Entre gatos higiénicos y pajarracos heridos

La Pequeña Política
Espantapájaros

Avizor.uno@gmail.com

“Lo que por estar yo siempre en el mismo sitio,  no veo y otros ven, lo trato de compensar pensando en lo que otros, por andar de rama en rama, quizás no alcanzan a pensar.”

Escrito para gente inteligente

Pájaros y pajarracos amigos, les confieso que realmente me sentí pasmado al observar a través de mi pequeño televisor portátil, acá en el descampado, el acto descomunal organizado para celebrar el Bicentenario de aquel 19 de Abril que marcó el inicio de la gesta independentista.

Ver como aquel evento cívico de hace doscientos años, se convertía en motivo para una exhibición militar, sí, no un desfile, sino una exhibición militar, fue de por sí un acontecimiento. Sobre ese hecho se ha escrito mucho en los últimos días y en esta edición observo que se incluye como editorial una maravillosa crónica del Pájaro Fermín que aborda el tema. Allí, el decano del periodismo regional, explica con suma claridad la distancia que existe entre la naturaleza de aquel acontecimiento histórico, y la “historia” que intenta escribir Águila Uno -hoy trocado en Sumo Sacerdote- de los hechos que marcaron el inicio que tras once años de guerra, culminaría en la gloriosa Batalla de Carabobo, cuyo héroe fundamental, el General José Antonio Páez, ha sido execrado por el Sancto Sanctorum por haberse opuesto a los intereses colombianos,  tal como en la actualidad lo hace Águila Uno.

Un cuento Sur-Realista

Y es allí donde a mí todo comienza a tornárseme en algo surrealista, no porque venga del sur, que como veremos en verdad es así, sino porque se mueve en los espacios inéditos de un subconsciente, capaz de hacernos todo tipo de jugarreta. Veamos.

Que yo recuerde, José de San Martín no estuvo nunca en Venezuela, mucho menos en 1810. Para aquella fecha, San Martín integraba el Ejército Realista en Argentina, país que como Venezuela tuvo la dicha o desdicha, de no haber sido jamás un virreinato, e inquieto por los acontecimientos que ocurrían en España y especialmente en Venezuela, decidió unirse a la causa independentista, no sin antes viajar subrepticiamente a Londres,  para entrevistarse con Francisco de Miranda. Pero no lo pudo conocer.

Quien lo recibió, explicándole que Miranda había viajado a Venezuela a encontrarse con Bolívar, fue un intelectual para entonces desconocido, de nombre Andrés Bello, que como todos los próceres originales de la Independencia de Venezuela, a excepción del Precursor, era un civil.

Todo esto ocurre después de 1810, de manera que corrobora lo que antes dije, que José de San Martín, jamás conoció a Venezuela. Era demasiado lejos. De hecho, según lo poco o mucho que he leído, el encuentro entre Bolívar y San Martín finalmente ocurrió no recuerdo si en Quito o en Lima, creo que en Quito, y no culminó en nada, seguramente porque ambos se consideraban libertadores del Virreinato del Perú, cuando allí, realmente, San Martín había sido el Precursor y fue Bolívar quien culminó la tarea, aunque para los limeños no sea exactamente así.

Entre gauchos y gauchadas

Uds. se preguntarán a qué viene todo esto, pero ya les advertí que todo esto nació del viaje surrealista que emprendí al ver la exhibición militar, pero sobre todo al ver también por televisión, que era la Presidenta argentina, Cristina Kirchner, una líder civil sin duda, pero que nada tuvo que ver ni ella, ni sus antepasados ni su país -un país sin duda hermanado a nosotros por la lengua y la cultura y por los gauchos que al igual que los lanceros de Páez dominaron sus llanos- pero que nada, nadita tuvo que ver con la fecha que conmemorábamos.

De allí que la chispa criolla, que nunca falta, haya concluido que sólo podía haber una explicación: El Sumo Sacerdote quería expiar las culpas de su enviado, Antonini Wilson, que no sólo se dejó atrapar por una seductora oficial de Aduanas, con los billetes enviados para su campaña presidencial, sino que después sirvió de carnada para atrapar el resto de los conjurados, dejando claramente establecida la procedencia del dinero.

