Perder (una elección) es cuestión de método

Ibsen Martínez

Ibsen Martínez
ibsnc51@gmail.com

Padezco un trastorno que llamaré emocional, aunque sé que en el fondo es cosa más bien mental. Es un trastorno que se manifiesta con ataques de clarividencia.

Para mis propios fines me he inventado una medida de mi malestar. La llamaré  “Índice de Desazón Cognitiva” (IDC), que recorre una escala de 0 a 9. Últimamente tengo el IDC algo elevado.

Lo curioso del IDC es que mientras más elevado aparece, más claro parezco tener el panorama político. Un ejemplo está en las parlamentarias de septiembre: hoy mi IDC indica, como un barómetro, que aunque todo muestra  que a Chávez se le viene encima la tormenta perfecta,  la oposición va a perder las parlamentarias de septiembre. Van a perder una vez más, es lo que digo; ¿alguien quiere apostar una botella de Ballantine’s 12 conmigo? Me gustaría mucho perder la apuesta. (…)

Un dato digno de exaltar en esta ocasión es que mi amigo Ramón Guillermo Aveledo, experto político donde los haya y bien acreditado hombre de ideas, está entre los directivos técnicos  de la Mesa junto con otra mucha gente bien dispuesta y esclarecida. Por cosas así, se me dice, debería yo mostrarme un poco más optimista.

Pero mi IDC se empeña en mirar los árboles en lugar del bosque. Y, aunque le suene a usted a un despropósito, cada vez que miro a los árboles  en lugar del bosque tengo tendencia a acertar en mis juicios.  Es raro,  pero es así.

Casos aislados

Por eso me ocuparé de lo que cualquier vocero de la Mesa Democrática describiría, tranquilizadoramente, como “casos aislados”.  Un caso aislado – un árbol en el bosque – es la querella entre Julio Borges y Enrique Mendoza, por ejemplo. (…)

Más risible – más trágicamente risible, diremos– ha sido la reaparición del  regente vitalicio del estado Carabobo, Don Henrique Salas Römer, Marqués de La Cabrera y Conde del Cabriales. Tal vez el lector lo recuerde: se trata de aquel caballero que perdió por knock auto las últimas elecciones presidenciales del siglo pasado, en 1998. El referee tuvo que repetirle la cuenta de diez para que entendiera que había perdido.

Pues bien, testimonios de prensa  insisten en que ha vuelto, igual que el espectro del padre de Hamlet se dejaba ver en la explanada del castillo de Elsinor: Salas Römer ha vuelto con un mensaje “unitario” para la oposición.

La posición del Marqués de la Cabrera en esto de la unidad parece desprenderse del hecho de que, habiendo llegado segundo en las últimas presidenciales del siglo pasado, en 1998, ello le confiere por sí solo un derecho adquirido a ser el candidato presidencial opositor en las de 2012. Se comprende que para ello sea importante  dejar sentir la fuerza de “Proyecto Venezuela” en las parlamentarias. Lo desconcertante es que el Marqués no quiera ni primarias ni “acuerdo político”, sino que se atienda exclusivamente a las encuestas que,  presumen los disgustados, él mismo encarga.

El regreso de Salas Römer es un caso claro de humor negro involuntario porque es él quien acusa a los demás de afectar la unidad. (…)

El pensamiento mágico religioso

Hay otro síntoma inquietante que mi IDC interpreta como el oscuro deseo de la oposición de meterse un autogol en septiembre. Se trata de un fenómeno chamánico, verdadera expresión de pensamiento mágico religioso, de vocación totémica  que lleva a la masa opositora a erigir en oráculos electorales a  profesionales de la anfibología argumentativa y a la interpretación de encuestas con acompañamiento de autobombo. Gente que maneja, de lunes a viernes, empresas de sondeos de opinión y no ven conflicto de interés alguno en escribir artículos dominicales, justamente de opinión.

Peor manifestación del pensamiento mágico religioso de nuestra masa opositora es la fe ciega en fuerzas suprapolíticas que resolverán el “problema Chávez” sin necesidad de actuar con suma energía, suma unidad y suma eficiencia política y electoral sobre tan formidable adversario. (…)

Cuando regrese la luz, Chávez se habrá ido, por supuesto.



[i] Para dar cabida a la respuesta de Salas Römer, algunos párrafos del artículo de Ibsen Martínez, publicado en Tal Cual, tuvieron que ser omitidos, dejando intactos los elementos a los que se refieren los comentarios de HSR.

 
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