Realismo heroico

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos

Las acciones de los disidentes cubanos dentro de la isla encajan dentro del concepto de “realismo heroico”, igual como encajaría dentro del modelo “políticamente correcto” una ayuda de la oposición venezolana a los huelguistas de hambre cubanos.

La situación de la dictadura cubana frente al movimiento no violento que ha osado enfrentársele, ilustra las jugarretas de la historia. Hoy miramos con irónica sonrisa a este Estado pretoriano, forjado para la guerra, para hacerle la guerra  a la democracia tanto al interior de Cuba como allende sus fronteras, mostrando su rostro más vulnerable, hasta   parecer patéticamente ridículo. ¿Qué puede hacer el férreo sistema castrista ante los disidentes que como única arma sólo poseen su cuerpo? Acusarlos de  vendidos, de asalariados del imperio, como lo hace Raúl Castro, es de una puerilidad ante la cual hasta los más incondicionales, los García Márquez, Saramago, Eduardo Galeano han guardado silencio. ¿Qué hacer ante  la manifestación silenciosa de Las Damas de  Blanco? Pese a los insultos, a las palizas, a los mítines de repudio, ellas prosiguen su acción. El rey ha quedado desnudo, al punto de quienes todavía le otorgaban legitimidad por aquello de enfrentarse al “imperio”, le han retirado su apoyo.

El día en que el Régimen se inmoló

Una lista de denuncia que agrupa miles de firmantes, intelectuales, artistas, profesionales, circula por el mundo denunciando al régimen como otrora se hizo con las dictaduras militares que azotaban al continente. El gobierno cubano ya ocupa el puesto que debe ser  el suyo: el de ser considerado como una dictadura, la peor que ha conocido  el continente. Ese Paso, así en mayúsculas, ha sido franqueado gracias al sacrificio de un humilde albañil, mulato, Orlando Zapata, que fue militante de la  Juventud Comunista, un día se convirtió en disidente y  en preso político, que sucumbió el 23 de febrero pasado, tras una huelga de hambre de 86 días, durante la cual sus carceleros le negaron el agua durante 18 días.

Fecha que seguramente pasará a l historia de Cuba al igual que la inmolación por el fuego del estudiante checo Jan Palach el 23 de enero de 1969 en la Plaza Wenceslao de Praga frente los tanques soviéticos que invadían  su país: punto de partida y acto fundacional de la democracia checa.

Guillermo Fariñas

La muerte de Orlando Zapata no fue un suicidio, pero si un acto consciente utilizando la única arma con la que contaba para llevar al régimen a negociar, por ello marcará un antes y un después en la historia de Cuba. La represión en Cuba es tan feroz y sutil, que sólo deja a la disidencia como opción al uso del cuerpo como instrumento de lucha y de negociación.

En Cuba desde los comienzos de 1959 surgió una oposición del seno mismo del movimiento que luchó contra la dictadura de Batista. Fue una oposición armada, violenta que continuó manifestándose a lo largo de los años y cuyo acto mayor fue la invasión  perpetrada por una brigada integrada por cubanos, apoyada por Estados Unidos en Playa Girón en abril 1961. Su derrota le otorgó legitimidad de la cual ha gozado el régimen hasta hace poco.

La situación ha cambiado con el surgimiento de una oposición no violenta y de grupos defensores de los derechos humanos que han decidido llevar a cabo su lucha dentro de la isla, demostrando una voluntad de decisión que ha ido agotando los ínfimos espacios que les deja la dictadura para hacer escuchar sus reivindicaciones, y que incluso ha puesto en jaque a la diplomacia  extranjera, España, la Unión Europea, los Carter y compañía, siempre prestos a sacarle las castañas del fuego al régimen, a los que no les ha quedado otra opción que expresar su solidaridad con los huelguistas y exigir al régimen un gesto humanitario.

El reto de Fariñas

En la actualidad, es el psicólogo, periodista independiente, ex militar, Guillermo Fariñas, también mulato, quien ha tomado la bandera de Orlando Zapata, con la diferencia de que no está preso. Fariñas solicita del  gobierno la liberación de los presos de conciencia que están en la lista de los enfermos, en muy malas condiciones de salud. El gobierno permanece rígido en su postura  de no dar una sola concesión. Por su lado Fariñas, que está lejos de ser un suicida, y que ya tiene  la experiencia de varias huelgas de hambre (22), maneja con destreza la que lleva a cabo en la actualidad. Acepta la hospitalización cuando está a punto del colapso, pero prosigue en su empeño.  Ha declinado tres veces las propuestas de salir al exilio. Incluso, los propios disidentes de la isla no han logrado convencerlo de ponerle fin a su huelga. Sabe perfectamente que el pulso que ha emprendido con el gobierno de Raúl Castro va mermando la credibilidad al régimen, deja al descubierto que las medidas de cambio y las ofertas de apertura hechas por Raúl Castro al haberle delegado su hermano el poder, no se han realizado; que el régimen persiste en permanecer en el inmovilismo más obtuso.  No le ha quedado otra opción que realizar una campaña para denigrar de Zapata y a Fariñas ante la opinión pública, acusándolos de mercenarios y de delincuentes comunes, como si los delincuentes comunes no tuvieran derechos al igual que cualquier ser humano.

Fariñas dirige una carta pública a Raúl Castro, en la que responde punto por punto a las alegaciones en su contra, y lo invita a que designe a alguno de sus seguidores, que se declare en huelga de hambre y de sed para “defender al sistema político usted representa, ojalá encuentre alguno”

Fariñas, que tiene 42 años, fue educado según, las normas establecidas por el régimen a partir de la toma del poder en 1959: la consigna de Patria o Muerte. Hoy Fariñas devuelve contra el régimen los principios que le inculcaron, no duda en declarar que está dispuesto a morir por la patria, porque según reza el himno nacional cubano “morir por la patria es vivir”.

Fariñas ilustra con su práctica de irreductible, al comulgar con la noción expuesta por Ernest Junger en su célebre obra El trabajador, en que la dureza del mundo implica una actitud de “heroísmo realista”, lo que no significa la negación del individuo, sino del hombre acorralado que expresa sus valores en la heroicidad.

Venezuela despierta

En 1958, tras la caída del gobierno del general Pérez Jiménez, ingresaron a Venezuela numerosos exiliados cubanos. Rápidamente se organizó una campaña de ayuda a la resistencia que luchaba en la isla contra  Batista. “Un bolívar para la Sierra Maestra” fue la consigna. Miles de bolívares fueron enviados a las guerrillas, como también un avión cargado de armas, enviado por el propio gobierno de Wolfang Larrazábal. Fue también en Venezuela en donde se firmó el “Pacto de Caracas” entre los grupos opositores cubanos, constituyéndose una “Junta de Unidad” o “Frente Cívico Revolucionario Democrático, plataforma del que hubiera debido ser el futuro gobierno cubano si Fidel Castro no lo hubiese torpedeado.

Cabe preguntarse por qué los sectores de la oposición venezolana no organizan una campaña semejante para ayudar a la disidencia interna cubana; además de ser políticamente correcto (aquí cabe bien la expresión), sería una manera de arrebatarle a la dictadura castrista el argumento de que los disidentes son mercenarios del “imperio” que reciban ayuda a Estados Unidos.

Mientras tanto, Hugo Chávez, siguiendo las directivas de Fidel Castro, compra adhesiones internacionales mediante los ingresos petroleros, prestándole ayuda financiera a los gobiernos que le son afines. Cabe preguntarse por qué los opositores al totalitarismo  castrista en América Latina, no toman iniciativas de solidaridad hacia la disidencia cubana.

 
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