La igualdad: el reto democrático

Periscopio
Yván Serra Díaz*

Sin gran sorpresa escucho en la radio la invasión de la Finca “La Guachafita” propiedad de los padres de Valentina Quintero, luego una sentida crónica escrita por su hija Arianna. Lo más lamentable de todo su relato fue la transformación de los pobladores. Esa gente amable con los que convivían los abuelos, de repente se convirtieron en depredadores, talando árboles y quemando un terreno del que se quisieron apropiar, apelando razones de una justicia. Entiéndase, no es importante el origen de la riqueza, tampoco es importante saber porqué algunos pobres son pobres. Que alguien haya estudiado, ahorrado e invertido, mientras otros se dedicaban a vagar y despilfarrar en alcohol y vicios sus ingresos pareciera ser un detalle menor. La ideología que existe desde el gobierno es que el rico es culpable y el pobre inocente y por tanto, el robar está permitido si eres pobre. La trasnochada lucha de clases que asesinó y empobreció sociedades durante todo el siglo XX y que ahora amenaza seguirlo haciendo.

Tampoco me sorprende la auto-jubilación decidida por los magistrados del TSJ. Ser rico es malo, pero parece que ellos no les preocupa ser los villanos de la película, siempre que puedan cobrar y bien. El bozal de arepa funciona y ellos saben quien es el dueño.  El tema es que se jubilan para no ser alcanzados por la reforma de la Ley de Emolumentos de la Función Pública, en lugar de enfrentar su presunta inconstitucionalidad. Al final la legalidad es menos importante que las decenas de miles que ingresan mensualmente a sus cuentas bancarias.

Dos situaciones en dos contextos que tienen un solo elemento en común: la ilegalidad que puede ser conveniente dependiendo de a quien beneficie. Mientras el liberalismo y su manifestación política, la democracia representativa se plantean la igualdad formal, el objetivo que se plantea el socialismo es la igualdad sustantiva. Sin igualdad formal no hay democracia, sin igualdad sustantiva, no está garantizada la gobernabilidad. Con pobreza la política puede caer en manos de demagogos que convierta a pacíficos pueblerinos en hordas incontrolables.

La propuesta de la alternativa democrática debe saber congeniar la igualdad sustantiva con la legalidad.


* Licenciado en Estudios Políticos UCV

www.periscopio2.blogspot.com

 
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