Extrañas Contradicciones

Alfredo Fermín

Alfredo Fermín

“Hemos andado en estos días por Valencia. Valencia ha sido una ciudad señalada por la adversidad. La más olvidada y la más castigada. Valencia fue la segunda ciudad de la República. La capital federal escogida por el Congreso de 1811. Y ya que no una grandeza material -de sobra ha tenido la otra-, ha visto desvanecerse su antigua prosperidad. Sobre todo ha visto desvanecerse sus sueños. Ahora se envuelve en su nostalgia. En la magia de su silencio laborioso. Valencia parece, a primera vista, una ciudad muerta. Pero es una ciudad industrial”.

Transcribimos este comentario, que escribió en 1939 el magnífico novelista y periodista valenciano Enrique Bernardo Núñez, por su coincidencia con la situación actual de nuestra ciudad cuyo día se celebrará el próximo jueves.

Valencia ha vuelto a ser la ciudad castigada, pero no olvidada, por el gobierno actual, que le está cobrando haber estado siempre opuesta a los déspotas, como lo hizo con Boves y con Juan Vicente Gómez.

Se le castiga porque aquí se tomó la decisión de separar a Venezuela de la Gran Colombia, cuando hombres prominentes como José Antonio Páez y Miguel Peña demostraron al Congreso Constituyente reunido en la Casa de La Estrella, en 1830, que el proyecto de la Gran Colombia del Libertador Simón Bolívar había fracasado no por su culpa, sino por la perversión de sus enemigos políticos que provocaron su muerte tan temprana.

Se nos pretendía arrinconar como una dependencia colombiana y aquí se le dijo no a las pretensiones expansionistas del general Santander. Por eso se consolidó el proceso de independencia declarado en 1811, del cual estamos celebrando dos siglos. Sin embargo, la tozudez de quienes nos pretenden imponer una nueva historia de Venezuela desconoce la significación de aquella decisión histórica impulsada por el general Páez, al que se trata de presentar como traidor, mientras que a un dictador como Fidel Castro se le exalta -varias veces al día- como si fuera el padre de la patria.

Estatua ecuestre del General José Antonio Páez desparecida por el Régimen. Nadie protestó.

Un 25 de marzo

Tradicionalmente de Valencia se dice que fue fundada el 25 de marzo de 1555, sin que exista ninguna documentación que lo confirme. Se dice que el acta fundacional se perdió o se quemó en uno de los tantos incendios que provocaron tanto el Tirano Aguirre como piratas franceses cuando pasaban por aquí. En 1955, cuando Marcos Pérez Jiménez celebró el Cuatricentenario, surgió una polémica por estas circunstancias, pero como la celebración fue tan positiva y tan beneficiosa, pues fueron inauguradas obras extraordinarias, el Concejo Municipal declaró al 25 de marzo como Día de Valencia. Se tomó en cuenta que éste es el día de la Anunciación a María, bajo cuya protección está la ciudad desde los primeros años con documentos debidamente comprobados.

Ese hecho histórico está registrado en el escudo de Valencia del siglo XVIII, que acaba de derogar el Concejo Municipal para imponer un verdadero disparate creado por personas que no saben ni de historia, ni de heráldica, ni de nada. La mayoría de nuestros concejales están conscientes de que ese adefesio jamás podrá ser un símbolo digno de esta ciudad. Por eso confiesan, en privado, que fue aprobado por órdenes superiores porque al comandante no le gustó el antiguo, como si él estuviese facultado para borrar nuestra historia.

Para su día, la ciudad luce maltratada por todas partes. La paralización de las obras del Metro después de que la vía fundamental, la avenida Bolívar, estaba destruida, arrasada, debió merecer el más contundente de los rechazos de la ciudadanía y de sus instituciones. La impunidad para convertirnos en una de las ciudades más peligrosas del país, el estrangulamiento a la Universidad de Carabobo y al sector industrial, así como el abandono de los monumentos más emblemáticos, han debido ser protestados enérgicamente.

Estatua de Cristóbal Colón en Caracas, destruida por la acción de hordas chavistas que quieren trocar en invasor extranjero el recuerdo de aquel que descubrió para el resto del Mundo, la existencia del continente que adoptaría no su nombre, sino el de otro intrépido italiano, Américo Vespucio. Nadie protestó.

Vivan los italianos!!!
Por ese silencio injustificado nos han llamado la atención las airadas protestas en artículos y avisos, porque Henrique Salas Römer dijo, en un programa de televisión, que “no hay nada más peligroso que un italiano con un proyecto bajo el brazo, y mucho más si es político”.

Evidentemente que Salas Römer, al agregar “lo político” a la frase original de Laureano Márquez, inspirada en las hazañas de Cristóbal Colón, se estaba refiriendo al alcalde Enzo Scarano y a Miguel Cocchiola, quienes, al igual que él, luchan por mantener o ampliar el poder político que tienen. Pero no creemos que estuviese generalizando con todos los ciudadanos venidos de Italia y de su descendencia. Lo que pasa es que sus adversarios tienen muy buenos operadores políticos y convirtieron en una especie de sacrilegio un chiste que no tiene comparación con los insultos que les ha dado Chávez a los carabobeños, a los que, cada vez que le da su gana, llama traidores, serpientes venenosas y lo que se le ocurra, presuntamente porque aquí traicionaron a Bolívar.

Hace poco Mario Silva, en su programa “La Hojilla”, le dijo a nuestro querido amigo Henry Ramos la más ofensiva frase que se le puede decir a la madre de uno. Y ni siquiera Acción Democrática, partido del cual es su líder fundamental, emitió una protesta por la grosera expresión en contra de una dama tan honorable.

Por eso, sin darle la razón a Henrique Salas Römer, consideramos que quienes se apresuraron a escribir denuestos en su contra quedaron mal también, porque al menos los periodistas, que conocemos cómo se acomoda y reacomoda la política regional, no les creímos la sinceridad del enojo, ni cambiaron el panorama electoral.

Además, porque -en Valencia- nadie desconoce que los italianos no sólo contribuyeron a la modernización de nuestra ciudad sino que acrecentaron la fama de la belleza y la elegancia de las mujeres valencianas. Y eso se agradece.

 
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