Entonces fíjense ustedes, mis queridos pájaros y pajarracos, ustedes que me ven a diario cuando yo los sorprendo con un traje más luminoso que el de Águila Uno, y además con mis cinco soles, fíjense, mis amigos, si esto se va enredando. Síganme con paciencia para tratar de explicarlo todo, si es que explicarlo puedo.

Porque para conmemorar una hazaña civil, se realiza una tremenda exhibición militar, primera contradicción, y siendo una fiesta patria, se designa como oradora de orden a una Presidenta civil, cierto, pero de un país extranjero. Segunda contradicción. Tanto más cuando la distinción no podía ser por hermandad con los gauchos, hermanos de los lanceros, porque su jefe, el General Páez había sido execrado por Águila Uno. Conclusión, Antonini Wilson fue el culpable.

Para ocultar la basurita

No él mismo claro, ni tampoco el maletín, ni siquiera la seductora mujer que osó abrírselo, sino por lo que lleva adentro, un pocotón de dinero, muchísimo más que aquellos que por querérselos hacer llegar a Violeta Chamorro, entonces Presidenta de su país, para cosas mucho más serias que una campaña electoral, llevó a los mismos adecos a derrocar, si, así mismo, a derrocar a Carlos Andrés Pérez, logrando por vía “legal” lo que quince meses antes había querido lograr Águila Uno, cuando se quedó agazapado en el Museo Militar, y luego pronunció su “por ahora”.

O sea que no sólo se conmemoró militarmente un acontecimiento civil y se cedió el discurso de orden a una extranjera, sino que se hizo, no lo digo yo, lo dice la gente, y lo recoge este Semanario en su página 3, no para honrar a la Argentina o al General San Martín, sino -pongámoslo en buen criollo- como un acto de desagravio y para expiar culpas propias, ocultando la basurita. Bien lo dijo en su entrevista la semana antepasada uno de los entrevistados, ya no recuerdo cual, al afirmar que el Régimen de Águila Uno actúa como los gatos, siempre escondiendo la porquería. Porquería que lo fue, cuando enjuiciaron a Carlos Andrés, porquería que hoy, claro, no existe, cuando es el Sumo Sacerdote quien oficia.

Qué tontos fueron los adecos. Tontos para sus adentros, porque fue por caníbales que desaparecieron, y ahora viven del recuerdo y no han podido gobernar más.

Pajarracos atormentados

Mientras esto ocurría, en Carabobo se sentía temor en el Comando del Pájaro Carpintero -y temor también en los predios de su mentor- el Pajarote Naranjero, temor a un carajito que en apenas un mes de campaña le pudiera arrebatar el triunfo en las primarias del Circuito 3, el circuito más codiciado porque quien gane allí, ya resultó electo.

Resulta que el Pájaro Carpintero rehusó el ofrecimiento que surgió de buscar un consenso en el Circuito y darle esa posición a una figura respetada de la Universidad, dejando la suplencia para un joven de destacada actuación en la lucha por los derechos humanos. La Universidad tampoco pudo ponerse de acuerdo en el candidato, de manera que uno no encuentra a quien culpar.

Pero lo cierto es que Proyecto Venezuela y una veintena de partidos y partiditos consideraron que la palabra empeñada con la juventud había que respetarla, y el muchacho ha salido bueno. Claro, allí juega también el apoyo que se le han dado porque no es fácil superar en cuatro semanas a quien lleva cuatro años en campaña. Además los recursos del Pájaro Carpintero son gigantescos y está dispuesto a cualquier cosa para ganar. Total que uno no sabe, pero la pajarita Marlene mostró unos números y afirma que ya un empate técnico existe, claro, yo no lo puedo asegurar porque encuestólogo no soy, yo sólo vigilo mis cosechas y dejo mi pensamiento volar, pero si es así, razón para temores tiene el Pájaro Carpintero y su socio el Naranjero. Porque incluso si gana por pequeña diferencia, será una derrota de la que difícilmente se podrá recuperar.

Aunque me visitó un letrado el otro día y me dijo que toda esa pelea era en vano. Que de todas todas el chamo las ganaría. ¿Por qué? pregunté. Porque de acuerdo a la Constitución, teniendo doble nacionalidad se puede ser alcalde, pero parlamentario no.

Impávido me quedé.

 
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