Un capítulo de Alexis de Tocqueville

SIMÓN ALBERTO CONSALVI

(A Oswaldo Álvarez Paz, tras las rejas.)

Simón Alberto Consalvi

“Donde no hay libertad, allí está mi patria” Thomas Paine

Regresar a las páginas de La Democracia en América resulta siempre un ejercicio esclarecedor. Me detengo en uno de sus capítulos: “La libertad de prensa en los Estados Unidos”. El primer periódico que Alexis de Tocqueville leyó al llegar en 1831 a Estados Unidos se llamaba Vicenne’s Gazette y sus ataques contra el presidente Andrew Jackson eran de tal naturaleza que el viajero francés consideró necesario registrarlos como una característica de la democracia norteamericana “Donde no hay libertad, allí está mi patria”

Alexis de Tocqueville

Registró este ejemplo: “En todo este asunto, el lenguaje de Jackson (el Presidente) ha sido el de un déspota sin corazón, preocupado únicamente por conservar su poder. La ambición es su crimen, y en ella encontrará su castigo. Tiene por vocación la intriga y la intriga confundirá sus designios y le arrancará su poder. Gobierna por la corrupción, y sus maniobras culpables tenderán a su confusión y a su vergüenza. Se ha mostrado en la arena política como un jugador sin pudor y sin freno. Ha triunfado; pero la hora de la justicia se acerca. Bien pronto le será preciso devolver lo que ha ganado, arrojar lejos de sí su dado engañador, y acabar en algún retiro donde pueda blasfemar en libertad contra su locura, porque el arrepentimiento no es una virtud que haya sido permitido a su corazón conocer jamás”.

La cuestión impresionó al agudo observador de la sociedad norteamericana, y lo llevó a escribir una sentencia que se ha repetido con diferentes propósitos a lo largo de 170 y tantos años, y la cual reza: “Confieso que no profeso a la libertad de prensa ese amor completo e instantáneo que se otorga a las cosas soberanamente buenas por su naturaleza. La quiero por consideración a los males que impide, más que a los bienes que realiza”.

El episodio del ataque al presidente Jackson y la reflexión del escritor francés pueden ser útiles para entender la complejidad de las relaciones entre democracia y medios de comunicación social.

Una prensa agresiva

Es difícil encontrar un país de instituciones más fuertes que Estados Unidos y es dudoso también descubrir un país donde la prensa sea más independiente y, al propio tiempo, más agresiva. Tal vez no se ha dado un presidente que no haya sido sometido a tratamiento similar al de Jackson, desde George Washington hasta Barack Obama. Parece como si este cuestionamiento brutal, y a veces, laborioso de entender, formara parte de un interés común: el de mantener al poder en jaque, y no permitir que sus vastos recursos puedan afectar los privilegios de la sociedad abierta. En un país en donde la gran prensa jamás cuestiona la esencia del sistema y en donde hay un apego universal a la Constitución, las discrepancias se orientan hacia otros aspectos: a las políticas circunstanciales o a las personalidades de los presidentes o de los protagonistas, en general, de la vida pública.

Tocqueville comparó estos periódicos con los franceses, también agresivos, pero a su juicio, más doctrinarios, más preocupados por el análisis de cuestiones de fondo, en tanto los norteamericanos estaban cargados de ofuscación como ésta contra Jackson, quien fue todo, menos un jugador de dadossin pudor y sin freno”.

No es lo que aporta sino lo que evita

Para buscar el equilibrio entre democracia y medios de comunicación, Tocqueville se planteó la hipótesis de la destrucción de la libertad. Su conclusión fue esta: “Pero, ¿dónde habéis llegado? Habéis partido de los abusos de la libertad, y os hallo bajo la bota de un déspota”. Trató así de resolver el delicado balance de las cosas que impide y los bienes que promete. Si Tocqueville fue singularmente sagaz al predecir la contienda bipolar entre Estados Unidos y la Unión Soviética, no podía imaginar la revolución de la era de la información del siglo XXI. Tampoco anticipó lo que serían los totalitarismos del siglo XX, pero mostró inquietud, en todo caso, por ciertas tendencias tiránicas de las mayorías.

Si el regreso al capítulo de Alexis de Tocqueville puede ser punto referencial para comprender las relaciones entre democracia y libertad de expresión, no menos útil será al examinar el comportamiento de las dictaduras y de las autocracias. Si la libertad de pensamiento es la piedra de toque de la democracia, también lo es de los despotismos. Andrew Jackson fue un presidente inteligente y honesto, y tuvo fuerza para resistir los embates de sus adversarios. Porque pertenecen al mundo de las sombras, la libertad de expresión es incompatible con los dictadores y los autócratas. Todo lo que hacen es inconfesable, y tienen pies de barro.

La información es el fenómeno más extraordinario de la era contemporánea, dominará el siglo XXI, y le conferirá características de tal naturaleza que las sociedades, sus creencias, sus costumbres, sus relaciones políticas, pueden adoptar modalidades no imaginadas.

Un mundo en donde los despotismos estarán como el pez fuera del agua.

 
Top