política para jugar a provocar desequilibrios y someter a otros países, sino para defender la producción, comprometiendo la responsabilidad de la mayor cantidad de países petroleros. Eso fue lo que nosotros hicimos, defender los precios. Sabíamos que la demanda era “inelástica” a los precios del petróleo, es decir, la demanda quedaba igual a pesar del aumento en los precios. Vamos a ver qué pasa ahora. Otro de los grandes problemas actuales es que nadie rinde informes sobre nada en la industria. No se sabe qué pasa allí. En nuestra época teníamos lo que llamábamos el “Podes” (Petróleo y otros Datos Estadísticos) donde podía consultarse todo lo que concernía al desarrollo petrolero en Venezuela. Actualmente, cuál es la información que circula?

No sólo sobre petróleo se oculta información…

_  Yo escribí un libro – ahora no sé por dónde anda- que en realidad era una historia novelada de la OPEP, con detalles y anécdotas en cinco idiomas. Allí se asomaba la propuesta de una moneda distinta al dólar, el “Stater”, a los fines de comerciar el petróleo. A los Estados Unidos no le habría gustado eso porque habrían tenido que comprar el Stater para adquirir petróleo. Este hombre trató de copiarse esa idea…

¿Quién?

_  Hugo Chávez Frías. Pero menos mal que no pudo, aunque ahora una iniciativa como esa ya no tendría tanta importancia. Otra cosa habría sido esa moneda única de nuestros países en manos de personajes como Juan Pablo Pérez Alfonzo y Rafael Caldera, dos de los más inteligentes hombres de Estado que, en mi criterio, han figurado en Venezuela.

“ESTO ES COMUNISMO”

¿Y el actual presidente?

_  Es un autócrata. Muchas de las cosas que se decían de Hitler podrían aplicársele a él. Esto es comunismo.

¿Qué pasará con la OPEP?

_  Lo que pase con la OPEP depende de lo que haga Estados Unidos. Parece que  Obama se inclina a utilizar las reservas y la energía de los vientos y del sol para reducir la dependencia del petróleo. Hoy no es seguro que la disminución de la producción eleve los precios, de hecho se ha demostrado lo contrario en coyunturas recientes. La OPEP ha perdido influencia y podría perder mucha más.  Y si es en Venezuela, aquí se está utilizando el dinero del petróleo para iniciativas nada productivas para el país. Inventan plantas de aluminio, urea, metanol y ni siquiera las ubican correctamente. A PDVSA la tienen vendiendo pollos, importando medicamentos. Ya no sé ni quiénes están al mando de todo eso. Creo que el último que tenía idea de lo que hacía allí fue Álvaro Silva Calderón. Los demás confunden las cosas y subordinan los grandes objetivos y las metas a largo plazo con la corta mira del gobierno de turno.

Lo más recomendable es reservar a la OPEP para el futuro a ver si cambian las cosas en Venezuela y en los países miembros. Vamos a ver si se producen escenarios más favorables. Esperemos a ver qué dice el tiempo.

¿Todo tiempo pasado fue mejor?

_  Cuando Pérez Alfonzo estaba al frente, sin duda fue el mejor momento de la OPEP, el de mayor brillo. Realmente llegamos a controlar el 60 o 70% de la producción mundial, las cosas se manejaban con responsabilidad y visión de futuro. Había grandes hombres de Estado allí y equipos profesionales y técnicos de primera línea. Nuestros acuerdos los llamábamos “pactos” porque en realidad eran pactos de caballeros. Eran tiempos en que bastaba reducir un poco la producción para fortalecer los precios. Tiempos en que bastaba la palabra. Éramos disciplinados y el objetivo se centraba en cuidar a nuestros países, no en perjudicar a otros. Lo único que queríamos “dominar” era el  mercado. Aspirábamos a trazar nuestro destino, tener la autonomía de diseñar nuestros planes de desarrollo. Las compañías petroleras, las grandes transnacionales eran nuestra contraparte. Ellas defendían lo suyo y nosotros representábamos países. Teníamos un principio rector: los intereses superiores de los pueblos son la guía de la Organización. También nos impusimos el deber ético de no obstaculizar el abastecimiento; y un objetivo fundamental cual era unificar las políticas petroleras de los países miembros. Sin duda el gran triunfo se produjo cuando, a través de la mancomunidad que significó la unión en la OPEP, logramos imponer los precios del petróleo.

¿Qué falta?

_  Resolver qué se hará por los países pobres, esos que no tienen petróleo para adelantar sus economías. México, por ejemplo, no pertenece a la OPEP y produce más petróleo que muchas naciones miembros. Entre todos habría que pensar en los pueblos deprimidos del mundo, en cómo ayudarlos sin intentar ideologizarlos, ni colonizarlos, sin imponerles condiciones humillantes. Al fin y al cabo, el progreso de unos es el progreso de todos.

 
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