Los líderes están viniendo de las regiones

Carlos Lozano

Caminando con Carlos
Carlos Lozano
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Los liderazgos que se conectan con las emociones del pueblo, son los más auténticos, aunque no necesariamente estén siempre en lo correcto, pero sí que tienen la fuerza que entusiasme a la gente para cambiar modos de ver y conductas. Ese poder de liderazgo, claro, va más allá, puede ser la voz atractiva y convincente de una propuesta tanto como la voz seductora capaz de hacer creer que una propuesta está siendo ejecutada en hechos aunque realmente no sea así.

El liderazgo de Nelson Mandela, por ejemplo, nacido de su capacidad personal fogueada en la lucha contra la discriminación y por la libertad de su pueblo, fue también el liderazgo y el talento del gran estadista que entendió, una vez en el poder, que desatar la venganza destruiría a su país, y supo convencer a 40 millones de negros y 4 ó 5 millones de blancos a fundirse en una sola gran nación, la Sudáfrica de hoy.

El liderazgo de Rómulo Betancourt, nacido de su propio carisma, pero también de una evolución política que no sólo lo llevó a él y a su partido al poder, sino a convencer a todos los venezolanos -con muy pocas y fracasadas excepciones- de que el camino estaba en creer en la democracia y en ejercerla a plenitud.
El liderazgo de Chávez, su claridad y capacidad para captar la atención del pueblo, no ha sido sólo carisma e impactos televisivos, el carisma de Chávez fue mucho más que una frase feliz. El liderazgo de Chávez se profundizó porque se convirtió a la vez en intérprete y en expresión de los reclamos más hondos del pueblo, y en fe entusiasta de ese pueblo en que los reclamos transformados en propuesta eran el camino esperado.
El de Henri Falcón es un nuevo caso de liderazgo que suscita emociones, porque el pueblo siente que Falcón no viene de élites ni “cúpulas” sino del pueblo mismo y con una característica muy especial: que tras haber sido alcalde y gobernador, su carisma tiene una obra concreta, verificable, que mostrar.
Falcón surge a la escena nacional con una obra y con un reclamo que coincide con el de cada día más venezolanos de todos los sectores: que Chávez no los escucha, no hace caso a sus planteamientos, reclamos e inquietudes. Ésa es la gran dimensión de lo que Henri Falcón apenas empieza a representar.
Que puede ubicarse como intérprete de un gran reclamo y ser motor creíble para una gran propuesta de poder hacia el bienestar, de poder que realmente aportar soluciones. Y lo hace desde una plataforma que a los venezolanos de todo el país entusiasmó, aprendieron a querer y a defender y siguen viendo como piedra angular del desarrollo: el poder regional y la descentralización.
Con Falcón serían ya tres los líderes de origen regional con poder y fe popular suficiente para lanzarse con buenas posibilidades hacia la batalla nacional: Salas Römer, Rosales y ahora Henri Falcón.

 
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