Cuando la magia se apaga

Carlos Blanco

– La promesa redentora era una delicada pieza de cristal y se quebró en mil fragmentos – En dónde se equivocó Chávez es la pregunta que navega entre los suyos que se saben oligarquía.

El gobierno solo es sostenible sobre la base del miedo.

En una elección limpia y libre, pierde. En ausencia del terror rojo los ciudadanos abandonarán al régimen como ya ocurrió. La realidad, cuyo amargor unta las papilas de los próceres, es que la magia terminó. La promesa redentora era una delicada pieza de cristal y se quebró en mil fragmentos; por más que los camaradas estén lanzados al suelo para recogerlas, ya nunca más será ese transparente cáliz lleno de buenos augurios; hoy todo eso es un vidriero cortante y peligroso.

En dónde se equivocó Chávez, es pregunta que navega entre los suyos que se saben una oligarquía, con poder pero sin masas. Tienen la potestad de mandar a la cárcel a sus adversarios; pueden insultar y vejar impunemente; no solo hacen negocios sino que administran la llave que les garantiza los derechos a los venezolanos, confiscándoselos a quienes quieren perjudicar; y, sin duda, han logrado resultados: mucho silencio, mucho miedo, muchas concesiones obtenidas bajo amenaza. A pesar de esto, no logran levantar un miligramo de apoyo; pueden inhibir pero no ganar respaldo y menos pasión.

Para los jóvenes es bueno mostrar lo que ocurrió en los momentos postreros de la dictadura de Pérez Jiménez. Hasta diciembre de 1957 parecía tener muchos partidarios, bastante menos hacia el 22 de enero de 1958; en el filo de la medianoche de ese día, ya para amanecer el 23 de enero, cuando el avión presidencial cruzaba el cielo caraqueño con su carga porcina y derrotada, hacia el exilio, ya no quedaba en Venezuela ni un solo seguidor del dictador. Recuérdese que así ocurrió entre los militares el 11 de abril de 2002: todos eran leales hasta que dejaron de serlo, sino, que lo diga el “trisoleado” que le exigió al caudillo que se apurara en irse. Ni qué decir de gobernadores, alcaldes, parlamentarios y otras especies bolivarianas que sin mediar conminación alguna pasaron a ponerse a la orden de la breve y torpe institucionalidad provisional. Basta hablar con los personajes del régimen, sus relacionados, familiares y amigos, para ver el espanto que los recorre. Están de retirada.

El Culto al líder como última jugada

Los personajes del régimen no les queda más que jugarse la última carta para promover la lealtad: el culto total e irrevocable hacia el jefe. Ya no se requiere compartir ideas y sueños; tampoco se demanda concordar en programas y realizaciones; ahora es estar con Chávez o contra Chávez. Él es quien define la condición revolucionaria; él es la norma del ser o del no ser.

Elías Jaua, intolerante hoy como ayer, lo afirmó sin titubeos: “¿Cómo se puede ser revolucionario sin ser leal al liderazgo y a los principios que encarna el comandante Chávez? Un revolucionario no puede traicionar a su compañero de lucha, no puede claudicar. La lealtad tiene un valor superior a lo personal. Chávez ha sido leal con nosotros, con el pueblo. La lealtad puede reclamarla quien se ha comprometido. Los revolucionarios no pactan con las oligarquías ni con los grupos de poder”. Mientras tanto, los asistentes sintetizaban ese pensamiento en la consigna “¡Con Chávez todo, sin Chávez nada!”, que es ir bastante más lejos de lo que alguna vez proclamó Fidel Castro: “Dentro de la revolución, todo. Fuera de la revolución, nada”.

Según la conspicua remolcada de Jaua no se puede ser revolucionario sin ser leal al liderazgo y a los principios que Chávez encarna, lo que equivale a decir que una discrepancia, aunque sea pequeña, convertida en deslealtad es sinónimo de traición. Sumisión o muerte es la consigna del desvarío oficial.

Como se observa, la doctrina Jaua lanza al degredo no solo al gobernador Henri Falcón, sino a otros personajes de variada significación. El instrumento para impedir el debate es que todo disentimiento es traición, marco en el cual las únicas contradicciones admitidas son las iluminaciones del comandante que van del hemisferio izquierdo de su cerebro al derecho, y viceversa. La dialéctica se remite a los traspiés y esquizo-ideas del líder bipolarizado; todo lo que rebase sus cavilaciones es complot.

Dos aves de mal agüero

En días recientes ha habido las manifestaciones de dos personajes bastante hartos. Uno es el Heinz Dieterich, autor del tema del socialismo del siglo XXI que Chávez confiscó y pervirtió, para desgracia de quien lo ideó. En entrevista con Vladimir Villegas este intelectual ha dicho en relación a la posibilidad que Chávez se tropiece con un iceberg: “Lo tiene mucho más cerca de lo que admite en discusiones públicas. Por una parte, subestima el peligro; y, por la otra, hay ansiedad frente al creciente desorden del sistema de gobierno. El iceberg tiene por base el bloque electoral de apoyo a la derecha, que gira en torno a 40%. Si a esto se agrega una crisis coyuntural fuerte, el apoyo al Presidente puede caer significativamente y el país podría volverse ingobernable. La sociedad está dividida en dos grandes bloques. Eso es absolutamente inestable frente a cualquier crisis coyuntural. El desenlace puede ser problemas en la calle, dinámicas en el Parlamento o desobediencia en sectores militares”.

En ese párrafo, de manera sesgada, Dieterich identifica a la disidencia con la derecha y fija su apoyo de opinión en 40% que, como se sabe, ya es mucho más. Sin embargo, lo interesante es cómo hasta quienes desearían éxito al jefe de la locura gobernante ven lo que parece probable, el caos.

Otro caso, en un registro diferente, es el de Alberto Müller Rojas. En un tono de desencanto afirma: “El proceso revolucionario está pésimo (y) es rara la vez que el Presidente me oye”. Adiciona algo importante: “Estamos cambiando un internacionalismo, que es la característica de las revoluciones, por un nacionalismo pequeño burgués que no representa las expectativas de la sociedad”. La revolución bolivariana según Müller se ha empequeñecido.

Mientras tanto…

Todo lo anterior es análisis. El domingo pasado “Los morochos Gómez fueron secuestrados en la madrugada del domingo en el sector Sierra Maestra y horas después sus cadáveres fueron localizados frente al bloque 30 de la parroquia 23 de Enero. Las víctimas, activistas de un “colectivo” y militantes del PSUV, recibieron disparos en la cabeza… entre la tarde del viernes y la mañana del domingo se habían reportado siete asesinatos en el 23 de Enero, atribuidos por Cicpc a rivalidades entre grupos con actividades irregulares de la parroquia. La vendetta comenzó hace 15 días”. Otra noticia: “Sicarios matan a tiros a un sindicalista y dejan heridos a dos en Valencia. Era secretario de Reclamos del sindicato de la empresa Sidetur… acción ejecutada por sicarios… ” Desencanto arriba y tragedia abajo. ¿Hasta cuándo?

 
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