El 19 de abril y el Sumo Sacerdote

ALFREDO FERMÍN –

Hay mucha gente que se angustia, más de lo que está, cada vez que el presidente Chávez visita a Cuba porque, al regreso, trae alguna disposición para penalizar a todos los que no comparten su forma de gobernar. La última que puso en práctica fue las guerrillas comunicacionales. Pero se esperan otras más alarmantes para mañana 19 de abril, que debieron ser analizadas el jueves, cuando el jefe del Estado pasó por La Habana, de regreso de Nicaragua.

Se comenta, con preocupación, que este 19 de abril el presidente Chávez podría anunciar cambios hasta en la denominación de Venezuela y la convocatoria a una nueva Asamblea Nacional Constituyente que, definitivamente, nos convertiría en república socialista. Cómo están las cosas eso y más se podría hacer porque el país está, como un cuerpo inerte que acepta hasta lo que le hace daño.

Se está reiventando la historia de Venezuela para inculcarle a la juventud que la gesta del presidente Chávez es un mandato mesiánico del Libertador Simón Bolívar. Ya no sólo se ha tergiversado lo ocurrido en abril de 2002 con el vacío de poder, luego de que el general Lucas Rincón anunció que el presidente Chávez renunció sino que se pretende hacer creer que lo sucedido el 19 de Abril de 1810 fue una gesta militar del pueblo cuando, en realidad, fue un movimiento fraguado por la oligarquía caraqueña para tomar el poder político, aprovechando que España estaba invadida por Napoleón y mantenía preso al rey Fernando VII.

No fueron los indios, ni los negros, ni gente del pueblo los que integraron el gobierno que se instaló en Caracas después que, aquél Jueves Santo pusieron preso al capitán general Vicente Emparan. Era la crema y nata de los grandes cacaos, los mantuanos, como le decían a los ricos, la que integró la junta de gobierno que de inmediato, y con acierto, comenzó la organización de la nueva república que se concretó en el primer congreso reunido en 1811, para declarar la independencia el 5 de julio de aquél año.

El primer golpe

La oligarquía criolla tenía mucho dinero por la explotación del cacao y del añil, que eran el petróleo de la época, pero no podía ocupar cargos en la administración pública ni siquiera religioso. Todos estos cargos estaban reservados a los nacidos en España, por lo cual, el 19 de Abril de 1819, se produjo el primer golpe de Estado en el país para tomar el poder político. Esa es una realidad histórica que no puede ser alterada con discursos retóricos que confunden, especialmente a los jóvenes, a los cuales no se les están impartiendo, con rigor, conocimientos sobre la historia venezolana.

El culto a Bolívar que pontifica el presidente Chávez no es nada nuevo. En el siglo XIX, Antonio Guzmán Blanco que gobernó a este país como le dio su gana, creía que él era un enviado de Bolívar y Juan Vicente Gómez afirmaba que su gobierno dictatorial era la concreción del sueño del Libertador, a pesar de que mantenía las cárceles abarrotadas de presos políticos, con grillos en los tobillos.

Bolívar no era así

El presidente Chávez insiste en que su proceso revolucionario da continuidad al sueño de Bolívar, pero olvida que El Libertador no promovió el odio entre los venezolanos, procuró siempre la reconciliación y la igualdad hasta en su última proclama y defendió la libertad de expresión, tan castigada por el gobierno revolucionario que está estrangulando a los medios de difusión, no sólo imponiéndole trabas para que circulen sino reivindicando el derecho de opinión, abolido en los países civilizados.

En la continuación de esa política el ministerio de Comunicación e Información ha impuesto las guerrillas comunicacionales con la finalidad de adiestrar a adolescentes de educación básica para que rechacen la información de los medios de comunicación independientes.

Algunos observadores políticos afirman que se trata de “un trapo rojo” del gobierno para distraer de la opinión pública problemas como el desabastecimiento, los apagones y la inseguridad. Pero el asunto parece que no es así de fácil, porque no hay dudas de que forma parte del adoctrinamiento y de la prédica constante del presidente Chávez que no desperdicia momento para arremeter en contra de los medios de comunicación nacionales e internacionales, que informan sobre desaciertos de su gestión de gobierno y denuncian cómo los poderes del estado están sometidos a una sola voluntad.

Misión odio

Esa misión es más peligrosa de lo que se cree, porque a esos muchachos los van a envenenar con ese odio tan efectivo proveniente del régimen de Cuba, que califica de gusanos, apátridas y disociados a quienes tienen la osadía de cometer el pecado mortal de dudar de la infalibilidad del presidente, tanto que muchos devotos afirman que primero está Chávez y después está Dios.

Según el credo que se le está inculcando a nuestros jóvenes, en este país no hay problemas de corrupción, la escasez de alimentos es un invento de la burguesía, la inseguridad es obra de los paramilitares enviados por el presidente de Colombia; el desempleo es de los flojos. “Eso fue durante los 40 años del Pacto de Punto Fijo. “Ahora no, vivimos bajo el imperio de la ley y de la transparencia”, según la vocería oficialista.

Son impíos y deben ir a la hoguera o incomunicados en el Helicoide de Caracas, quienes, por lo menos, duden de que la Asamblea Nacional, el Tribunal Supremo de Justicia, el Consejo Nacional Electoral y la Defensoría del Pueblo son instituciones libérrimas que no le hacen caso a las órdenes que da el Jefe del Ejecutivo. Ahora sí, el periodismo es una profesión de alto riesgo, por lo cual habrá que someterse a un entrenamiento intensivo y expresarse con sutilezas del lenguaje, para no ser sancionados por la inquisición reeditada en nuestro país con las guerrillas comunicacionales. Han comenzado tímidamente, pero se sospecha que, en el futuro, perseguirán, despojarán de equipos para hacer hogueras con ellos, apedrearán y hasta atentarán contra las vidas de los que duden de la infalibilidad del sumo sacerdote.

NOTA DE LA REDACCION. Como en otras ocasiones, ABC cede esta vez su espacio editorial a una columna que por su calidad y pertinencia lo merece. Casi siempre han sido columnas escritas especialmente para este Semanario, pero no es la primera vez que cedemos – como ahora- el espacio a una contribución aparecida en otro medio. En esta ocasión le corresponde al decano de los periodistas carabobeños, Alfredo Fermín. Esta columna apareció el pasado domingo en su crónica dominical del Diario El Carabobeño.

 
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