Alicia y Henry

Yván Serra Díaz

Periscopio
Yván Serra Díaz*

Reconozco ser un fanático de los mundos creados por Tim Burton, siempre acompañado por Johnny Deep desde que creara el “Hombre manos de tijeras”, la ciudad gótica de “Batman”, el “Jinete sin cabeza” o las historietas de “Pesadilla antes de la Navidad”. No es menos en esta ocasión, cuando recrea una historia a partir de la obra de Lewis Carrol, “Alicia en el País de las Maravillas”, tanto por su cinematografía como por la interpretación del sombrero loco, pero muy especialmente por el rol de la Reina roja. Tirana y ególatra, cualquier desliz de un súbdito es cobrado cortándole la cabeza. El poder de la Reina descansa en el control sobre Jabberwocky, el dragón que aterroriza al País de las Maravillas. Sin embargo, el principal instrumento usado por la malvada Reina roja, es su ejército de barajas. Armados de lanzas, ejecutan sin chistar las órdenes de la usurpadora. Incansables en su tarea, buscan y apresan a los enemigos o mejor dicho las víctimas de la Reina. Sólo que a diferencia de la historia original, Alicia se transforma en un valiente soldado que logra vencer al dragón.

Pero he aquí lo más interesante de la historia, el momento, cuando la Reina roja, le pide a un soldado que corte la cabeza pero -el hasta entonces diligente guardián- le responde que no tiene porqué obedecerla. Es en ese momento, y no con la simbólica muerte del dragón, cuando la princesa pierde el poder y el reino, que tiene que devolver a su hermana la Reina blanca. Algo así como cuando, en otro momento, otro escenario y otra dimensión, los tiburones decidieron no hacer caso a Tiburón 1.

Desde hace algún tiempo, en lugar de ver acontecimientos veo procesos, es decir eventos que se van concatenando hasta conducir a un final. El Presidente ante la imposibilidad de que su gobierno funcione, recurre a la salida fácil.  Si los comerciantes no quieren hacer caso, los expropio, para eso tiene sus barajitas, que con sus lanzas toman a la fuerza lo que la ley no les permite.  Los terrenos de una zona industrial en Barquisimeto deben ser expropiados, por una razón, ojeriza al catirito que manda en la empresa del oso. Que le corten la cabeza. Sólo que en este caso, un gobernador, que la gente quiere más por eficiente que por revolucionario, le dice que primero le hace caso a la Ley que al Presidente.

Me encantan los mundos de Burton, quizás porque cada días se parecen más a Venezuela.


* Licenciado en Estudios Políticos UCV

www.periscopio2.blogspot.com

 
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