CAMPAÑA CONTRA LA IGLESIA CATÓLICA

Alfredo Fermín

Alfredo Fermín

Llama la atención el escándalo promovido desde Europa y Estados Unidos, donde lo más importante no es la fe sino el poder económico, en contra de la Iglesia Católica por abusos sexuales contra niños. Desde el punto de vista periodístico, las denuncias son “un lomito” noticioso porque salpican hasta al Papa Benedicto XVI, del cual uno de sus hermanos es señalado de haber maltratado a jóvenes en el coro que dirigía. También se le recrimina que el Vaticano no sancionó a un sacerdote que abusó con niños sordomudos hace más de 20 años en Estados Unidos.

Papa Benedicto XVI

Cualquier agresión a los niños es inaceptable y repudiable en toda sociedad. Lo que llama la atención es la magnitud del escándalo sólo con la Iglesia Católica, cuando otras religiones, que por el poder económico y político están dominando al mundo, no se les recriminan porque, por presunta orden divina, los incrédulos, los que tienen preferencias sexuales diferentes y las mujeres adúlteras deben ser condenadas a la horca, enterradas vivas o apedreadas hasta morir. Esto sucede diariamente, en países que no profesan la religión católica sin que constituya motivo noticioso en los grandes medios de comunicación.

El énfasis que se está poniendo evidencia que, detrás de esta campaña, más que el repudio a actos que lesionan la dignidad humana existen intereses poderosos que procuran desautorizar el poder moral y doctrinal de la Iglesia Católica para justificar los actos criminales y de barbarie que se continúan cometiendo para imponer ideologías, en nombre de un dios que, presuntamente castiga con la muerte a quienes no se someten a la esclavitud que dictan sus libros sagrados, según lo interpretan sus sumos sacerdotes que ejercen la teocracia.

En manos de Cristo

El Vaticano

Esta situación obliga al Vaticano a dar una respuesta contundente a sus feligreses. No fingir como si no hubiera pasado nada. Por esto, en Internet, ha tenido tanta trascendencia la homilía que pronunció el sacerdote franciscano P. Roger J. Landry en la parroquia del Espíritu Santo en Falls River, Estados Unidos.

El padre argumenta que “los sacerdotes son elegidos por Dios de entre los hombres y son tentados como cualquier ser humano y caen en pecado como cualquier ser humano. Pero Dios lo sabía desde el principio. Once de los primeros doce apóstoles se dispersaron cuando Cristo fue arrestado, pero regresaron. Uno de los doce, traicionó al Señor y tristemente no regresó. Dios ha hecho los sacramentos esencialmente a prueba de los sacerdotes. Esto es en términos de santidad personal. No importa cuan santos éstos sean o cuán malvados, siempre y cuando tengan la intención de hacer lo que ordena la Iglesia.

Para Landry, el actual escándalo es como un perchero del cual algunos tratan de justificar su falta de fe por lo cual afirma que “estas personas necesitan encontrar una razón para no tener fe, para tener esperanza y responder con amor al amor de Dios”.

Cuenta el sacerdote que el emperador Napoleón Bonaparte dijo que destruiría a la Iglesia y el cardenal Consalvi le respondió: “No, no podrá. Ni siquiera nosotros hemos podido hacerlo”.

“Si los malos papas, los sacerdotes infieles y miles de pecadores en la Iglesia no han tenido éxito en destruirla desde su interior -le estaba diciendo implícitamente al general- ¿cómo cree usted que va a poder hacerlo? El cardenal apuntaba a una verdad crucial. Cristo nunca permitirá que su Iglesia fracase” dice, resumiendo su homilía, el padre Landry.

Un manto real

Y es cierto, la Iglesia Católica, en momentos de dificultades, siempre encuentra soluciones acertadas. En estos días aquí en Valencia había la preocupación en la junta directiva de la Cofradía de Nuestra Señora del Socorro, que preside Marina Giménez de Bencomo, porque, para el centenario de la coronación canónica de la imagen, no había recursos para comprarle un nuevo manto, pues el mejor que tiene está “ruyío” de tanto uso desde 1955.

Ese manto de terciopelo con bordados de hilos dorados, perlas y pasamanería cuesta miles de dólares en Sevilla, donde hay talleres especializados. Evidentemente que no había plata para un gasto tan grande. De repente surgió la idea de comprar los materiales en Nueva York para que el manto fuera bordado, aquí en Valencia, por manos expertas. Como sede del taller fue escogida la casa de la estimadísima familia Quintero, en San Blas. Don Felipe hizo el diseño del manto que mide 3,50 por 4 metros, de acuerdo con cálculos del experto Leopoldo Fadul; y su hermana Teresita se encargó de dirigir los bordados.

La confección de este manto se ha convertido en un acontecimiento porque, así como en 1910 cuando las damas de Valencia donaron sus joyas para que la Casa Cartier, de París, confeccionara la corona, ahora las descendientes de aquellas buenas mujeres se están encargando de bordar el magnífico manto que la Virgen lucirá el 13 de noviembre, cuando serán celebrados los cien años de la coronación canónica.

En las tarde, menos el jueves, de 2,30 a 7 de la noche, damas de todos los sectores de la ciudad, con conocimientos de bordados, van a la casa de los Quintero a participar en esta convivencia en la que se reviven viejos tiempos del Colegio de Lourdes. Cada jornada es dedicada a la Virgen con una petición. Mientras bordan, Teresita y Alecia Castillo tocan el piano, las otras cantan y se ofrece un refrigerio. Todo el mundo está encantado con esta tarea, por lo cual está previsto que el manto estará listo mucho antes de lo que se esperaba, en una demostración de que ante las dificultades la Iglesia se crece y sale victoriosa.

@ el-carabobeño

 
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