Profesores virtuales en la UC

REPIQUE
Mélida Qüenza Ponte

De nuevo tocamos el tema de la actitud de un sector profesoral universitario hacia sus alumnos, particularmente hacia los que se inician en diferentes carreras, quienes se llenan de frustraciones y temores sobre su futuro a consecuencia de la accidentada comunicación entre profesor y estudiante.

Nuestras reflexiones nacen de la angustia y desesperación que, una vez más, observamos en jóvenes que cursan los primeros semestres en las facultades de Educación y de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de Carabobo, aunque sabemos que igual ocurre en otras facultades. En algunos de esos casos el llanto es el escape ante la impotencia de no encontrar una explicación, de no ver una puerta abierta que les ayude a disipar tantas dudas.

Por todas las historias oídas, estamos ante una nueva modalidad profesoral, los “profesores virtuales”, los alumnos los ven contadas veces en el semestre, reciben por correo electrónico o por un papel que el profesor mandó a colocar en la puerta de su cubículo, tal vez en un pasillo, las instrucciones para que compren una guía de estudios, para que investiguen sobre determinado tema, para que elaboren un trabajo que equivale a un porcentaje de la nota, en fin, para que los jóvenes cumplan toda una planificación elaborada por una cátedra o departamento de la escuela, pero sin la presencia del profesor, sin tener a alguien a quien preguntar, para aclarar dudas o simplemente para conversar con una persona que debe ser su formador, su guía, su orientador.

Común es oír a estos estudiantes decir “ese tipo (o tipa) es un pirata”, “así cualquiera se gana unos reales”, “ese es un chimbo”, y así les van perdiendo respeto a sus profesores. Además, los muchachos dicen que esos señores no tienen moral para hacer paros, para protestar pidiendo aumentos, pues no están cumpliendo su misión, están devengando un sueldo completo y una serie de beneficios por un trabajo que hacen a medias, están cometiendo un fraude contra la Universidad y contra el Estado venezolano. Y, por supuesto, esos jóvenes sienten temor de exponer sus quejas pues podrían ser reprobados y, si ello ocurre ¿cómo le reclamarían a un profesor que no ven?

Estos comentarios no buscan dañar la imagen de los profesores de la UC, intentan llamar a la reflexión a quienes se vean reflejados en este espejo. Entendemos que un profesor tiene que estar permanentemente capacitándose, superándose, pero no puede sacrificar la hora de clase con sus alumnos por coincidirle con el postgrado que debe hacer para lograr un ascenso o porque se comprometió con otra cosa. Hay que ser honestos y dar ejemplo a esos jóvenes que llegan ilusionados, ansiosos por aprender y que poco a poco ven desdibujarse la imagen que tenían de la majestad profesoral.

Somos eco de un reclamo estudiantil. Profesores, lo virtual no debe estar reñido con lo presencial, combinar la tecnología con el calor humano no cuesta nada.

 
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