El mundo de la perfección

Luis Cisneros Cróquer

Tiempo Confidencial
Luis Cisneros Cróquer.-

Ese ansiado mundo no es posible alcanzarlo sino mediante las modificaciones favorables y en el tránsito hay que conciliarse con uno mismo, y aceptar muchas veces que, por no haber alcanzado la perfección deseada, por lo menos se ha intentado y eso naturalmente tiene un gran valor. Como seres humanos no estamos exentos de desviaciones, errores, equivocaciones que, en ocasiones, podemos corregir.

Pero a veces son tantos los errores en que se incurre como producto de sueños y atrasadas lecturas, que en la Venezuela de hoy pareciera ser tarde para regresar a la cordura. Medida tras medida, leyes  y decretos dictados en la oscuridad de la noche, nos llevan al abismo. Personalmente no creo que eso se pueda evitar y lo menos que podemos pensar hacia el futuro es en la restauración del país, partiendo de la sima, y avanzando lentamente mediante grandes sacrificios. Parodiando frases y momentos ya reconocidos nos acercaríamos al espejo de la ciudad de Londres bombardeada por la Alemania de Hitler, en el momento en cual asume el Almirantazgo Winston Churchill.

Vale decir que nos esperan tiempos de borrascas, en los que se derramará mucha sangre, más de la que hasta ahora se contabiliza, debido por supuesto a la posesión de armamento en manos de alocados contingentes que apoyan al régimen. Amén, como se ha denunciado, de la presencia de activistas y militares de otros países. Ni con una supuesta intervención de la fuerza militar organizada, será posible detener esa orgía y será de aplicación en mucho tiempo, la receta apropiada.

Y así en medio de tales perspectivas se alejan las soluciones pacíficas, envueltas en derechos cívicos consagrados y en honor a la paz y a la convivencia. Cuando se dio el golpe del 18 de octubre del año 45 hubo fuerte resistencia del régimen medinista y pudo haberse provocado una mayor cantidad de víctimas de no  haber sido por la postura del propio Presidente. Pero estábamos ante otro tipo de persona, aunque proviniera de las filas gomecistas.

Siempre me ha alegrado la democracia, pues me formé en ella y he visto hacerse realidad mis sueños y los de muchos que como yo avanzamos desde lo más hondo de la sociedad, escalando posiciones, pero estas realidades, este sonar de las puertas para llevarse a la cárcel al que ha opinado, este inventar delitos y hechos en que ninguna persona ha incurrido, ese golpetear incesante contra la Constitución, no presagia paz alguna; estamos ya en medio de una guerra civil no declarada, verificable en la montaña de muertos que no tiene espacio suficiente en las morgues del país y provocan ríos de lágrimas y latigazos de dolor a la familia venezolana.

Hay que unirse ante la posibilidad de que a todos nos toque, como cuando la bota de la

SS revisaba los edificios y se los llevaba uno a uno en la era hitleriana, sin importar credos o color, hasta que no quedó nadie y la muerte triunfó frente al silencio de quienes se habían equivocado.

 
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