Cardiofinanzas

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MARCOS T.CABRERA

Cardio es el vocablo griego que define al corazón, todos lo sabemos. La principal causa de muerte y discapacidad en el mundo occidental está relacionada con el corazón y su sistema vascular. No en balde es el órgano al que más tememos y cuyo funcionamiento nos produce más ansiedad y angustia, lo cual por cierto no es lo que más beneficia al corazón mismo.

Un buen médico recomendaría, en vez de una malsana e improductiva preocupación, una mayor y más activa ocupación.

En términos sencillos, posiblemente estemos hablando de comer menos y con mayor calidad, de ejercitarse sistemática y metodológicamente, de manejar el stress con mayor efectividad y, no menos importante, en conocerse y evaluarse frecuentemente. Se dice también que una actitud mental positiva y una gratificante y activa red social son importantes contribuyentes a la salud cardiovascular. También menos alcohol y cigarrillo pero más sexo.

Se trata de una estrategia personal que integre todos estos elementos, tras una mayor calidad de vida que dé como resultado una más larga y gratificante existencia.

Obviamente, para cada individuo existen los factores de riesgo, los cuales por lo demás son de diferente naturaleza. Algunos fuera de su control, posiblemente asociados a su genética particular (cardiopatías congénitas, hipertensión, hiperlipidemia, diabetes), y otros modificables, bajo su control voluntario (tabaquismo, actividad física, sobrepeso).

Estos factores de riesgo actúan en forma combinada, y en forma conjunta determinan la probabilidad de expectativa de vida.

Las cardiopatías y los accidentes cerebrovasculares (ECV) no sólo arrebatan vidas, sino que también se traducen en una enorme carga económica tanto para la sociedad como para los individuos.

Las ECV, las cuales son fundamentalmente prevenibles, afectan a muchas personas de mediana edad, y a menudo reducen gravemente los ingresos y los ahorros de los pacientes y de sus familias. Los ingresos que dejan de percibirse y los gastos en atención médica socavan el desarrollo socioeconómico de las comunidades y de los países.

La epidemia de cardiopatías y accidentes cerebrovasculares causa la muerte de unos 17 millones de personas al año, lo que representa casi una tercera parte de todas las defunciones del mundo y se prevé que el número de víctimas aumente a más de 20 millones por año en el 2020.

Más de 80% de las defunciones causadas por las ECV en el mundo se producen en los países de ingresos bajos y medianos.

En el nivel macroeconómico, las ECV imponen una carga onerosa a las naciones. Se calcula que las cardiopatías y los accidentes vasculares cerebrales reducen entre 1% y 5% el producto interno bruto en los países de ingresos bajos y medianos que pasan por un crecimiento económico rápido, pues muchas personas mueren prematuramente.

Según la OMS, el número de años de vida sana perdidos, dependiendo del país bajo consideración, se ubica entre 10 y 20 años por cada 1000 habitantes.

Quienes llevan la peor parte son los pobres ya que se ha comprobado que las ECV contribuyen a la aparición o persistencia de la misma pobreza. Por ejemplo, una familia con un miembro aquejado de una ECV puede verse obligada a destinar el 30% o más del ingreso familiar para sufragar los gastos de atención médica que ocasiona.

Sin embargo, el mensaje básico es que cualquier reducción significativa del número de defunciones y discapacidades se conseguirá ante todo mediante la prevención, no simplemente con medidas curativas. Para ello, se deben reducir sustancialmente los factores de riesgo, alentando a nuestros hijos a adoptar costumbres saludables e introduciendo políticas y programas de intervención adecuados.

Las actividades de sensibilización y educación a escala mundial a fin de combatir las ECV son vitales. Igualmente los programas gubernamentales de apoyo a la población.

En el plano individual, una evaluación anual es de extrema importancia. Es imperativo que cada quien empiece por conocer bien su corazón mediante un diagnóstico completo y profundo.

La medicina cardiovascular tanto correctiva como preventiva ha logrado impresionantes avances. Hay tecnología moderna y novedosa totalmente disponible y al alcance de la mano. Existen modernas y especializadas unidades de evaluación cardiovascular con este propósito en la clínicas más actualizadas y reconocidas de nuestra ciudad.

Los incentivos y beneficios son evidentes, la inversión en tiempo y dinero se justifica en virtud de que la rentabilidad en calidad de vida resultante es muy alta.  En otras palabras, sin duda estaríamos frente al mejor de los negocios: Las mejores finanzas para la salud de su corazón.

 
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