Putin, el vendedor de ilusiones

ORLANDO OCHOA TERÁN
o.ochoa@att.net

Después que el presidente Chávez cumpliera más de una media docena de humildes peregrinaciones al Kremlin, adquiriera $5.000 millones en armas y entregara una enorme tajada petrolera de la Faja del Orinoco, el primer ministro Putin se digna reciprocar tanta perseverancia y generosidad con unas horas de visita en Caracas. ¿Por qué ahora? La crisis de la industria militar rusa y otros $5.000 millones de razones pudieran ser la respuesta.

Se podría decir sin exagerar que la diplomacia bolivariana es un caso singular en la historia de las relaciones entre estados. Desde que Asiria, Babilonia, Egipto y Grecia registraron los primeros intercambios con sutiles o subyacentes mensajes, no se conocía un léxico como el que caracteriza al gobierno de Hugo Chavez.

En este marco histórico resaltan además las relaciones con Cuba. Venezuela, un país con una historia plena de heroicidades, con un establecimiento militar que se solía proclamar “forjador de libertades”, financia a una pequeña isla comunista del Caribe, de menor tamaño y población, más pobre y más atrasada, para que ocupe e infiltre sus propias instituciones.

De alcance histórico es igualmente la relación con Rusia en la cual se prescinde la aplicación del principio de reciprocidad que, como se sabe, es la esencia de la práctica diplomática universal. En el ejercicio de este principio los estados confieren y derivan derechos o ventajas que omitidos causan perjuicios al interés nacional.

En este contexto luce humillante que después de las innumerables peregrinaciones del presidente Chávez al Kremlin, que resultaron en adquisiciones por cerca de $5.000 millones, una enorme tajada petrolera y la Orden del Libertador, la reciprocidad del moderno zar sea el mendrugo diplomático de unas horas de visita a Caracas. No obstante fueron suficientes para que en el colmo de un nerviosismo casi adolescente, el jefe del Estado prometiera doblar las adquisiciones anteriores.

La ferretería rusa.

Durante la era soviética la industria militar representó el 20% del PIB. El año pasado fue sólo 4.28%. Gracias a los precios petroleros Putin pudo vender una ilusión de poderío que la crisis financiera y la corrupción se han encargado de disipar. El 2008 Rusia vendió $3.5 millardos en armas comparado con los $10.8 millardos vendidos en 2007. Pese a que en estos dos años las ventas mundiales de armas permanecieron estables las rusas disminuyeron más del 25%.

En la era soviética, sostiene el experto Dmitri Ternio, la autosuficiencia militar era “una vaca sagrada”. Desde un tornillo a una bala se fabricaban en Rusia. Este año, por primera vez, el gobierno ruso negocia con Francia 4 buques anfibios de asalto, clase Mistral. Aleksander Golts, un analista de defensa, sostiene que los diseños rusos datan de los 80 pero los aviones son nuevos en el sentido de que están relativamente recién construidos.

Como ejemplo señala el Sukhoi-35. La empresa del sector civil de los Sukhoi, fabricantes del Jet Regional Ruso, se debió asociar con Finemeccanica de Italia y asistirse de los diseños y mercadeo de la americana Boeing para sobrevivir.

Argelia devolvió recientemente un embarque completo de MIGs por defectos de fabricación. “¿Nos hemos olvidado como se hace la ferretería militar?” se preguntaba alarmada la parlamentaria comunista Svetlana Savitskaya.

¿Ecuación estratégica?

La supuesta “relación estratégica” entre Venezuela y Rusia no es tal. Golts la describe como “una movida populista que no significa amenaza alguna para EE UU”. Venezuela, además de servirle al juego geopolítico de Rusia, recibe intangibles que sólo tienen valor en la peculiarísima ilusión geopolítica bolivariana que proclama, sin pudor, que los adquiere para “disuadir” a EE UU de una supuesta invasión. Una premisa que provoca hilaridad en institutos de seguridad y defensa del mundo.

Lamentablemente esta demencial distorsión ha llegado muy lejos en su absurdidad. Entre 2005 y 2008, Venezuela (el único país del Hemisferio Occidental) figuraba a la cabeza de un grupo de países en desarrollo que tienen alguna justificación geopolítica para estas adquisiciones como Pakistán, Siria o Corea del Sur.

Por encima de Venezuela sólo estaban en la lista China, India, Arabia Saudí, Egipto, Israel y Taiwán.

Según Transparencia Internacional el tráfico de armas es el tercero de los negocios más corruptos del mundo.

Un verdadero estímulo. Los anuncios de nuevas adquisiciones llegan a Venezuela cuando están a punto de colapsar los sistemas de electricidad y agua junto al aparato productivo de la nación.

¿Cuándo llegará el día que la normalidad se aposente en este país surrealista?

 
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