OAP: Odio y miedo

Francisco A. Bello Conde

Francisco Bello

A las diez de la noche fue detenido en su casa, Oswaldo Álvarez Paz, en acto de retaliación por pensar distinto, por sus valores democráticos, por estar comprometido con el futuro de sus hijos y de sus nietos.

Muchos amigos le advirtieron sobre la decisión del Tribunal 24 de Control. Estaba en cuenta de que esperarían la noche para detenerlo frente a su familia pero, contrario a lo que pensaban quienes lo fueron a buscar, los esperó sereno, indoblegable, firme. No propinó un insulto, no se desdibujó en ofensas; salió con la frente en alto a encarar una justicia inexistente, caminando decidido hacia la incertidumbre, avanzando indetenible hacia la prisión que terminará de libertar su pensamiento.

Oswaldo Álvarez Paz detenido por pensar distinto

Su detención no tiene asidero legal y detrás del hecho político que éste constituye, se advierte una característica común a muchas otras acciones del Gobierno Nacional: El miedo. Por más que griten improperios, por más que desenvainen “la espada de Bolívar”, por más que amenacen con su “revolución armada”  se les ve la costura a ese temor que los domina.

También se les nota el odio. Lo transpiran; se les siente en cada insulto, tras cada atropello, con cada humillación a la persona humana.

En ocasiones el miedo y el odio se encuentran; se fusionan, se funden, se complementan. El primero surge del misterio que circunda lo desconocido; el segundo de la envidia que puede producir la frustración.

Oswaldo, en sí mismo, es caldo de cultivo para despertar ambos sentimientos en los pobres de espíritu. Haber tenido una trayectoria absolutamente democrática, sustanciada en la formación, que obviando atajos fuera del marco de la Constitución, coronase no sólo con los cargos de elección popular que obtuvo desde su época de estudiante sino con aquello que codician muchos y que pocos consiguen: el respeto internacional y el ascenso a la historia sin manchas en su expediente.

Su lección de ayer fue una oda a la gallardía, a la hombría, al sentido de responsabilidad, al compromiso con la patria; sentimientos desconocidos entre quienes terminarán con sus temores y resentimientos incrementados.

Cuando la luz esclarecedora oculte las sombras, cuando la brisa desplace la tormenta, cuando el futuro irrumpa en el horizonte, borrando el presente que nos agobia, estará Oswaldo anunciado la llegada de aquel momento que vislumbró Andrés Eloy: “… el tiempo de la justicia erguida, de la verdad triunfante, donde la voz alcance la libertad del sueño”.

 
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