LA HORA DE VENCER EL MIEDO

JESÚS HERAS – Para aquellos gobiernos que nacen de la fuerza o ven perder su sustentación popular, la represión ha sido un recurso ideal para generar el miedo. Por esa vía buscan abatir el ánimo de los opositores.

De allí que históricamente la lucha contra los gobiernos de fuerza haya sido al mismo tiempo una lucha contra el Miedo. El politólogo Corey Robin en su obra “El Miedo” (Historia de una idea política) pasa revista a la utilización del miedo apelando a las investigaciones de filósofos políticos como Thomas Hobbes, Montesquieu, Alexis de Tocqueville y Hannah Arendt. Por razones de época, es Arendt quien profundiza en la fisiología de los totalitarismos del siglo XX. Su aporte conceptual enriquece reflexiones literarias sobre el tema como las que George Orwell deja magistralmente resueltas en su novela, “1984”.

“La tentación totalitaria” de gobiernos, incluso de gobiernos democráticos – como lo advertía Jean-François Revel- suele revestirse de formas sutiles y, en muchos casos inaprensibles en una primera lectura, pero surten los mismos efectos: el temor, la inhibición, la paralización o el miedo a secas. No es un asunto de cobardía o pérdida de coraje del ciudadano. Se trata de un fenómeno mucho más complejo capaz de crear una atmósfera, un clima y una sensación colectiva que debilita los reflejos naturales de la sociedad.

La resaca

Por supuesto, (y ésta es la gran lección de los últimos años del siglo XX), que en algún momento se genera una reacción en contrario que puede convertir al miedo inhibitorio, como resaca de mar, en una poderosa fuerza de rechazo, capaz de obliterarlo. La vejez del comunismo soviético y la de sus satélites europeos condujo a la caída del sistema sin desencadenar la violencia ni el caos que suelen ser aliados del miedo. Ahora mismo, el desenlace de la situación cubana parece signado por un proceso similar. En el fondo de estas transiciones juega también el miedo: el miedo al abismo, el temor al ejercicio impredecible de la violencia o a desarrollos políticos incontrolables.

Las viejas dictaduras venezolanas adormecieron al país con el miedo. Juan Vicente Gómez gobernó una nación fatigada por décadas de sublevaciones de caudillos contumaces. La dictadura de Pérez Jiménez, apelando a métodos más modernos, convirtió a la Seguridad Nacional, su policía nacional, en un muro represivo de contención entre la población y el poder. Es interesante al efecto acotar que, al desaparecer la dictadura, Acción Democrática lanzó la consigna “Contra el Miedo” para afrontar las reservas existentes a una segunda presidencia de Rómulo Betancourt. En este caso, más allá de su valor electoral, la frase con su innegable poder simbólico, tuvo el merito de estimular la participación de los electores, contribuyendo a allanar la victoria  del jefe adeco y a la consolidación posterior de su gobierno.

El silencio chavista

El régimen chavista ha recurrido a la generación del miedo en todas las formas posibles. Con ese fin combina la personalidad autoritaria de Chávez con la dinámica propia del modelo que se trata de imponer. Una concentración de poder como la actual para el uso discrecional de un solo hombre, se traduce inevitablemente en un cuadro de intimidación. Pero además, ¿Cuál fue el sentido del “apartheid civil” consagrado con las listas Tascón y Maisanta? ¿A qué ha obedecido la naturaleza punitiva de las leyes decretadas por el mecanismo habilitante o sancionadas por la mayoría sumisa de la Asamblea Nacional? ¿Qué se procura con las sentencias del TSJ con destinatarios políticos previamente estigmatizados? ¿Qué sentido tiene la estrategia de la “hegemonía comunicacional” o la militarización de la vida nacional? ¿Por qué se ha promovido una política internacional que busca aliados en gobiernos tiránicos, enemigos todos del respeto de los derechos humanos? ¿Acaso son inocentes las expresiones de violencia introducidas en los discursos presidenciales?

Aun así, los resortes de la madeja represiva venezolana han comenzado a dar signos de aflojamiento. Primero, fueron los estudiantes con sus masivas protestas pacificas callejeras, iniciadas tras el cierre de RCTV; luego la derrota electoral sufrida por el gobierno en el Referéndum Constitucional de 2007; finalmente, la huelga de hambre que ni siquiera la cárcel impuesta a uno de sus líderes, Julio Cesar Rivas, entrevistado recientemente por esta semanario, pudo desmontar…  Y ahora comienzan a aparecer las deserciones internas y el desafío, como es el caso del gobernador del estado Lara, Henri Falcón, y la renuncia igualmente emblemática del General Müller Rojas, seguramente más dolorosa para los auténticos revolucionarios porque nace de la desilusión y del hastío.

Estudiantes realizan huelga de hambre que llevaría a su viaje a Washington y conduciría a la primera declaración del Secretario General de la OEA, José Miguel Isulza sobre la realidad de los derechos humanos en Venezuela.

Un temor cerval

Es ante estos hechos – y el desmoronamiento acelerado de la popularidad del Presidente – que se comprende el arribo de Ramiro Valdez; el anuncio rimbombante de las Milicias Campesinas; y más recientemente el caso de Oswaldo Álvarez Paz, un ciudadano común, pero de larga y distinguida trayectoria, sometido a prisión sin condena por el supuesto delito de opinar.

En un plano internacional, el arribo del Primer Ministro ruso y antiguo jerarca de la KGB, Vladimir Putin, nace de un mismo hecho, del temor cerval de un gobierno que, habiendo perdido gran parte de su anclaje popular – y casi toda credibilidad internacional- busca dar sensación de una fuerza que ya no tiene hacia adentro infundir temor. Diría  un desprevenido que son estertores que anuncian la muerte de un sueño irrealizado.

Hace algunas semanas nos referimos en nuestro editorial a la fábula de Hans Christian Anderson “El Rey está desnudo”. Allí, fue sólo tras el comentario de un niño inocente que al no sentir temor alguno se atrevió a decir que el Rey desfilaba desnudo, que los ciudadanos perdieron el miedo, la risa se convirtió en burla y la tiranía sucumbió.

Algo similar, pero extraído de la historia contemporánea, fue la desaparición de dictador Serbio, Slobodan Milosevic, cuando jóvenes universitarios en acción pacífica concertada le hicieron frente, llevando a la población a perder el miedo y derrumbar con su presencia en las calles, su reino de terror.

Hay jóvenes venezolanos entrenados para este tipo de lucha y de allí – el temor que se les tiene- y los triunfos que han obtenido.

El país anda mal. Sometidos a condiciones insoportables de inseguridad y a condiciones extremas de abandono de los servicios públicos, acosados por el desempleo, la escasez y el elevado costo de la vida, el abismo que amenaza al ciudadano se agiganta ante las amenazas de un gobierno que muestra crecientes signos de debilidad. Transitamos por un estrecho sendero entre dos acantilados. ¿Qué precipicio escoger?

Las elecciones de septiembre para elegir una nueva Asamblea Nacional son importantes, pero sólo como etapa de un proceso dirigido a retomar el camino perdido. Esa contienda la habrá pero su resultado, no importa cuántas curules se ganen, será intrascendente si lo demás sigue igual.

No es cuestión de tendencias políticas o preferencias. El pueblo democrático es mucho más ancho que aquel segmento que nos quiere secuestrar el futuro.

Para el pueblo venezolano, llegó la hora de vencer el Miedo.

 
Jesús HerasNo photo
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