MEMORIA Y RECONCILIACIÓN…

JONATHAN HUMPIERRES

Papa Juan Pablo II

La comunión espiritual establece un eje excesivamente privado, la religiosidad, a mi juicio, no es una fórmula exacta; es un manto propio, difuminado en múltiples variables que están tuteladas por la estructura educacional, cultural y hasta psíquica de cada quien.

Soy un hombre de creencia firme, acentúo la existencia de mi Dios en cada mínima expresión del Universo, renuevo cada mañana mi pacto sacro con el Creador bajo mi propia convicción y necesidad. En mi caso no requiero intermediario, ni método alguno.

No pretendo en ningún momento formular críticas en el ámbito espiritual de cada una de las religiones, por la razón manifestada en líneas anteriores, la religión es un acto íntimo, es un derecho propio invulnerable que no permite juicio ni valoración ajena.

Con este preámbulo busco blindar el ámbito religioso para sentirme con libertad plena, moral y jurídica para expresar categóricamente mi indignación frente a los nuevos escándalos sexuales que sacuden a un sector de la Iglesia católica, y digo nuevos porque no es la primera vez que suceden  estos acontecimientos dentro de la Iglesia.

Leer los casos de pedofilia  ejercida por  parte de algunos  sacerdotes que utilizan su investidura para manipular a través de la culpa a niños y adolescentes, abusando sexualmente de ellos, es un acto delictivo  con alevosía extrema, que debe sancionarse con  firmeza jurídica contundente. No es el clero ni su estructura cómplice en muchas ocasiones quien tiene la facultad en este caso de un juicio, es la justicia criminal ordinaria la que debe sancionar y desenmascarar a estos degenerados.

La Iglesia no puede una vez más, bajo ninguna excusa, tapar este  bochornoso escándalo. El Papa Benedicto XVI, como autoridad y jerarca máximo del Vaticano  tiene la obligación de un pronunciamiento claro y de asumir con coraje la responsabilidad que como Jefe de Estado le corresponde.

Papa Benedicto XVI

Las instituciones religiosas están al servicio del hombre; su ejercicio se extiende mas allá del desarrollo espiritual, son formadores de conciencia para una verdadera convivencia social y ciudadana. Cuando la religión roza los fanatismos extremos y se transforma en un pulso manipulador, pierde su valoración real para convertirse en una túnica corrosiva que sólo procura la ejecución de los principios fundamentales del ser humano.

Las religiones están  en la necesidad estricta y urgente de una revisión a fondo que pueda tener coherencia y esté a tono con el mundo veloz y feroz en el que estamos inmersos; deben renovarse y abrirse a la reconstrucción  del nuevo pensamiento universal.

Quisiera en estas líneas finales resaltar, a mi entender, al más glorioso Papa, JUAN PABLO II, un hombre que con ejemplo de dignidad, trabajo y pluralismo llevó a cada rincón del planeta la verdadera palabra de DIOS, que no es otra que el compromiso de servir al corazón del hombre a través del amor.

Este memorable pontífice tuvo el coraje, la moral y la humildad de pedir perdón por los errores históricos de la Iglesia católica, un verdadero ejemplo de valor.

Aquí expongo algunas de sus reflexiones “MEMORIA Y RECONCILIACIÓN”:

Sobre la Inquisición: en 1982 Juan Pablo II se refirió a los “errores de exceso” y en varias ocasiones ha condenado el uso de “la intolerancia y hasta la violencia en el servicio de la verdad” de los inquisidores.

Sobre el Holocausto: en 1997 expresó su pesar por las conciencias adormecidas de algunos cristianos durante el Nazismo y la inadecuada “resistencia espiritual” de otros grupos ante la persecución de los judíos. En 1998 el Vaticano publicó un documento sobre el Shoah, palabra hebrea usada para el Holocausto, expresando pesar por los mismos problemas morales.

Sobre las Cruzadas: caracterizó las expediciones armadas como errores. Alabó el celo de los cruzados medievales pero afirmó que ahora debíamos “dar gracias a Dios” por el diálogo y no recurrir a las armas.

Sobre los pueblos nativos: en 1985 pidió disculpas a los africanos por la forma en la que fueron tratados en los siglos recientes. En Estados Unidos en 1984 pidió perdón por los excesos de los misioneros y en 1987 reconoció que los cristianos estuvieron entre los que destruyeron la forma de vida de la población aborigen.

Sobre el ecumenismo: el Papa ha hablado en varias ocasiones del perdón mutuo entre las iglesias cristianas separadas. En 1995, pidió disculpas “en nombre de todos los católicos, por los errores ante los no católicos a lo largo de la historia”.

Sobre las mujeres: en una carta de 1995 que examinó brevemente la discriminación histórica de las mujeres, el Papa afirmó que dentro de los responsables se encontraban “no pocos miembros de la Iglesia”, algo que lamentaba profundamente.

El Papa tuvo similares pronunciamientos sobre la esclavitud y el racismo, la cercanía con el poder político dictatorial, y hacia teorías científicas como las de Galileo, que fue condenado por decir que la Tierra giraba alrededor del sol.

 
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