Gente que hace

REPIQUE

Mélida Qüenza Ponte

Reconforta ver gente que -en medio del agite colectivo – hace esfuerzos por dar cabida a actividades que llenan esos vacíos en hombres y mujeres de estos tiempos.

Uno de esos espacios alternativos que alza vuelo en Valencia es el Centro de Cultura Audiovisual que ha comenzado su programación con ciclos de cine todos los martes, con películas que siembran inquietudes y que son la mejor vía para comprender hechos y acciones de personajes que han marcado los grandes cambios políticos, culturales y sociales en el mundo. Es una manera muy especial de contribuir a la formación de una conciencia crítica, además, en forma gratuita.

El ciclo “Mujeres Luchadoras” incluyó a Manuelita Sáenz, de Diego Rísquez, Frida, naturaleza viva, de Paul Leduc, Camila, de María Luisa Bemberg y Libertarias, de Vicente Aranda. En el actual ciclo “Abril en Paz” se incluyen 11.09.01, con once documentales de directores de diferentes países sobre la destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York; Los Limoneros del israelí Eran Rikling, que retrata el conflicto palestino-israelí; Estado de Sitio de Costa Gavras, que narra una historia real, el secuestro de un agente de la CIA en Uruguay por parte de los guerrilleros Tupamaros y Salvador Allende, de Patricio Guzmán, un sentido homenaje al ex presidente chileno.

A la par de la agenda cinematográfica, el Centro de Cultura Audiovisual ofrece formación en múltiples áreas, como el dibujo y la pintura, con talleres para quienes se inician en estas tareas, sin distingo de edad, por lo que puede verse la satisfacción de alguien que en el tercer ciclo de su vida puede hacer realidad el sueño de dibujar con la alegría de un niño descubriendo un mundo nuevo.

El Centro de Cultura Audiovisual es la concreción de un proyecto del cineasta Edgar González, su director, quien con entusiasmo ha asumido como suya la responsabilidad de orientar a un grupo de personas con inquietudes sociales y culturales. Es un esfuerzo colectivo que nace en momento oportuno, cuando a veces la desesperanza e incertidumbre genera frustraciones al crear barreras para el desarrollo personal.

Esa es gente que hace, que suma cada día algo, que ha entendido que cada quien tiene una responsabilidad en la construcción de una sociedad diferente, diversa, incluyente, solidaria, y que no hay que esperar megaproyectos o inversiones millonarias para iniciar. Esa gente demuestra que el ser humano no tiene límites, que el espíritu de colaboración y participación son las mejores armas para ir a la batalla por lograr un pueblo, un país, una nación en la que las oportunidades estén al alcance de todos y el acceso a la formación sea cosa cotidiana.

 
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